Repleto de contrastes, como indica el propio nombre del proyecto personal de Óscar Vicente, Antílope León ha visto nacer su primer disco. Dividido en cuatro estaciones, “Primevera-verano-otoño-infierno” (autoproducido, 19) ha tardado, curiosamente, el mismo número en años en salir a la superficie. El chef ejecutivo, empresario y músico, no lo va a presentar en directo.

“Las canciones solo pueden hablar de amor y el que piense lo contrario que salga fuera y se pegue conmigo”. 

En ‘Primavera-verano-otoño-infierno’ no encontramos a Volador, tu banda de siempre. Incluso se te ve más cerca de la clásica que del rock.
Es un disco con muchas aristas. No es fácil de escuchar. La recomendación es oírlo por cascos, de tú a tú, como un libro. Hay canciones que están más cerca de la música clásica que del rock; siempre he escuchado muchos estilos de música. Ahora estoy intentando entender el trap. Me gusta Yung Beef, con eso creo que te digo todo. Hay mucho lirismo en este disco y te agradezco que no veas a mi antigua banda. Para mí eso es un piropo, porque he querido evolucionar y tenía miedo a que mi pasado condicionara la escucha. No quedé muy contento con la última etapa de Volador. Nos cegó el mainstream. Fue un infierno en lo musical y en lo personal. Entierro mi pasado, planto una semilla, la riego, la cuido y nazco de nuevo.

¿De verdad no va a haber ni un concierto de presentación del trabajo?
No hay ninguna posibilidad de presentarlo en directo. Solo lo haría por mucho dinero. Si alguien quiere pagar no menos de un millón de euros iríamos a presentarlo a su pueblo. Me interesa mucho más la parte de crear, grabar en el estudio. Eso es lo que más me gusta. Del ego de salir a un escenario, ya se me pasó, no lo necesito. Me gustaría componer canciones para otros artistas, en cuanto me cure, es lo que quiero hacer. Este verano me voy a Costa Rica, después me encerraré a ver si soy capaz de terminar mi segundo disco. Ya tiene título: “Róbame el corazón y échalo a los perros”. Será un disco de piano clásico, electrónica y voz.

Este es un álbum lleno de contrastes, el propio nombre, Antílope León, es uno de ellos.
Todo son contrastes: la vida, la muerte, un antílope y un león tienen que correr para sobrevivir, un cadáver alimenta la tierra, la noche, el día, el yin y el yang, el Barça, el Madrid… La época en la que está hecho el disco es muy amplia. Desde que se terminó de grabar lo he estado retocando, pero no lo retocaba yo, eran mis vivencias. Los verdaderos autores de estas canciones son las cosas que me pasan. Es como cuando quedas con un amigo para contarle un problema o una alegría, las canciones son eso. Yo hablo de mí. Desnudo mi espíritu, aunque a veces si no es lo suficientemente poético, me lo invento, como una película, como un libro de ficción. Pero tiene que haber algo detrás, si no es imposible escribir una canción bonita. Me han ocurrido cosas muy extremas en la vida, unas muy buenas y otras muy duras. No soporto la levedad, ni la tibieza. No elijo de qué hablo, solo sé que no malgastaría una canción hablando de política. Las canciones solo pueden hablar de amor y el que piense lo contrario que salga fuera y se pegue conmigo.

El tópico de desnudarse, tópico pero real, aquí se cumple al 100%.
“Primavera-Verano-Otoño-Infierno” es un recorrido vital resumido en doce canciones que representan los doce meses del año. Un trozo de mi vida que no corresponde estrictamente a un periodo de tiempo. Corresponde más a un estado de ánimo. Está presente la primavera porque es el florecer, el renovarse, el nacimiento, lo que nos guía. El verano que representa la parte más superficial, lo material, el hedonismo, con esa felicidad incontenida y ese terror a que termine. El otoño, que es la antesala a la muerte, la tristeza, las hojas en la calle, el viento que parece que llega. Y el infierno, que enmascara todo lo malo que no nos hace aprender. La verdadera muerte. Y así hasta el infinito. Se repite el proceso. Está claro que toda obra es un reflejo del autor. Soy una persona con sensibilidad poética. Puedo estar mirando las nubes durante horas, la belleza de las cosas pequeñas; un grano de arena en mi mano, es un universo. Casi todas las noches, en los sueños, algunas melodías vienen a verme. Así hice este disco, con melodías que recordaba al despertar. Sobrevaloro la belleza del arte en general. Soy tranquilo, pero si me atacan, muerdo y no suelto.

Te has sabido rodear de grandes músicos a la hora de llevar adelante esta obra. Emilio Larruga al piano, Noelia Gracia en el violín, Nacho Estévez ‘El Niño’ en la guitarra, Toto Sobieski al bajo y Fran Gazol a la percusión.
Lo que tenía claro es que necesitaba hacer lo que me diera la gana. Esa era la única condición que me puse. Lo segundo es que los músicos que me acompañaran en el proyecto debían ser los mejores y venir de otras disciplinas. Emilio con formación clásica, Noelia Gracia también del clásico, Nacho guitarrista flamenco, Toto Sobieski que procede del jazz y Fran Gazol batería de jazz. Luego te llegan comentarios de gente que dice que con esos músicos cualquiera hace un buen disco. Yo lo que les digo es que sí, totalmente de acuerdo; si queréis sonar bien, sonar como yo, contratarlos, son muy caros, pero si les gusta vuestro proyecto aceptarán. Todos han aportado muchas cosas. El disco se gestó en dos viajes: uno en la playa, en Hospitalet, y otro en la montaña, en Benasque. Yo llegaba con mis canciones hechas a guitarra y voz y entre todos le íbamos dando forma. Recuerdo a Nacho Estévez coger una eléctrica Duesenberg con un pedal de distorsión, Emilio Larruga experimentar con la electrónica y estudiar cómo encajarla en el proyecto, los arreglos de cuerda de Noelia Gracia, el trabajo rítmico de Toto y Fran. Pero sobre todo lo que más me ha sorprendido es su parte humana y lo bien que nos lo hemos pasado haciendo y grabando este disco.

