MondoSonoro Libros

Tremolina publicó quince números entre 1999 y 2004, un momento que hace de bisagra entre la edad dorada de los fanzines y la etapa post-internet en la que nos encontramos. La nostalgia sobrevuela los prólogos que firman Jesús Miguel Gimeno, -factótum de Tremolina– y Xavi Sánchez Pons, muy querido en esta casa y que por aquel entonces además de firmar algún que otro artículo en el zine de Jesús dirigía su propia publicación: Estrella presenta. No es la inevitable nostalgia que provocan los recuerdos de juventud. O al menos no exclusivamente. Algo cambió para siempre con el paso del papel al online.

Se repite obsesivamente que internet ha supuesto la democratización de la música y las actividades asociadas a ellas. Y hay algo de cierto pero también mucho de falsedad en esa afirmación. El acceso a una página web sitúa a todas las cabeceras al mismo nivel, lo que a la postre ha provocado una avalancha de medios de comunicación que tratan la música desde puntos de vista clónicos. La realidad es que, aún pretendiéndolo, no todo el mundo practica el mismo tipo de periodismo musical; es una cuestión de recursos (económicos, humanos, de tiempo) y también de bagaje, de intenciones o de la falta de ellas.

Desde su origen, cuando cada número estaba compuesto por un puñado de fotocopias de corta y pega, hasta la “revolución digital” que se aprecia a partir del séptimo número, si de algo fue sobrado Tremolina fue de intenciones. Como todos los zines cuyo nombre sobrevive al paso del tiempo, Tremolina fue esencialmente producto de una pasión desaforada: por Preston Sturges, el C-86, el sonido Donosti, La Casa Azul, las películas de John Hughes o las de Joe Dante,… Es bastante probable (y esto no es una certeza) que a diferencia de antepasados ilustres de apellido Munster, Macondo o Subertuge, sus firmas ya contasen en ese momento con la inestimable ayuda de herramientas como Napster o Audiogalaxy para completar discografías perdidas y acceder a artistas ignotos. ¡Es sólo una sospecha! Y un piropo en realidad, porque sus últimos números demuestran un saber enciclopédico a la hora de plantear artículos en profundidad sobre Lawrence & Felt, la subterránea discografía de Patrullero Mancuso o la escena punk-pop de Olympia. Parece poca cosa en un momento en que tenemos a golpe de click la biblioteca de Alejandría, pero hay que recordar una vez más que en 2001 la Wikipedia daba sus primeros pasos y muy posiblemente un proyecto como el de La Fonoteca ni siquiera se había pasado por la cabeza de sus creadores. Teníamos, eso sí, una prensa musical funcionando a pleno rendimiento; pero como dejaba caer antes, medios como MondoSonoro caminábamos en paralelo al pasional universo del fanzineo.

Concluyendo, más allá de la información que cada cual pueda extraer de sus 344 páginas, este recopilatorio integral de las andanzas de Tremolina es, al igual que aquel otro dedicado al fanzine Stamp publicado hace un tiempo, un homenaje a una manera de entender la música y la cultura pop con sus ritos y peajes. ¿Mejor o peor que la actual? Por favor, aunque la respuesta ha sobrevolado estas líneas déjenme que la opinión me la reserve…

Uso de cookies

Utilizamos cookies para mejorar nuestro sitio web y su experiencia al usarlo. Las cookies utilizadas para el funcionamiento esencial de este sitio ya se han establecido. Para obtener más información sobre las cookies que utilizamos y cómo eliminarlas, ver nuestra Política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies