“No creo que nunca vaya a ser un vivalavirgen”
Entrevistas / El Último Vecino

“No creo que nunca vaya a ser un vivalavirgen”

Carlos Pérez de Ziriza — 14-06-2024
Fotografía — Archivo

La fórmula que ha mantenido El Último Vecino, es decir, Gerard Alegre Dòria (Barcelona, 1988), a lo largo de una década larga de carrera se reafirma con "RIQUI" (Helskinkipro, 2024), su cuarto álbum.

Su trabajo es un álbum de de synth pop nervudo y post punk fibroso, con estribillos vibrantes que centellean entre la zozobra y la esperanza, todos directos al grano con una concisión qe cuadra mucho con este tiempo. Diez canciones en veintiséis minutos, pulidas de nuevo con Adrià Domenech (InnerCut) como cómplice. Hablo con él a través de la pantalla del PC.

¿En qué crees que este disco es diferente a los anteriores?
Veo diferencia con "Juro y prometo" (2022). Y también con el primero, "El Último Vecino" (2013). Hay menos sintes. Con "Juro y prometo" (2022) no sabía a dónde quería ir, estaba como experimentando, aunque tampoco sé si es ese el concepto. Como que no sabía. Andaba un poco perdido. Este era un disco que quería hacer, sí o sí. Me recuerda a "Voces" (2016), es como una segunda parte. De hecho, estuvo a punto de llamarse Voces II.

Es un disco muy conciso, ninguna canción llega siquiera a los tres minutos. Directo y al grano.
Ha sido un aprendizaje, y también la suerte de que, como se están poniendo de moda las canciones cortas, pues ya no te da reparo que duren tan poco. A mí siempre me habían salido cortas y luego las alargaba, poniéndoles puentes o partes C. Y ahora ha sido más fácil porque no he tenido que hacer eso.

"Sigo con un espíritu de quinceañero que quiere petarlo en la música, que no me lo aguanto"

Sí que hay una canción que es como una segunda parte de otra, la última, “Era de esperar II”, que retoma la idea de la primera, “Era de esperar”, que tiene un sonido completamente distinto al resto. No sé si es como un aviso de cosas que puedes hace en el futuro.
No, eso fue simplemente un juego que hicimos en el estudio. Todo el disco está mezclado y masterizado en cinta de casete, y yo a Adrià (InnerCut) le pregunté “¿esto se puede poner más lento?”, y él me contestó que se podía poner a media velocidad, y nos gustó, nos sonaba como una fiesta callejera en Jamaica, de las de hace cuarenta años. Teníamos la pista de voz y la de la música por separado, y le puso un delay a la voz, y estuvimos un rato jugando y lo grabamos. Y ya está. No es un indicativo de lo que vaya a pasar en el futuro.

Se notaba quizá un poco más la influencia de El Último de la Fila en el disco el anterior, aunque en este creo que en “Metropolitano” das con la síntesis perfecta entre aquel sonido y el synth pop que siempre te ha caracterizado.
Lo has entendido muy bien, porque discutiendo con Adrià (InnerCut), que ahora ya somos muy amigos, somos casi marido y marido a nivel de amistad, él me decía que en el anterior disco me había centrado mucho en España, y que este debía orientarlo más a los sonidos de fuera, como el primer disco. Quizá en Juro y prometo (2022) era un poco más evidente, pero en realidad hay influencias de El Último de la Fila en todos los discos. Y también plagios, que si algún día los descubren, me van a meter en la cárcel. Es que me gustan mucho y los llevo muy dentro. Y es tan tuyo que lo sueltas. Es que tiene que ser así. Por hacerme un poco el listillo, es como Marcel Duchamp, que no fabricó el wáter aquel, solo lo cogió… pues un poco lo mismo. Y es verdad que “Metropolitano” es la canción que tiene más referencia a eso. Suena a principios de El Último de la Fila o incluso a Los Burros, es muy de calle. Esa onda como más punk. Un punk hortera. Me recuerda también, y lo acabo de ver ahora a “Cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventana”.

