Con las horas cantadas
Libros / Gil Scott-Heron

Con las horas cantadas

8 / 10
José Martínez Ros — hace 2 meses
Empresa — Libros del Kultrum

Gil Scott-Heron (1949-2011), activista, novelista, poeta y músico, tuvo una vida relativamente breve, pero de una intensidad de la que dan cuenta estas memorias. Si por algo destaca este libro es por el vitalismo, por la energía que impregna cada una de sus páginas. A pesar de sus dificultades y baches (entre los que hay que destacar sus problemas con las drogas), apenas hallamos algún lamento. Su autor es consciente de que ha llevado una vida llena de momentos privilegiados que nos relata con una especie de alegría natural. En realidad su proyecto original era escribir un texto en homenaje a su amigo Stevie Wonder, que había realizado junto a él una larga gira para impulsar que instituyeran el Día de Martin Luther King, como finalmente sucedió. Sin embargo, al sumergirse en sus recuerdos, la narración se desbordó hacia el pasado, extendiéndose mucho más de lo que tenía previsto en principio.

El libro rinde un sincero tributo a dos mujeres fuertes que marcaron su existencia. Nacido en Chicago, en un hogar roto, pasó su infancia en el profundo sur segregado, en casa de su abuela, quien le inculcó su amor por la lectura y la música, en particular por el jazz y el soul que oían en la radio. A su muerte, cuando tenía doce años regresó con su madre, que por aquel entonces residía en New York, en el Bronx. Allí se convertiría en un activista estudiantil y un escritor en ciernes. De la influencia de ambas, nació el himno anti-apartheid “Johannesburg”, la contestataria “The Revolution Will Not Be Televised” y su novela “El buitre”, ambientada en el durísimo Harlem de la época, y que se adelantaba a películas como “Haz lo que debas” o “Los chicos del barrio”. El tono optimista y celebratorio sólo se quiebra en las últimos capítulos, las más oscuros, cuando se refiere a la relación distante que mantiene con sus hijos y antiguas parejas y a sus problemas de salud, a los años perdidos que siguieron al fulgurante inicio de su carrera. El conjunto es, como la obra de Scott-Heron, tremendamente singular y único. Pero no podíamos esperar menos de alguien que, por méritos propios, se convirtió en vida en una leyenda de la contracultura.

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