Javier Blánquez es uno de los periodistas del mundo que más pilotan de “lo electrónico”. Ahora, quince años después de su aparición en el mercado, la editorial Reservoir Books reedita “Loops 1” -su mítico y descatalogado libro, que coordinó junto a Omar Morera- y publica “Loops 2”, una extensa segunda parte de esta “Biblia de la música electrónica” que abarca, a lo largo de casi setecientas páginas y a un precio más que razonable, lo sucedido y bailado en las lides de la música hecha con máquinas y aledaños, desde los albores del siglo XXI y hasta la actualidad.

Si quieres saber las razones por las que la música electrónica creció a una gran velocidad en el periodo que abarca “Loops 1” pero, a partir de los años noventa, ha experimentado un avance más lento, a pesar incluso del advenimiento de la frenética era digital -como se explica en “Loops 2”-; a partir de cuándo la electrónica se fue distanciando del futuro y empezó a mirar demasiado al pasado, infringiendo una de sus principales razones de ser; porque a pesar de que en los últimos años han surgido muchos nuevos estilos electrónicos -como por ejemplo el trap o la EDM- sigue siendo los de siempre -techno, house, ambient, dub, etcétera- los que siguen mandando e imperando a nivel masivo o cuál es la verdadera identidad de la música electrónica en pleno siglo XXI, no debes de dejarte engullir por estos dos nuevos “tochos” -con cerca de 1.400 páginas entre ambos- en los que Javier Blánquez (Barcelona, 1975) -desde un futuro que para nada es lo que se esperaba- nos ofrece, en negro sobre blanco, su autorizadísima opinión, escrita con adictiva maestría sobre esto y mucho más. Y sí amigos, la desmaterialización de la propia música electrónica es algo imprescindible e inherente para su propia supervivencia.

Javier, han pasado dieciséis años desde que publicaste “Loops 1”, ¿por qué precisamente sacar ahora esta reedición y “Loops 2”?
Partió la idea de la editorial, me contactaron para ello hace un tiempo porque hay un nuevo editor en Reservoir Books -Jaume Bonfill- que ha empezado a reeditar algunos libros que habían desaparecido de las tiendas y él tenía “Loops” apuntado para ello. Tras un tiempo buscándome me encontró y, tanto Omar León como yo, le dijimos que nos parecía una idea estupenda. Desde ese momento comenzó un proceso natural que nos llevó a una idea inicial de la actualización de “Loops 1” desde el 2000 hasta ahora, con la inclusión de un par de capítulos nuevos, pero yo le insistí y propuse que lo mejor era escribir un segundo volumen para de verdad completar aquella primera parte. A partir de ahí me dieron todas las facilidades posibles y pudimos llevarlo a cabo.

¿Se ha planteado ya, a nivel editorial, un “Loops 3”?
No, ellos no se lo han planteado y yo tampoco. Sobre todo, porque es muy pronto; para un “Loops 3” tendrían que pasar años. Lo que sí se podría plantear, aunque no se ha hablado es -que si el libro funciona, se vende muy bien y se sigue imprimiendo- completarlo con un apéndice que recoja lo que pase en los próximos años. Pero siempre eso dependerá de la propia vida del libro.

Antes nombrabas a Omar León, ¿por qué no está en esta segunda parte?
Omar está muy desvinculado del mundo musical. Ya el encargo original de “Loops 1” se lo tomó más como un favor personal que algo profesional. Una vez que terminamos el primer libro dio por cumplida su misión y no ha vuelto a entrar en este terreno. Eso sí, Omar ha estado informado de esto desde el primer momento, dio encantado los permisos pertinentes para la reedición de “Loops 1” y me dijo que confiaba plenamente en mí en lo que afectaba a lo nuevo. Omar no ha estado materialmente, pero sí en espíritu. Siempre ahí.