“He estado un año y medio sin poder tocar, me han diagnosticado una fobia a la música. Lo que más amo me causa terror”. 

Hablas de muchas compañías de viaje ¿Qué gente ha hecho posible que este disco sea una realidad?
Surgió una oportunidad de grabar en uno de los mejores estudios de Zaragoza, gracias al colectivo Aragón Musical que sufragó parte de la grabación, y por el propio estudio, Luna Nueva, que echó muchas más horas de las que les correspondía, porque creía en el proyecto. Kike Cruz es un crack, nos grabó la canción “Seres de luz” y sobre todo Pichin, que es un genio en la sombra, el Prince de Torrero lo llamo yo. Pichin es gran parte de este disco. Hizo unos arreglos preciosos y hasta me grabó coros. La mezcla también corrió por su cuenta y el mastering lo hicimos con Javi Roldón de Vacumm Mastering, fantástico su trabajo. También mencionar a Emilio Larruga, que hizo un increíble trabajo de pre-producción y post-producción. Y Kike Gallego, mi manager, que me da cariño. Yo soy la mamá, pero papás hay muchos.

Hace más de cuatro años lanzas una botella con un pendrive con tu disco al mar. La idea era que alguien la recogiera y, así, sacar a la luz este álbum, que obviamente ya estaba grabado ¿En cuatro años no se te había pasado por la cabeza publicarlo?
Os cuento el viaje e historia de este disco. En mayo de 2014 lo terminé. No sabía muy bien qué hacer con él, así que lo metí en una botella junto con una nota y lo lancé al mar. Buscaba una señal, un sentido, una luz… Solo si alguien lo encontraba, lo compartiría con el resto del ‘mundo’. Cuatro años y tres meses después, Gabriel José encontró una botella. Fue el 27 de agosto de 2018 en una pequeña playa de la Península del Yucatán, México. Este fue su mail: ‘Hola, querido Antílope León, aunque no le conozco de nada, supe apreciar la belleza de su historia, puede compartir su disco con el resto del ‘mundo’, está invitado a México cuando quiera. Atentamente, Gabriel José’. La verdad es que todavía no me lo creo. Estas historias pensaba que solo pasaban en las películas. Nunca me planteé sacarlo a la luz si la botella no llegaba a alguien. Ahora espero conocer en persona a Gabriel José este verano, darle un abrazo y agradecerle que me respondiera.

Es un disco compuesto y concebido, pues, hace tiempo ¿Sigue reflejando, aún así, tu realidad?
Sigue representando una realidad. No sé si la misma que si lo hubiera grabado ahora. De todas formas lo hemos retocado durante todo este tiempo, con Emilio he estado muchas noches cambiando cosas. Había algo en nosotros que no nos dejaba terminar. En el fondo no queríamos acabar. En realidad no queríamos que la botella llegara a nadie. No queríamos que nuestro hijo se fuera de casa. Aunque ha sido muy liberador y gratificante. Quizás vaya a buscar el segundo. Creo que este disco tiene algo que aportar, algo que decir.

¿Con una carrera musical de hace años qué esperas ahora de la música?
De la música espero ‘todo’. Antes, cuando era más joven,’todo’ significaba tener éxito, dinero, follar, quería ser una estrella. Ahora ‘todo’ significa vivir tranquilo, componer para mi familia, ver a mi hija Aura crecer, ver a Nicole estudiar, no tocar en directo y, de vez en cuando, si me apetece, sacar un disco. Espero no trascender. He estado un año y medio sin poder tocar, me han diagnosticado una fobia a la música. Lo que más amo me causa terror. Poco a poco lo voy superando. La enfermedad de Aura me dejó débil, no podía ocupar mi energía en otra cosa que no fuera ella y mi cerebro reaccionó así para protegerse del exceso de estrés. Sin Ericka Yirlens a mi lado no hubiera podido hacerlo, ella era fuerte cuando yo me caía.

“Entierro mi pasado, planto una semilla, la riego, la cuido y nazco de nuevo”. 

El disco está disponible en las principales plataformas digitales así como en formato cedé. ¿Era importante que hubiera formato físico?
“Primavera-Verano-Otoño-Infierno”, está disponible en todas las plataformas digitales, Amazon Music, iTunes, Xbox Music, Google Play, Spotify… Y en físico, en Zaragoza: Discos Linacero, El Poeta Eléctrico y Vivalavida. También lo enviamos por correo ordinario a cualquier parte del mundo. No era importante el formato físico, ha sido un capricho romántico más que otra cosa. Los coches vienen sin cedé. Los adolescentes no saben lo que es un cedé prácticamente. Hay una clara derrota de la industria musical que no ha encontrado la fórmula para subsistir. La música es algo gratuito con Spotify, difícil vender algo, si alguien lo regala. Y no me quejo, ni me parece mal, tenemos que adaptarnos a los cambios tecnológicos, entenderlos y aprender a crecer en ellos. Toca buscarse otro trabajo aparte para poder comer. Me refiero a la clase media de la música, que antes sobrevivía de la música, a la música y por la música. Ahora esto ya no es posible.

¿Es tu principal proyecto actualmente?
Ahora estoy embarcado en un nuevo proyecto empresarial que se llama Aloha People Club. Un pequeño Bar para clientes en todo el mundo.

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