“Quería que éste fuera un disco confesional”
Entrevistas / J’aime

“Quería que éste fuera un disco confesional”

Kepa Arbizu — 14-04-2020

Tras este pseudónimo afrancesado (J’Aime), lo que nos puede dar alguna pista -aunque para nada definitiva- respecto a la personalidad musical que esconde, se encuentra Jaime Cristóbal, mitad del, en no pocos aspectos pionero, dúo pamplonés Souvenir.

Parapetado ahora en un proyecto todavía más personal, lo que sí delata en plenitud su primer disco largo (“Love And Squalor”, Jabalina Música, 2020), tras varios lanzamientos en formatos más reducidos, es la supresión de casi cualquier barrera genérica. Así, dicho álbum consigue la casi imposible tarea de dibujar una consistente y atractiva personalidad a través del influjo de influencias, o reminiscencias, tan diversas como John Prine, The Go-Betweens, Bobby Vinton, Gene Clark o Angelo Badalamenti. Una amalgama siempre guiada por un melódico principio rector y un sugerente aroma twang emanado desde su guitarra. Encuadrado todo ello en un contexto donde el amor, y por extensión la propia vida, es capaz de propiciar las más hermosas luces pero también las más terribles sombras, se configura un poliédrico y emocionante resultado sobre el que charlamos con su autor….

”Love and Squalor” es tu primer disco largo tras dos EPs previos, ¿por qué sentiste que ahora era el momento de embarcarse en este formato?
El momento en realidad habría debido ser justo tras los dos EPs, hacia 2012 o 2013, pero fui padre y mis prioridades cambiaron. Al final creo que ha sido una suerte, porque mi disco habría sido bien diferente, y yo creo que peor.

Desde el propio título del disco observamos esa dicotomía entre luces y sombras acerca del amor y de la vida que planteas, contenido que no has ocultado además que es de carácter autobiográfico, ¿cómo surge afrontar el disco de esa manera? ¿fue un proceso difícil a nivel emocional mostrarse de una manera tan desnuda?
No ha sido difícil, pero estoy comprobando que es algo que está llamando la atención. El modelo imperante de masculinidad, del que no nos escapamos en el pop, el rock y demás, crea esa situación paradójica en la que los hombres se expresan, sí, pero lo hacen fundamentalmente con su arte, a veces casi parapetados en él. Es mucho más raro que hablen de lo que les mueve, de sus sentimientos. Los hombres tenemos un problema con hablar sobre ellos. Yo estoy en un momento de mi vida en el que eso ya no me causa vergüenza, pero no siempre ha sido así. No se me olvidará una frase de la cantante inglesa Emmy the Great, que decía que un cantautor puede estar explorando los mismos temas que una cantautora y si en embargo se acaba asumiendo que la música de la mujer es “confesional” y que el hombre está hablando de los “grandes temas de la vida”. Pues bien, yo quería que este fuera un disco confesional, por eso en la promoción del mismo y en las entrevistas quería explicar de dónde vienen esas canciones.

Y para ello abres el álbum con un canto a la soledad (“Lonewolf”) y lo cierras con otro (“From Rhinestone to Limestone”) que delata cierta esperanza a la hora de mantenerse al lado de la otra persona, ¿era un recorrido planeado conscientemente?
No estaba planeado, he ahí lo bonito del asunto (Risas). “Lonewolf” fue la primera canción que compuse conscientemente para el disco, a finales de 2015. En ella se plantea una duda, y siempre imaginé el álbum empezando ahí. Y “From Rhinestone to Limestone” fue la última que escribí, hacia 2018, y ésta efectivamente expresaba luz al final del túnel. Fue un poco como empezar un relato sin saber a dónde te va a llevar, y cogió ese sentido que dices.

Para recrear todos esos sentimientos has usado composiciones actuales pero también algunas antiguas, ¿las canciones necesitan su momento exacto, y que puede tardar años, para terminar de ver la luz?
Sí. Pasa más a menudo de lo que parece, pero creo que en general los músicos no suelen comentarlo, quizás suena mejor decir que todos los temas son recientes. Como en este disco hago una especie de crónica de una historia de amor que empezó hace como veinte años, hacerlo tenía aún más sentido. Recuperar alguna de esas ideas con más de 15 años y darles nueva forma ha sido supergratificante. Y a nivel de letras claramente hay canciones que necesitan su momento exacto, lo he comprobado con este disco.

Me llama la atención que en la nota de prensa hablas de que en la decisión de hacer estas canciones incluso se escondía una esperanza por alterar los acontecimientos, ¿hasta qué punto una canción, la música, puede influir en la realidad?
Con las canciones soy absolutamente creyente, como oyente y como creador, y es un hecho casi científicamente probado que pueden cambiarte la vida, pueden cambiar vidas. Lo he experimentado constantemente como oyente. Y en el plano creativo te aseguro que pueden tener el efecto de cambiar cómo experimentas o sientes algo que te ha pasado o te está pasando. Casi como la terapia.

“Es un hecho casi científicamente probado que las canciones pueden cambiarte la vida” 

Otro elemento relevante en el disco es el homenaje que haces a tu amigo y compañero desaparecido Roberto C. Meyer con la canción “Right Behind Your Heart”, supongo que sería duro componer un tema así..
Sí, fue duro sobre todo porque fue la primera canción que me salió, pocos días después de su muerte. La recuerdo casi como arrancándomela del cuerpo, o algo así. Tenía mucha rabia. Esa parte fueron las estrofas, que tienen ese aire más agresivo. Los estribillos los hice como un año después, con mi duelo ya hecho, y sentimientos más positivos, más en paz, y con más añoranza; creo que eso también se nota en esa parte de la canción. Me parece un bonito contraste.