Con la salida del anterior disco comentabas que estabas saliendo de un periodo de tu vida especialmente complicado, tanto en lo personal como en lo creativo, en el que experimentabas cierto bloqueo. También hablabas de lo mala que era la envidia. ¿Está superado?
No del todo, porque yo soy delicado, me afectan mucho las cosas. De hecho, siempre me tienen que ayudar a gestionar este tipo de cosas. Estoy mucho mejor que antes, cuando decía eso no era ni para avisar de que el disco iba a ser malo ni nada de eso. Me salía decirlo porque era algo que me estaba ocurriendo y porque formaba parte de mi vida. Ahora, si no cuento nada de eso es porque estoy mejor, supongo. Cuando uno está bien, no llama para pedir ayuda, no dice nada. Aunque algo queda. Pero un vivalavirgen creo que no voy a ser nunca. Y creo que lo de la envidia que comentas en realidad lo dije porque era yo quien había sentido mucha envidia de otra gente durante ese periodo durante el que estaba de bajón. De hecho, esa era una de las razones. Me costó reconocerlo de puertas afuera. Pero me parecía que era una forma de reconocer el problema. Soy humano y soy un ser bastante débil, ya lo he dicho, y he de decir que yo cuando empecé, hace once o diez años, me creía el rey del mambo, y a medida que va pasando el tiempo y no cumples los sueños que tienes más arriba, en plan, yo qué sé, de “dentro de cinco años tendré un Porsche Carrera del 94”, y cuando no lo tienes, pues tampoco te pones a llorar porque sabes que es difícil conseguir eso, es como una lotería, pero hay algo dentro de ti que te dice “ostia, mierda, no lo he conseguido”. Y salen artistas nuevos, más jóvenes, que a lo mejor ocupan tu lugar, y ahora no me da cosa decirlo porque es algo que estoy superando. Y no estoy tan triste. Creo que lo de la envidia iba más por ahí. No aconsejo tenerla. Es muy hiriente. Te lleva a un pozo del que va a ser difícil volver a salir.

Has vuelto a trabajar con Adrià Domènech, InnerCut. ¿En qué medida hace tus canciones mejores?
En el anterior disco mejoró las canciones a nivel de sonido y de estructura, pero en este disco hemos ido mucho más de la mano. Yo he escrito las canciones, pero él ahora hace que la música que yo hago exista, de alguna forma. Porque ahora que ha salido el disco estoy mejor, a nivel de salud mental, pero ha habido momentos en los que pensaba que todo lo que estaba haciendo era una mierda y que este disco no iba a salir. Pero él siempre me mantenía muy enfocado. Él es una persona que dice que es muy negativo, igual que yo, pero yo eso no lo veo por ningún lado. Y a mí me ayuda mucho estar con él, la verdad. Y este disco sale gracias a él. Me ha ayudado tanto a elegir las ideas, a hablar mucho y a mantenerme positivo. Y eso para mí es lo más importante. Es un productor y un gurú.

Comentabas antes que ha pasado más de una década desde tu debut. ¿Cómo lo ves en perspectiva? ¿Te imaginabas estar donde estás?
Yo sabía que estaría haciendo música ahora, porque voy a hacerla hasta que me muera. Aunque haya días en los que digo “si este disco no va bien, lo dejo”. Es que no lo voy a poder dejar, es imposible. Quizá tenía la esperanza de estar más arriba, pero también es verdad que doy las gracias por lo que tengo, que es una cosa que hace unos años no hacía. Y voy a seguir luchando igual. Sigo con un espíritu de quinceañero que quiere petarlo en la música, que no me lo aguanto. Me da igual la edad. Bueno, no me da igual, ojalá pudiera restarme años, pero no me va a hacer tirar la toalla. Sí, podía imaginarme entonces como estoy ahora: no estoy arriba ni abajo del todo. Pero haciendo música, seguro. No es que no sepa hacer otras cosas, que sí que sé. Es que no puedo no hacer música. Es que me gusta mucho. Me lo paso muy bien.

¿Hay algo que escuches últimamente que te haya gustado?
Escucho música nueva cuando Adrià me manda cosas, que me dice que me inspire en material nuevo. Pero escucho poco nuevo. Tengo una playlist en la que siguen estando Front 242 y Phil Collins. En serio. No sé si me hace más feliz o más infeliz. Estoy escuchando a Sting. Lo que escuchaba hace quince años, Y sé que me puedo estar perdiendo cosas. No sé si es positivo. Yo qué sé. Hago lo que me gusta.

 

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