LA FLOJERA SE ADUEÑA PAULATINAMENTE DE LA DISCOGRAFÍA DE GARBAGE, UN GRUPO QUE ASOLÓ LISTAS CON SU PRIMER ÁLBUM, QUE MANTUVO EL TIPO, A PESAR DE TODO, CON LA CONTINUACIÓN DE ÉSTE Y QUE SE ASIENTA SIN ASPAVIENTOS NI SALIDAS DE TONO, EN EL CENTRO GRAVITATORIO DEL MAINSTREAM MUNDIAL CON “BEAUTIFULGARBAGE”(MUSHROOM/PIAS, 01), SU TERCER TRABAJO.

CONTACTO

Abrumado por una temperatura que, definitivamente, no pertenece a estas latitudes, entré en el hotel e inmediatamente deslumbrado por el brillo del piso paré a preguntarme cómo era posible conseguir ese lustre y que qué demonios de ceras y de artilugios prescribía la gerencia del edificio para transmitir al mármol ese pulido nuclear y cegador. Luego subí a la primera planta y la moqueta permitió que abandonara las lentes oscuras en busca del salón, o la suite, de evocador y decimonónico sustantivo donde había de ser recibido por Butch Vig. Allí estaba él, enlutado hasta las ojeras de farra salvaje, o de vuelo transoceánico con escalas, reconociendo que un café, bien enlutado también, no le vendría nada mal en su proyecto más inmediato, que no era otro sino asemejarse lo antes posible a una persona, porque hasta en los momentos de mayor derrumbe físico, o de menor tiempo de sueño acumulado, parece lo que realmente es: una estrella del rock´n´roll, con sus gafas de muchos talegos y montura italiana y sus relojes de acero cromado y esfera imposible, también transalpinos, y sus camisas de corte impecable pero de porte informal y su perilla de milimétrico acabado. Armado con ese punzón de hielo que blanden aquellos cuyos años de brega en el oficio de entretener y salir en la MTV y vender millones de discos han sido los suficientes, Butch, el coctelero Butch, hace trizas el ambiente, gélido por la potencia del aire acondicionado y de su hoja de servicios, y me lo sirve de su mano, sin bandejas ni zarandajas, en vaso alto pero estilizado y tenuemente curvilíneo, con reborde de azúcar, sombrilla de papel y pajita, mientras ojea nuestro número de junio. “¿Las fotos de Radiohead son vuestras o las pasó la discográfica?”. Nos las pasó la discográfica. “¿Hemos sido portada de tu revista alguna vez?”. Pues no. “¡Me encanta el nuevo disco de Weezer!”. No lo sabía, oye, aunque tampoco sé, a dos meses vista de nuestro encuentro, si “Beautifulgarbage” (Mushroom/Pias, 01) es mejor, peor, distinto o igual que sus anteriores envites discográficos. Recuerdo, eso sí, que la única escucha, realizada en presencia de otros muchos periodistas, reunidos silenciosamente en torno a una mesa enorme y salubre de Pronto allá por el mes de junio, fue rumiada, Gran Vía madrileña abajo, con la convicción de que básicamente aquel disco era más o menos como “Garbage” (Mushroom, 95) y “Version 2.0” (Mushroom, 98) pero inferior en el cómputo global de canciones. “La variedad de canciones es mucho mayor que en los anteriores discos, hay muchos estilos e influencias reflejadas en él y para mí es definitivamente nuestro mejor disco y el que mejores singles contiene. Lo que hemos intentado hacer es llevar las canciones hacia lugares desconocidos por nosotros hasta este momento. Por ejemplo en ´Androginy´ empezamos con una producción a lo Missy Elliott, pero terminamos con guitarras fuzz sesenteras; en ´Can´t Cry These Tears´ sonamos a Phil Spector, con un toque muy soul… las voces de Shirley son distintas en cada canción, con registros muy diferentes entre sí”, me dice, mientras le hago saber que sí, que espero encontrar todas esas cosas cuando los que mandan levanten la veda al disco y permitan que lo escuchemos en toda su extensión y él parece alegrarse y me cuenta que seguro que las encuentro porque además “hay muchas referencias musicales en el disco: voces tipo Prince o Madonna. En ´Cherry Lips´ la cosa parece muy hortera y muy inocente a la vez, pero, aunque no quiero dar demasiadas pistas, te puedo decir que en realidad es bastante subversiva, no tan bonita como pudiera parecer”. Este tipo ya me estaba cayendo bien, he de reconocerlo, pero mi simpatía se disparó exponencialmente cuando harto de los continuos vistazos, e incluso nerviosas manipulaciones, a los que sometí a la grabadora, en la que la luz roja se encendía y apagaba súbitamente provocando en mí leves vaharadas de descontento, incluso de pánico, se abalanzó sobre ella, inspeccionándola con sus manos (copón, las mismas que grabaron “Nevermind” de Nirvana, “Siamese Dream” de Smashing Pumpkins o “Dirty” de Sonic Youth. Decidido queda: nunca lavaré este aparato), diciéndome que tranquilo, que tenía una exactamente igual en su casa, comprobando la cincha del pause, la gradación del volumen, el correcto balanceo del selector de velocidad, el ajuste de la tecla encarnada y liberando, finalmente, la activación automática de voz, ese invento demoníaco y huidizo que puede esconderse al común de los mortales, pero nunca mimetizarse ante un ingeniero de sonido como él, que, como no podía ser de otra forma, concluyó el episodio con las pertinentes comprobaciones: “Hola, hola. Prueba, uno, dos, uno dos”.

