Egon Soda llegan ya a su cuarto disco, “El rojo y el negro” (Autoeditado/Heart Of Gold, 18), una obra que no dejará indiferentes ni a sus seguidores, ni a sus detractores. Los catalanes vuelven apostar darle un golpe de timón a su música. Lo presentarán el 8 de marzo en Barcelona (Apolo, Festival Mil·lenni).

“El rojo y el negro”, cuarto álbum de Egon Soda, no dejará indiferentes ni a sus seguidores ni a sus detractores. Más que nada porque los catalanes vuelven a demostrar que, ante todo, son músicos. Y arriesgan. Con esa duda sobre cómo saldrá la jugada pero la satisfacción de haber hecho lo que sentía, nos sentamos a charlar con Ferran Ponton, alma máter del grupo que nos asegura que: “es difícil decir que algo así es premeditado o no. Yo tenía muy claro que iba a hacer un disco más negro, eso sí. En todas sus vertientes. La premisa era intentar no pensar si aquello tenía sentido que lo hiciera Egon Soda o no. Al final, al hacer un disco, descartas muchas cosas, y si lo haces es porque no se adaptan al plan que tienes en la cabeza”. Aunque no es una ruptura total. De hecho, el inicio del disco no difiere tanto de trabajos anteriores. “Está claro que, sobre todo “Lucha de clases” podría haber estado en el disco anterior sin ningún problema. En “Espíritu de la Transición” ya hay algo novedoso pero, como dices, donde realmente se aprecia el cambio es al llegar a “Glasnost””. Algo que, confiesa, está hecho de manera consciente. “Totalmente. No quería romper desde el principio. Además, el disco tiene algo que no habíamos hecho nunca antes y es que lo hemos grabado en el orden que sale y se ha mezclado también en ese orden. Así que supongo que eso hace que evolucione. La idea es esa, que tú entres poco a poco”. Y así llegas incluso a temas funk o latinos. “Es que a mí me gusta mucho el funk. Mi primera banda en la universidad era de funk. Me encantan grupos como Funkadelic, por ejemplo. No tenía muy claro si iba a funcionar con Pablo y con Ricky pero estaban encantados. Y sobre “Matanza”, que es donde está todo el poso latino, y que habla del atentado de Barcelona dudé mucho. Tuve ese reparo de si meterme en un sitio en el que estabas hablando de los espíritus de otras personas. Pero es que cuando pasa te quedas tocado. No te pasó nada directamente pero podías haber estado allí. Y esa sensación de que todo se podía desmontar duró cuatro cinco días de manera muy intensa y luego se fue diluyendo. No quería juzgar sino hacer pensar sobre algunas cosas. Me jodió mucho como se trató todo mediáticamente. Pensaba: ‘¿queréis dejar ya de sacar petróleo de esto?’”. Porque Pontón, letrista de todos los temas no se corta. Toma partido. Y eso dota al trabajo de otro tipo de negrura. “Parte de la infancia que yo he vivido, fue en un ambiente muy progresista, con unas ideas políticas muy marcadas. Y he tenido que aprender a vivir también con eso. A veces es fácil y difícil, porque te da unas herramientas muy útiles para vivir en el mundo pero, a veces, también te apetece tener una imagen más naíf, menos agresiva de las cosas. En las letras me pasa como en la vida, que intentas salir del patrón que te han marcado, pero al final vuelves a ellas. En la primera canción pongo mucho en duda el pertenecer a una familia que tiene una manera de pensar y como eso te puede joder la vida o no, pero te marca. Porque al final necesitas ser consciente de qué elementos de aquello te han servido, tú aportas los tuyos e intentas no repetir aquellos errores”. Por ello tiene claro que: “a mí me gustan los discos que son una foto de un momento. Hay momentos en los que se necesita reflexión, pero una cosa no excluye la otra. También hay momentos de hedonismo y felicidad. Yo creo que lo que ya no nos podemos permitir los músicos es no plantearnos las cosas. Si no te vas a meter en el jardín tienes que ser consciente de que no lo vas a hacer”.