¿Y aquello que pretendes contar a través de una canción, determina la forma musical que va adoptar esa canción, o fondo y forma son dos espacios claramente diferenciados?
No, tiene totalmente que ver. En “Right Behind Your Heart”, por ejemplo, el solo de guitarra no sería así si no fuese una canción llena de rabia, o no tendría ese arreglo de cuerda tan elegíaco si no fuese una canción de despedida. En una canción como “Toutes les femmes et aucune”, al tener una temática más romántica, ha podido determinar incluso el estilo, ese aire de country folk que le di. Y así podría seguir…

En el disco destaca el alto número de músicos invitados con los que cuentas, ¿partiste desde el inicio con esa idea de rodearte de colaboradores o ha sido algo que ha sucedido de manera natural?
Sí fue muy natural, y otra de las cosas que fue saliendo sobre la marcha; y que me encanta que fuese así. Sólo tenía “fichado” a Alasdair Macaulay, de Tindersticks, pero conforme iba grabando las canciones se me iban ocurriendo cosas, y fui tirando de mis contactos. A veces parecía casi como una mano invisible que me ponía a gente delante, como cuando conocí en Pamplona a Eli Bishop por pura casualidad, y yo estaba dando los últimos toques a “Toutes les femmes et aucune”. Un mes después estaba Eli grabando en Nashville su fiddle para la canción.

¿Hasta qué punto la presencia de todos esos músicos alteran tu idea de las canciones? ¿Dejas mucho espacio a que ellos improvisen o planteas una idea fija e inamovible?
Uy, tengo la idea muy clara siempre… no suelo dejar mucho espacio. Pero a veces los músicos se lo cogen de todas maneras (Risas). Y tengo que reconocer que la mayor parte de las veces han aportado algo que mejora lo que yo preveía. Es algo de lo que tengo que aprender, porque me sale esa parte controladora. Por ejemplo Alasdair me dijo desde el principio “no hago redobles al dictado”, y aunque me dio un poco de inquietud, tengo que reconocer que así imprimió a las baterías mucho más su personalidad, y es un lujo tener su personalidad en el disco, lo otro habría sido mucho menos interesante. Françoiz grabó dos voces, y en una hizo una armonía que yo no tenía prevista, pero al final es una de las cosas que más me gustan de “700,000 Records”.

Uno de los puntos fuertes del disco creo que es la producción y el sonido que despliega, ¿ha sido un apartado al que has puesto un especial mimo?
Gracias. En la parte de producción sí que he puesto mucho mimo y cuidado. Primero hice unas maquetas y los arreglos, instrumentación, idea de producción, etc, los tenía clarísimos. Pero quien verdaderamente lo ha convertido en realidad ha sido Iñigo Pérez Artieda, porque es quien ha metido cientos de horas en la mezcla, para que cada cosa sonara redonda, bonita, y en su sitio. Hizo un trabajo delicadísimo.

Sería difícil hacer una lista de estilos e influencias que alcanza tu música, algo que sin embargo no desvirtúa tu propio estilo, ¿te asalta a veces el miedo de que abarcar tantos estilos te pueda dificultar ser tú mismo?
Sí, a veces flaqueas y dices: “¿pero qué tienen que ver esta canción y esta otra?”. Pero siempre vuelvo al mismo sitio, en el que creo que todas tienen mi estilo y mi voz y eso las dota de unidad. Me alegra que lo corrobores (Risas). Además me encantan los discos que juegan con muchos estilos, es algo que en Souvenir hicimos desde el primer disco, en 2000, y modestamente creo que fuimos un poco pioneros en eso, al menos en España era un cosa que no se veía y chocó bastante.

En los temas instrumentales del disco, “Media Luna” y “Sydney Creeps”, se puede observar con más nitidez la -al margen de tu pasión por las melodías- querencia por recrear aspectos más atmosféricos, incluso cinematográficos, ¿hay en tu manera de escribir canciones algo de esa mirada más paisajística?
Sí. Sería feliz haciendo discos instrumentales, ya lo he experimentado con The Brillantina’s, o con algunas bandas sonoras que he realizado. De alguna manera mi primera voz en la música fue la guitarra, y me gustan esas guitarras evocadoras, con twang y mucha reverb de muelles… lo de cantar me vino después. Así que creo que siempre vuelvo un poco a ese origen, y es verdad que se puede expresar un sentimiento de forma completa sin voz.

Aunque tu música bebe de sonidos clásicos hay momentos en que estos se juntan con el uso de sintetizadores y elementos electrónicos, como en “Media luna,”, “700.000 Records” o “Put Your Lips”, ¿no tienes reparos en salirte de la tradición para engordar tu abanico de sonoridades?
No,ninguno, porque bien hecho es una de las mezclas más excitantes, por estar algo menos transitadas. Era fascinante casi como anacronismo cuando lo hacía gente como Peter Drake con su cibernético “talk box” conectado a una guitarra pedal steel, pero sigue pareciéndome igual de fascinante en la actualidad cuando por ejemplo Kurt Wagner de Lambchop canta con autotune.

Partiendo de temas que remiten claramente a tu amor por la música, sobre todo “700.000 Records” o “From Rhinestone to Limestone”, y sumado a que has colaborado en algún medio musical y tienes un prestigioso podcast (Popcasting), ¿te consideras más músico o fan?
Es la pregunta más difícil… pero creo que soy músico primero. Parte del placer de escuchar es lo que me inspira y las ideas que me genera, y mi cabeza a menudo está como tomando notas mientras oigo música… o sea que creo que escucho como creador, también.

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