Tres años después del inspirador doble maxi “A Wooden Box”, carta de presentación del trío, Factory Floor se estrenan en largo con un disco homónimo publicado por DFA, tan efectivo a la hora de gastar suela como para aumentar el ritmo de producción en una hipotética cadena de montaje.

Supongo que os pillo en Londres ¿no?

Nikki:
Pues no, nos marchamos de Londres cuando acabamos el disco y ahora cada uno está en un rincón diferente de Inglaterra. Nos pillas en medio de una etapa en la que estamos a tope. Hemos pasado por Japón, diversos países de Europa, en nada volamos a NY,… Así que ¡estamos un poco en todas partes! Y tenemos idea de acercarnos a España también…

Un promotor con el que hablaba justo hace unos minutos me pedía que os preguntara qué tenía que hacer para que vuestro agente responda a sus mensajes, que está como loco por traeros a tocar a Madrid…

N:
Ok, jajaja. De hecho creo que vamos a hacer el Primavera Sound este año pero todavía no ha sido anunciado.

De acuerdo… Vamos con la entrevista propiamente dicha. He leído que “A Wooden Box” fue para Factory Floor el verdadero comienzo como grupo, que coincidió con tu incorporación, Nikki a la banda. Desde entonces han pasado tres años y por momentos daba la sensación de que no teníais demasiado interés en lanzaros a publicar un largo. ¿Estoy en lo correcto?

Dominic:
Durante ese tiempo estuvimos desarrollando una dinámica de trabajo y no tenía demasiado sentido ponernos a trabajar en un disco porque todavía teníamos que definir qué y cómo queríamos grabarlo.

N: Sí, totalmente, si vuelves a “A Wooden Box” te darás cuenta de que era un EP con un sonido muy violento, que es algo que forma parte de nuestra naturaleza, pero por entonces todavía no estaban tan claros esos matices bailables que sí se aprecian en las canciones del disco.

Sin embargo creo que curiosamente buena parte de los temas de este primer LP se grabaron en tomas muy rápidas, casi en directo…

D:
(Entre risas) Sí, es cierto que algunos temas se hicieron en una sola toma… ¡pero en una toma de seis horas!

N: Algunos temas surgen encerrándonos en el estudio un día entero tocando sin parar. Pasadas unas semanas escuchábamos las grabaciones y nos quedábamos con una pequeña parte para arrancar. Así que nos llevó mucho tiempo seleccionar esas piezas para ponernos a trabajar con ellas.

Quiero preguntaros algo que es la cuestión más simple y al mismo tiempo más complicada de responder y que de alguna forma tiene que ver con todo este proceso del que me estáis hablando. Y es ¿qué os empuja y motiva para hacer música?

N:
Creo que es algo que llevamos haciendo toda nuestra vida, desde los años en la Escuela de Arte en que iniciamos un proceso de búsqueda y nos encontramos con el sonido y con él la motivación para seguir haciendo música a lo largo de nuestra vida.

D: Cuando creces escuchando música, como nos sucedió a nosotros, hacerla forma parte también de una progresión natural, es algo casi inevitable que sirve para dar rienda suelta a tu creatividad.

¿Sois entonces un claro ejemplo de banda de Art School Band?

D:
Sí, más o menos. Y en cierta medida eso define nuestro método de trabajo.

N: Ninguno de nosotros ha pasado por el conservatorio. Podemos seguir una partitura con cierta dificultad si la escribimos a nuestra manera, que es una forma bastante rudimentaria de trabajar, y nuestra música también es un poco así, primitiva e instintiva. Así que el método de trabajo es mayormente improvisado porque nos gusta llevarlo por el terreno de lo inmediato.

¿Y cómo os transformáis de la banda ruidosa que era Factory Floor en sus inicios en ese ente bailable que sois ahora mismo?

D:
Estamos muy interesados desde el principio en ritmos y repetición y eso ya estaba presente de alguna manera en los temas ruidosos o experimentales. En general en la música avantgarde suele estar presente ese elemento de repetición que es la base de la música de baile, así que es una progresión bastante natural.

No toda la música basada en un patrón, rítmico o no, que se repite tiene esa cualidad bailable. Se me ocurre un ejemplo tan obvio como el de los minimalistas…

N:
Sí es cierto, pero ese es de nuevo el modo en que gradualmente nosotros nos hemos aproximado a la música: a partir del feedback. Grabamos extractos de ruido que hacemos con la guitarra o la batería y lo pasamos por el sampler para conseguir una “textura de sonido”,por decirlo a la manera de Brian Eno. Al principio teníamos todo ese ruido y poco a poco hemos aprendido a controlarlo porque en los inicios del grupo las máquinas nos controlaban a nosotros más de lo que nosotros dominábamos las máquinas. Al mismo tiempo, cuando tocamos en directo la mejor respuesta de la gente es cuando lo llevamos por el terreno de lo bailable.