¿Realmente lo sucedido en la electrónica mundial en estos últimos quince años merecen un “tocho” de setecientas páginas mientras que lo anterior -que abarcaba casi un siglo- ocupa lo mismo?
A ver, el primer volumen de “Loops” tenían que haber sido dos en realidad, pero en el momento en el que se planteó en Reservoir Books -que en aquella época formaba parte de Mondadori- hubo muchas dudas, muy razonables, por parte de la gente de la editorial que teníamos por encima. Un libro así no se veía claro. Por incomprensión, es normal. Y el libro salió como pudo salir. De hecho, la propuesta original era un libro mucho más breve, no se atrevían a lanzar uno de quinientas páginas sobre una materia que no creían que podría tener tanto interés dentro de su propia estrategia de mercado de una editorial grande. Y nos costó mucho convencerlos. Si nos hubieran dejado, habríamos publicado un primer “Loops” dividido en dos volúmenes, algo en aquel momento completamente inviable. Llegados al 2017 lo que no queríamos era rescribir el primer libro y traicionar la obra original, lo que ansiábamos era volverlo a lanzar actualizado y mejorado. Pero vamos, lo normal es -teniendo en cuenta mí incontinencia verbal y todo lo que ha acontecido en estos últimos años- que hubiera ya en la calle tres “tochos” de “Loops”.

“Busqué que fuera un libro justo a la hora de recoger lo que ha pasado, aunque no fuera de mi gusto personal”

¿Cuánto de información -lo que es pura crónica- y de opinión hay en el segundo volumen de “Loops”?
Hay una mezcla de las dos cosas. Nunca quise que fuera un libro objetivo, tampoco que solamente recogiera datos y hechos; pero si busqué que fuera un libro justo a la hora de recoger lo que ha pasado, aunque no fuera de mi gusto personal. He intentado que sea objetivo -en cuanto a la selección de los acontecimientos- y subjetivo, desde mi propia interpretación personal de los mismos.

¿Y qué nivel de satisfacción te producen los nuevos apéndices con los que se complementa y amplía “Loops 1”?
Estoy muy satisfecho de ellos. Primero porque en la parte que afecta a la música electrónica en España hemos aportado, desde los años cincuenta, una visión integral, resumida y rápida que es buena materia de consulta, en la que yo he aprendido muchas cosas que no sabía y ha servido para hacer justicia a nombres olvidados que han sido claves en este desarrollo. Al capítulo que afecta a las máquinas -que firma Marc Piñol- yo le tenía muchas ganas, desde ya el primer “Loops 1”, y estoy muy satisfecho del desarrollo del mismo. Es para público más especializado y es un regalo final para los lectores más avanzados.

¿Y sobre ese pedazo de epílogo -luminoso y amoroso- de “Loops 2” que firma Ewan Pearson?
Respecto al epílogo de Ewan Pearson yo era consciente de que al texto del libro le faltaba una dimensión social -y hasta política- y él lo ha aportado desde la necesaria brevedad y una visión optimista -es como una carta de amor al clubbing- que parte de la idea de la unión que provoca la música electrónica en la gente. Es un epílogo muy bonito, no es tan canónico como el prólogo de Simon Reynolds en “Loops 1” -que es una barbaridad, insuperable- pero le da un toque cariñoso y necesario a la escena que precisa de afectos y que incide en la idea de que el clubbing estará siempre ahí, incluso en los peores momentos, para acoger a los que no se sientan correspondidos en la sociedad.

Cuando uno se sumerge en un asunto editorial y periodístico de este gran calibre siempre suele tener la sensación de no haber llegado hasta el final, de que se le han quedado cosas fuera…
Sí claro, por supuesto que se quedan cosas fuera. En broma le decía al editor que, si me dejaba suelto y me daba algo más de tiempo, le entrega un libro que en vez de setecientas tuviera mil trescientas páginas y me dijo “cuidado lo que sueñas que igual se convierte en realidad”. El libro podría haberse estirado hasta lo imposible, se podría haberse hinchado e hipertrofiado -con más biografías, discografías, etcétera- hasta convertirse en una enciclopedia caprichosa y yo lo considero más como una puerta de entrada a una información organizada, sobre un mundo complejo, para consulta útil y manejable. Creo que está en el límite justo. Libros tan gordos, de más de seiscientas páginas, son hasta difíciles de colocar en las tiendas, son un problema hasta como objeto peligroso. Hemos apurado hasta el máximo que el formato libro nos permitía.

