EL METAL SE APELLIDA MAIDEN
Entrevistas / Iron Maiden

EL METAL SE APELLIDA MAIDEN

Daniel Rabadán — hace 20 años
Fotógrafo — Archivo

PRESTOS A SALIR A LA CONQUISTA DE CUATRO DE LOS CINCO CONTINENTES, DIFUNDIENDO SU ULTIMÍSIMO EVANGELIO “BRAVE NEW WORLD” (EMI, 00), LA NUEVA FORMACIÓN DE IRON MAIDEN QUIERE DEMOSTRAR QUE NO SÓLO DE CLÁSICOS VIVE EL HOMBRE, SINO TAMBIÉN DE HUMEANTES COMPOSICIONES. UN ACONTECIMIENTO AL QUE SEGUIRÁN ENTRE OTROS MUCHOS, UN ESPECTÁCULO SOBRE HIELO BASADO EN LA HISTORIA CONCEPTUAL DE SU ÁLBUM “SEVENTH SON OF A SEVENTH SON”.

La agenda de los monarcas del metal no ha podido estar más repleta de incesante actividad durante los últimos meses. En poco más de un año han ultimado la edición del juego para PC “Ed Hunter”, han reformado al grupo como sexteto, han dado la vuelta al mundo en la que ha sido su gira más exitosa de los últimos diez años y además, han tenido tiempo para componer y grabar su duodécimo larga duración en estudio. Todo un estímulo adrenalínico, con el que afrontar su cuarta reencarnación, avalados por un sulfúrico trabajo, que si bien no supondrá un nuevo revulsivo en su carrera, pondrá los puntos sobre las íes, si es que alguna vez les ha hecho falta demostrar nada. Janick Gers y Steve Harris, lejos de sentirse exhaustos, disfrutan de un desaforado frenesí, en su segunda juventud. “Realmente no hemos parado desde antes de la última gira. El “Ed Hunter Tour” fue genial pero no había un nuevo álbum, no existía material reciente que presentar, así que fue una situación algo extraña. Por tanto es refrescante el no parar, al tiempo que también es pura diversión. Es lo que andábamos buscando”. A diferencia de otros grupos históricos, Iron Maiden se han movido más atendiendo a sus corazonadas que a criterios meticulosamente diseñados. Será por ello que sus aciertos han sido grandes y honestos éxitos y sus errores (que tardaron mucho en mostrar el talón de Aquiles de una deidad intocable), han inquietado y sorprendido por su particular extravagancia. La elección de Blaze Bayley (ex-Wolfsbane) tras la huida de Bruce Dickinson se confirmó inmediatamente como una fallida estrategia y tampoco hizo mucho en su favor, publicar un bautismo de fuego de alto riesgo como “The X Factor” (EMI, 95), un álbum de pretensiones elevadas, cuando lo frecuente en estos casos, es jugar en casa. Pese a la presión que puedan causar las expectativas en torno a la edición de “Brave New World”, no estaban los ánimos para escribir con sosiego según Janick Gers. “No creo que la vuelta de Bruce haya supuesto ir hacia atrás, esto no es una retrospectiva, nos sentimos como un grupo nuevo. Esta formación nunca había tocado junta. Desde el momento en que comenzó la anterior gira sentimos la necesidad de escribir nuevas canciones y creo que hemos capturado la excitación de aquellas actuaciones en el disco. Creo que es un álbum fantástico y que va a cumplir con las expectativas”.