¿Cómo os sentís de lejos (o de cerca) de la cultura de club?

N:
¡Yo sí me siento cerca! Pero me parece que Dominic no demasiado ¡jajaja!

D: Bueno, creo que poco a poco he ido alejándome de eso. En realidad en mis años de adolescente, en los 90, nunca fui demasiado aficionado a los clubs, aunque sí que participé de la cultura rave con los soundsystem montados en un lugar secreto de la campiña y todo eso. Pero creo que Factory Floor tiene otra orientación, es cierto, más cercana al avantgarde.

¿Hay algo similar a aquello en Gran Bretaña ahora mismo?

D:
No, no creo que haya algo comparable a aquello. Todavía hay fiestas en almacenes abandonados, pero no es tan…

N: Todo está mucho más controlado. Hace años todo esto iba de coger el equipo de sonido, montarlo en cualquier sitio, avisar a la gente, y no ocurría como ahora que con Internet ya sabes quién va a ir a un evento, quien no,… Al mismo tiempo ahora mismo puedes estar virtualmente en cualquier punto del país con un streaming… Simplemente las cosas son diferentes.


Con el tiempo puede que también percibamos más claramente las connotaciones políticas que todo aquello tuvo en su momento

D:
Bueno hay que poner todo en su contexto, no deja de ser cultura popular cuyas formas van variando con el tiempo, tampoco vamos a echarnos la cabeza “¡Oh dios, los chavales ya no montan raves!”. Todo cambia con el tiempo.

N: Es algo que ha dejado de ser underground.

D: Cierto. Todavía puedes encontrarle el lado underground, pero las canciones también las escuchas como sintonía de móviles…

¿Dónde creéis que está el underground ahora mismo en la música británica?

N:
Es complicado mantener algo en el terreno de lo underground porque ahora mismo todo está accesible en la red.
D: Yo no creo que tenga sentido hablar de una escena underground actualmente.

N: Hay lo que llaman sonido “underground”, pero no necesariamente son grupos y propuestas que verdaderamente se muevan en los márgenes.

D: Hoy por hoy resulta poco menos que imposible causarle un shock al público con una propuesta diferente.
N: La aparición de Internet y la velocidad a la que se mueve todo hace imposible que se desarrollen nuevas sensaciones tal y como ocurría en los años noventa.

D: Y todo esto está cambiando el modo en que se está viendo todo lo relacionado con la creatividad…
 



Bueno, volvamos a Factory Floor. ¿Os habéis parado a analizar en algún momento la dirección que estabais tomando como grupo?

N:
No tanto pararnos a analizar, pero sí recoger los frutos de la progresión del grupo. Al final aquello que hemos creado en el disco termina teniendo reflejo en directo donde los temas terminan de coger forma y eso forma parte de las decisiones conscientes que tomamos como grupo.

D: Como banda nos sentimos identificados con un gran barco que no deja de moverse pero que es incapaz de un brusco cambio de dirección…. Jajaja. ¡Somos un transatlántico!

¿Y cuáles han sido vuestras “caídas del caballo” como grupo en esta larga travesía de tres años?

N:
En general cuando tienes un grupo vas sacando un single, luego un álbum, fichas por una discográfica, cambias de sello,… En nuestro caso creo que nuestro principal descubrimiento lo hicimos el día que decidimos encerrarnos por nuestra cuenta en un gran almacén sin tener ningún tipo de compromiso con nadie más allá de nosotros mismos. No es habitual hacerlo de este modo, sin prisas. Tal vez sea algo que suceda sólo en UK, pero aquí los grupos sienten esa presión de tener un calendario. Sin embargo nosotros decidimos que debíamos aprender antes qué y cómo íbamos a grabar estas canciones.

D: Pienso que lo que hemos descubierto es a dialogar entre nosotros con nuestros instrumentos, que es algo muy interesante que sucede cuando tocamos en directo. De alguna forma hemos desarrollado un segundo lenguaje para comunicarnos. No sé si esto responde a tu pregunta… Descubrir las diferentes características y cualidades de los otros dos componentes de la banda, cómo armonizarlo todo, cómo convertir tres voces en un único sonido… Todo eso se ha conseguido desarrollando un diálogo a través de la música, y es algo grande.


¿Cada cuanto os acercáis al almacén a tocar?

N:
Durante el último año, para preparar el disco, nos acercábamos a diario. Después de grabar, con el tema de salir a tocar en directo y viajar apenas nos acercamos un día a la semana. Pero bueno, por desgracia a partir de enero tenemos que salir de allí.

D: Sí, se van a cargar el edificio. Se nos va a hacer extraño no poder volver al espacio en el que creamos ese disco y esos sonidos. Pero bueno, nos toca ponernos a buscar otro lugar…


¿En el norte de Londres otra vez?