Lo que afecta a lo sucedido en la electrónica nacional, desde la Ruta del Bakalao y hasta la actualidad, abarca únicamente una decena de páginas. Ha quedado como un apéndice sin mucha profundidad, relevancia o potencia… ¿realmente piensas que no merece más?
Este apéndice se tuvo que editar mucho porque el volumen del texto original planteado el libro no podía soportarlo. Hubo que cortar algunas cosas. Por eso lo hemos calificado como “breve”. La idea es que funcione como un primer borrador de una futura historia mucho más extensa, completa y justa que alguien en el futuro tendrá que hacer alguien. Esto está pendiente. Nosotros no lo podíamos afrontar desde el respeto total que merece, pero nos parecía injusto hacer caso omiso de este fenómeno en el libro. Al no existir una historia integral sobre ello nos pareció una obligación abordarlo, aunque fuera de forma limitada. Este apéndice daría para otras quinientas más, perfectamente. En España no inventamos la música, pero sí el clubbing moderno. Pero sí, tienes razón, se trata de una historia apasionante a desarrollar.

Y cuando os referís a la prensa electrónica española (del 2002 al 2017) lo hacéis con brevedad y distancia, como sin mucho aprecio, salvo con tres o cuatro medios…
Tampoco está muy tratado, también por problemas de espacio. La prensa musical electrónica en España ha sido importante a la hora de transmitir el mensaje, y esto está claro, pero en los últimos años es un oficio que se está perdiendo y me da mucha pena. Mi propia experiencia es que apenas he podido escribir sobre música en los últimos tiempos porque no había sitios profesionales para ello y eso me ha obligado a reconvertirme en periodista cultural, más que musical. Pero parece que el público no lo echa de menos, solamente lo hacemos nosotros, los periodistas que hemos estado en el negocio. A la gente de fuera no les da ninguna pena nuestra desaparición quizá porque la escena va mucho más allá de la comunicación.

¿Y por qué crees que nos está sucediendo esto?
Estamos en un momento en el que los medios de comunicación tradicionales ya no son decisivos para que se mueva la escena, eso ahora se hace a través de las redes sociales y otros canales nuevos que ya no son el periodismo de siempre. A mí esta situación no me gusta un pelo, pero habrá que aceptarla. No encuentro la manera de luchar contra este cambio.

Volvamos a los libros. Salen con un precio sorprendente por bueno, más que razonable, asequible para todos los bolsillos… ¿la idea es que no haya casa moderna en la que no haya un “Loops 1” y “Loops 2” en la librería familiar?
Eso es producto -y la ventaja- de trabajar con un grupo editorial grande como es Penguin Random House. Ellos pueden ofrecer libros de esta complejidad a precios buenos. Hemos tenido la suerte de poder hacerlo con gente que se arriesga con estas cosas, lo normal para ellos es publicar libros de seiscientas o setecientas páginas.

¿Habría sido posible sacar este libro en una editorial independiente?
No, imposible.

¿Y te gusta para el mismo el calificativo de “Biblia”?
Bueno, lo de “Biblia” me lo tomo con humor, es una expresión hecha que a veces se utiliza a la ligera. Al identificarlo así se le da un peso de autoridad muy de agradecer, claro.

Para terminar Javier, y a modo de pregunta-conclusión. ¿Qué valor cultural tiene la música electrónica en estos momentos?
Tiene un valor cultural importante. Hay que tener en cuenta que la tecnología es omnipresente en todos los ámbitos de la vida y la ha cambiado a todos los niveles y, por supuesto, también lo ha hecho con la música. Estamos en un momento en el que la música electrónica está tan infiltrada en nuestras vidas hasta el punto de no darnos cuenta de ello. Hay dos maneras de entender la tecnología creativa al servicio de la música, una como una simple línea cosmética -que no me interesa tanto y la podemos encontrar, por ejemplo, en el pop que utiliza máquinas para tener otra cara- y otra que sí concibe la tecnología como un medio creativo y sin la cual esa música no existiría. Hay músicas cuya naturaleza es cien por cien electrónica. Muchas veces se producen encuentros muy felices entre las tecnologías de la vida y la música. La electrónica ya forma parte de nuestro mundo, quizá no es el discurso hegemónico como lo fue el rock en los setenta pero la tecnología aplicada el entretenimiento sí lo es, y hay radica la importancia de la música de club, rave y el ya referido uso cosmético de la electrónica para el mercado del pop. En este aspecto la música electrónica es dominante y forma parte central del discurso cultural actual. Está ahí y para quedarse durante mucho tiempo.