Famesick. Unas memorias
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Famesick. Unas memorias

8 / 10
José Martínez Ros — 01-11-2026
Empresa — Editorial Debate

“Famesick”, las memorias de Lena Dunham, ha sido uno de los libros de no ficción más vendidos, discutidos y alabados de los últimos tiempos en Estados Unidos. Sin embargo, su recepción en España se ha visto inevitablemente empañada tras conocerse que había sido madre mediante gestación subrogada; es decir, a través de un vientre de alquiler (casi al mismo tiempo que otra artista aún más célebre y también asociada al ala más progresista del Partido Demócrata: Lady Gaga). Por decirlo de algún modo, su imagen como icono feminista ha quedado bastante deconstruida.

De hecho, podría afirmarse que Dunham ha perdido, por segunda vez, la oportunidad de convertirse en un referente para millones de mujeres en nuestro país. Como todo el mundo sabe, la serie que la lanzó al estrellato fue “Girls”, una de las últimas producciones de HBO con un auténtico impacto (prácticamente al nivel de las legendarias “Los Soprano”, “The Wire”, “A dos metros bajo tierra” o “Curb Your Enthusiasm”), una suerte de epílogo de la “edad de oro” de las series, justo antes de que el modelo Netflix arrasara con la “televisión de prestigio”.

La ficción catapultó a una Dunham veinteañera, que la creó, escribió y protagonizó. Interpretaba a Hannah Horvath, una neoyorquina egocéntrica, confusa y desorientada que sueña con ser escritora y sobrevive, a duras penas, entre amantes inadecuados y empleos precarios. La amistad femenina ocupaba un lugar importante, pero era una amistad real, llena de pequeñas rencillas y tensiones, sin ninguna idealización. El personaje la convirtió en una especie de símbolo de la generación millennial, con todas sus virtudes y defectos. Por si fuera poco, era la novia de Jack Antonoff, famosísimo músico y, sobre todo, productor, responsable del sonido de innumerables éxitos de Lana del Rey, Lorde, St. Vincent, Taylor Swift y un larguísimo etc. Pero cuando la serie se estrenó, en 2012, aún faltaban varios años para que HBO (y luego Max) desembarcara en España. Por eso se emitió en Canal+ y pasó casi completamente desapercibida.

Como también es sabido, tras las seis temporadas de “Girls”, la carrera de Dunham se eclipsó con una rapidez desconcertante, al mismo tiempo que se derrumbaba su relación con Antonoff. Tras la lectura del libro, descubrimos que la causa principal fueron sus persistentes problemas de salud, que ya comenzaban a afectarla durante los primeros años de la serie. Sin embargo, “Famesick” no cae en la autocompasión. Antonoff comentó al inicio de su relación que la ironía y el ingenio de Dunham le recordaban al de Woody Allen, y sus memorias comparten algo de ese humor neurótico y punzante, dirigido en todas direcciones, incluida ella misma. Esto contribuye a que el lector acabe encariñándose con una figura que, mucho antes de que el término “nepo baby” se pusiera de moda, ya lo encarnaba al ciento por ciento.

Sus padres eran artistas famosos y fue alumna de algunos de los centros educativos más elitistas de Nueva York, donde, por cierto, conoció a buena parte del futuro reparto de “Girls”. Muchas de aquellas actrices eran amigas suyas desde la infancia y también procedían de familias pertenecientes a lo que podríamos denominar una “clase intelectual privilegiada”. Cuando intentaba abrirse camino como cineasta independiente (algo que logró con sorprendente rapidez, gracias a que las amistades de sus padres le prestaron el dinero necesario para financiar su primera película), acudía a las mismas fiestas en destartalados estudios de Tribeca que futuras celebridades como los hermanos Safdie o Greta Gerwig. Es obvio que Dunham tenía muchísimo talento, pero sin la suma de todos esos factores no se explica que, a los veintiséis años, fuera la responsable de una serie que tenía un presupuesto por episodio de tres millones de dólares.

Por supuesto, había truco. HBO colocó a su lado, como productora ejecutiva de “Girls” a Jenni Konner. Esta era una mujer mayor que ella, con más experiencia, también muy ambiciosa, que se ganó con rapidez su amistad y, sobre todo, se transformó en algo semejante a su guardiana, una guardiana a ratos amable, a ratos malévola de la joven, talentosa y, de vez en cuando, bastante insegura Dunham. Es probable que fuera una figura necesaria para que la responsabilidad de llevar adelante “Girls” no la abrumara, pero, tras unos pasajes en los que se encarga de explicarle a Dunham que se veía en la pantalla “demasiado delgada” o “demasiado guapa” para su personaje y que “debía comer más”, los lectores de “Famesick” tenemos la absoluta seguridad de que hemos encontrado a la villana de la función, la representación del ecosistema corporativo que exprime a una joven revelación y luego le da la patada.

El otro antagonista del libro es su propio cuerpo. Este la traiciona muy pronto, y fue a peor a medida que empezaba la serie. Dunham comenta que enfermar no es muy diferente de hacerse muy famosa. En ambos casos, se trata de una experiencia circular que te enloquece y te distancia del resto del mundo, incluso de las personas que eran más cercanas. Es una observación triste, graciosa y sabia; y este libro tiene otras muchas. Quizás Dunham no es una persona modélica (desde luego, su versión de sí misma que mostraba en “Girls” no lo era), pero nos hallamos ante una escritora excelente.

 

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