N:
En Londres sí, la zona dependerá más de dónde encontremos algún sitio libre.

Contadme por qué finalmente, tras haber pasado por diferentes sellos habéis publicado este disco con DFA.

N:
También en este caso podemos hablar de una progresión muy natural. Publicamos con ellos el maxi “Two Different Ways” y el hecho de que ellos estén en Nueva York y nosotros en Londres nos da una distancia muy conveniente para trabajar, jajaja.

Entiendo que lo preferís a tener a Daniel Miller persiguiéndoos por la ciudad para entregar las canciones…

N:
Sí, sí, a nosotros nos gusta estar en nuestra propia burbuja y para el trato con el sello es suficiente una charla por Skype de vez en cuando. A Daniel Miller con verlo de vez en cuando para tomar el te… jajaja. Al mismo tiempo, estamos muy influidos por el sonido de la escena disco-dance-avantgarde-con-toque-rock de Nueva York, y DFA lo ha hecho muy bien poniendo en la calle ese tipo de música.


Algo que me llama la atención de vosotros es que decís que os gusta encerraros en vuestra propia burbuja -y de hecho el disco lo habéis grabado solos, sólo hay que ver lo escueto de los créditos- pero venís precisamente de lo contrario, de trabajar con un montón de gente: Chris & Cosey, Mark Stewart, Richard H. Kirk, Stephen Morris,…

D: Es que tuvimos una residencia de un año en el ICA en Londres y precisamente veníamos de eso, de trabajar mano a mano con otros artistas

N: Era una exposición artística y también estos talleres y conciertos en los que invitamos a participar a Peter Gordon, Hannah Sawtell,… Y como bien dices antes de eso tuvimos la oportunidad de hacer cosas con Stephen Morris, Chris Carter,… Así que llegado el momento de hacer el disco realmente nos apetecía mucho ver de qué éramos capaces por nosotros mismos. A los únicos que quisimos hacer partícipes fue a Q y a Nigel (Walton), que se encargaron de mezclarlo.

¿Y por qué los elegisteis a ellos?

N:
Porque estaban en EE UU, es decir, también estaban lo suficientemente lejos, jajaja.

Hablando de colaboradores, posiblemente a quien mejor conozcáis de todos sea a Chris & Cosey, que posiblemente sean la más clara influencia en vuestro sonido y con los que tú, Nikki, has grabado el miniLP de Carter Tutti Void. ¿Puedes contarme en esencia qué diferencia la forma de trabajar de las dos formaciones?

N:
Hay varias diferencias. Una sería que Factory Floor es un trabajo a tiempo completo, mientras que lo de Chris & Cosey surgió en unos días libres y se concretó en el directo que está registrado en el disco. Otra sería que ellos son un matrimonio, una unidad artística a la que yo me incorporaba, y tengo que decir que estaba muy nerviosa cuando lo hice. Pero más allá de eso sí que es cierto que la forma de arreglar las canciones es bastante similar. Ahora mismo Chris Carter se ha pasado a la alta tecnología, ha perdido todos sus viejos cacharros. En el caso de Carter Tutti Void yo toco la guitarra al igual que Fanny Tutti así que ocupamos un espacio muy similar en la banda, aunque mi sonido es un poco más alto que el suyo. Pero en esencia se trata de improvisaciones, como con Factory Floor, e incluso yo creo que sería en esencia lo mismo si fuéramos los cinco los que tocásemos.

Quería preguntarte también sobre las posibilidades más o menos infinitas que le ves a la guitarra. Me sorprende que en un contexto tan electrónico como el vuestro sigas apostando por la guitarra como instrumento.

N:
Piensa que especialmente en el disco mis grabaciones son tomas de feedback que pasan a un sampler con el que son manipuladas. De alguna forma trabajar de ese modo se convirtió en una necesidad porque queríamos hacer las canciones más bailables. Lo que no te puedo decir es si esa va a ser mi forma de enfrentarme al instrumento en próximos discos. Se trata también de una consecuencia lógica y natural, porque yo me niego a tocar acordes, así que trabajar con el feedback o el ruido te permite conseguir algunas melodías muy orgánicas y realmente hermosas que creo que todavía no he agotado.

Ya en los lejanos años de Kaito tocabas la guitarra ¿no?

N:
Sí, aunque allí estaba más enfocada a las voces. Pero en esencia era parecido, las guitarras en Kaito eran noise.

Y para terminar la pregunta inevitable: ¿Y ahora qué?

D:
Pues vamos a enfocar el directo con una gira por Europa en la que nuestro objetivo es enfocar el disco desde un punto de vista diferente. La idea es divertirnos desarrollando aún más las canciones. Y disfrutar de las visitas a Japón, Italia,… (Y se despiden con otra risotada, lo que se ha convertido en una constante a lo largo de estos 30 minutos de entrevista).