De un nuevo disco de la doncella, sólo puede esperarse un álbum genuinamente Maiden. Su inmovilismo que no es tal, sino apego a una idiosincrasia como es el caso de AC/DC, ha servido de arma arrojadiza para que, inexplicablemente, la modernidad de determinadas bandas y en especial la infame crítica británica, hayan satanizado su estirpe. Su progenie de seguidores, una de las más leales de la música dura, ha desoído desde siempre la calumnia y confía en que sus héroes, estrenen década con inmejorable buen pie. Mr. Harris, impasible, tímido pero seguro, así lo define. “Este disco es una progresión respecto a los dos anteriores. Cuando nos sentamos a escribir no sabemos realmente lo que vamos a hacer. Lo que sale es lo que sale”. A lo que Gers añade. “Lo que nace de forma natural es lo mejor. La química surgió durante la gira, por tanto fue una progresión natural meterse en el estudio. Este disco es un paso hacia adelante, está repleto de melodía, es clásico y es progresivo en muchos aspectos”. La democracia interna de la banda es de dominio público. Cualquiera es libre de componer tanto como lo desee, pero los temas han de someterse a la criba y aprobación de Steve Harris. Motivo éste entre otros, que provocó la ruptura con Bruce en el 93, para desarrollar una carrera en solitario que había echado a andar aún bajo los auspicios de las hordas de Eddie. Adrian Smith haría lo propio tres años antes, pero en términos bastante más amigables y con peor suerte que Dickinson, como líder de sus propios proyectos (hubo incluso un conato de unirse a Def Leppard). Ambos músicos se reunirían nuevamente para grabar los dos últimos discos del cantante y un álbum en directo registrado en Brasil. Razones todas ellas interesantes o morbosas, para saber si sus respectivos periplos, tendrán calado en el repertorio de Maiden en lo sucesivo. “Cuando han vuelto al grupo es porque así lo han deseado ya que Maiden es lo que es. Creo que añoraban ciertos aspectos. Si empezaron con una carrera en solitario es porque deseaban hacer algo muy diferente, pero si han regresado es para hacer las cosas a la manera de este grupo, lo que se puede esperar de nosotros. Considero que el conocimiento que puedan aportar en función de lo que han aprendido durante los últimos años, es algo positivo siempre que surja de manera natural”. Las dobles armonías de guitarra son uno de los rasgos inconfundibles que identifican su personal estilo. Con Adrian Smith nuevamente en el equipo y con un tercer hacha por vez primera en sus veinticinco años de historia, Janick Gers se muestra entusiasmado ante las posibilidades que brindan seis manos, dieciocho cuerdas y tres mentes solistas. “Es fabuloso. Pueden escucharse muchísimas texturas en las canciones, no se ha perdido nada en la melodía ni en los arreglos. Puede desarrollarse una mayor creatividad tocando de formas diferentes. Ahora podemos incluir una línea de melodía con otras dos guitarras de acompañamiento, mientras que en el pasado sólo podíamos hacerlo con una. Aporta una dimensión extra, feroz”.

Iron Maiden grabaron sus mejores trabajos con la impagable labor de Martin Birch como productor, responsable también de algunas de las más magnas obras de Deep Purple, Black Sabbath, Whitesnake, Rainbow o Blue Oyster Cult. Tras compartir esta tarea con Steve Harris en “Fear Of The Dark” (Emi, 92), sería el mismísimo bajista, en su propio estudio Barnyard, el encargado de tan complejo menester ayudado por Nigel Green. Una decisión que arrojaría tibios resultados, remediada ahora por el ingenio y la visión más objetiva de Kevin Shirley, tras el control técnico y el know how necesario. “Es importante ir en una nueva dirección. Hemos hecho los tres anteriores discos en el mismo estudio y en los ochenta también hicimos tres discos en un mismo lugar. Quizá llegó el momento de probar algo diferente y utilizar a alguien distinto. Particularmente estoy familiarizado con el proceso de grabación y he aprendido algo sobre las nuevas técnicas. He trabajado de esa manera durante tres discos y he quedado muy satisfecho. Kevin da lo mejor de sí mismo en todo momento: al obtener las mejores tomas grabadas en directo, a la hora de doblar las guitarras… consigue el mejor resultado en todos los aspectos y además hemos disfrutado trabajando con él”. “Brave New World” muestra a un conjunto maduro que pretende mantener su nombre impoluto como mito, sacando de muy dentro no sólo el mejor material que han sido capaces de plasmar, sino también su más cuidada y experimentada interpretación. Tal es el caso del trabajo vocal de Bruce Dickinson, quien, en función de lo visto en la gira “Ed Hunter”, ratifica su excelente estado de forma, algo que ya evidenciaba la presentación de su último disco en solitario “The Chemical Wedding”, en noviembre del 98. Como los buenos caldos, que no hacen sino mejorar con los años, una de las voces de oro del metal, despliega lo mejor de su arte en esta nueva opus. “Es genial. Canta realmente bien, pero no es algo que analicemos. Su interpretación es suprema. Cuando hemos hecho el disco no le hemos dicho haz esto o aquello, simplemente ha salido de la forma en que lo ha hecho”. Si hay algo que se ha redefinido invariablemente en su concepto, eso han sido las letras. El divorcio de Steve Harris se hizo notar en los versos de “The X Factor”, para combinar en los siguientes capítulos de la saga una plúmbea visión pesimista del mundo sin caer en la proclama ni en la arenga movilizadora de la masa. La realidad a través de los textos, pasada la barrera de los

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