TENTATIVA

Todo bien, todo en orden. Tanto que a partir de este momento parece que la conversación fluye sin tropezar con los grumos técnicos que hasta entonces la entorpecían, impidiendo abrir una senda deseada e inédita, que, ahora sí, nos conduce hacia Ella, hacia La Gran Ausente, hacia Shirley Manson, una mujer secuestrada por la voz de Lolita a la que Darren Hayman, el cantante de Hefner, no dudó en comparar con una trucha, que ya le vale al gafotas de Darren, pensarán muchos, mientras otros se descojonan con la ocurrencia y Butch, el camarada Butch, va haciendo memoria: “Nuestro contacto con Shirley no fue instantáneo, no creas. Steve Marker la vio primero, en la MTV, en un vídeo de su primer grupo, Angelfish. Después coincidimos en un bar de Chicago, donde ella actuaba aquella noche y después del concierto estuvimos bebiendo cervezas y más cervezas y nos dimos cuenta de que había algo en común entre nosotros. Tras esa noche quedamos, y ella vino a Madison, donde tenemos el estudio, y con temas nuestros que ya estaban hechos cantó, pero en un principio decidimos que no nos interesaba. No cuajó. Pero en una segunda tentativa nos pusimos a trabajar con ella en el terreno compositivo, y de ahí salió ´Queer´ y salió ´Vow´ y fue entonces cuando empezó a gestarse de verdad Garbage. Pero no fue inmediato, llevó su tiempo”. Luego, con la fragante naturalidad del veterano investido por millones de copias vendidas, por millones de entrevistas a cara de perro, por millones de crónicas sediciosas, por millones de autógrafos firmados, por millones de millones en la cuenta corriente, explica que sus conciertos son perfectos, sí, pero que ni el más perfecto de los karaokes, lo sería tanto como Garbage porque ellos tienen a Shirley, tienen el hecho diferencial, tienen la voz. Lo tienen todo. Así que si has de echarle la culpa a alguien, échasela a ella, qué coño, porque “aunque es cierto que ensayamos muchísimo antes de salir de gira y que lo tenemos todo bajo control, luego oyes las grabaciones de directo y las cotejas con el disco y no tienen nada que ver. Es por la voz de Shirley, que es tan buena y pone tanto en el escenario, que consigue que parezca que no hay fallos” y, claro, no puede ni imaginar al grupo sin ella, porque ella es el centro de atención, aunque admite que a lo mejor al principio se fijaban más en que él era el productor de Nirvana, pero que enseguida ella se hizo con el mando de la nave y a día de hoy “Shirley es Garbage”.