El fuego de Prometeo
ConciertosDorian

El fuego de Prometeo

8 / 10
Don Disturbios — 31-10-2026
Empresa — Damm
Fecha — 30 octubre, 2026
Sala — Apolo, Barcelona
Fotografía — Núria Arias (@naariast_cam)

En el tramo final, justo antes de ese broche bailongo que supuso “La tormenta de Arena”, Marc Gili se dirigió en catalán a la audiencia para prometer regresar con un nuevo disco “ple de mala llet” (lleno de mala leche). Y eso no es baladí. El principal compositor y cantante de Dorian es plenamente consciente de que el temblor ya está aquí. Tiempos oscuros en los que la mala baba será más necesaria que nunca; Donde habrá que velar por no dar ni un paso atrás en los derechos alcanzados; Donde hablar en catalán volverá a convertirse en toda una declaración de principios: un acto político en sí mismo; Y donde habrá que defender ese horizonte dual con las armas que proporcionan un bajo que suene bien gordo, un fraseo de teclado pegadizo, un golpeteo de parche contundente, y unas letras que nos remuevan fuerte por dentro. De eso va Dorian y eso fue justo lo que nos ofrecieron en su máxima expresión, durante un concierto que sonó de ensueño, y que supuso el cierre soñado a una larga gira de dos intensos años.

Y fue así, plenamente conscientes de la importancia de la cita en ese Apolo que tantas noches de gloria nos ha dado, como iniciaron su concierto; con un póquer de su repertorio que encadenó de entrada: “Los amigos que perdí”, “La isla”, “Paraísos artificiales” y “Verte amanecer”. Tremendo arranque que generó un intenso clímax de entrega por parte del público, que apenas descendería a lo largo de las casi dos horas de bolo y las veinte canciones que interpretaron. Todo un zarandeo emocional que quedó apuntalado con temas tan efectivos de su repertorio como “El temblor”, “Duele”, “Dual” o esa “Vicios y Defectos” que crece de forma exponencial en directo, gracias al aporte, como vocalista y a dúo, del guitarrista de la banda Lisandro Montes. Demostración latente de la importancia que tienen todos sus integrantes, y de lo bien que encajan cada uno en su rol. Sin duda, uno de los motivos que explican porqué Dorian ha logrado mantenerse en lo más alto del candelero durante veintidós años. Superando, incluso, la ruptura sentimental de su núcleo duro, sin perder ese halo de romanticismo oscuro que impregna la esencia de sus canciones.

Llegados a este punto poco más que añadir. El público entregado, la banda en estado de gracia, la sala sonando a punto de caramelo, y el ambiente en éxtasis por la extraña belleza de esos versos que, nacen de la pluma de Marc y son toda una declaración de principios. Barras repletas de una híper sensibilidad muy especial. La misma con la que es capaz de regalarnos una desgarradora balada como “A cámara lenta”, en la que resulta difícil no caer rendido a la hora de cantar a coro: ”Y sin embargo cuando nos vemos, Todo nos cuadra, los dos los sabemos, Nadie imagina lo que tenemos, Que no nos robe la vida los sueños”. ¿Se puede expresar mejor la importancia de soñar y el derecho a materializar lo soñado? Pues de eso se trata y de eso trata y tratará en el futuro la propuesta de Dorian. En la defensa a ultranza de evitar que nadie se erija con el derecho a robarnos lo único que nos queda: las ideas trenzadas a partir de los sueños. El mismísimo fuego que Prometeo robó del Olimpo para alumbrar a los seres humanos.

Se encienden las luces y los rostros lucen felicidad y sudor. El tramo bailongo final que ha supuesto encadenar “Materia oscura“ -con guiño incluido a los Pegamoides- con “La tormenta de arena” nos ha puesto, pese a la edad de algunos, a saltar como locos. Un ejercicio de gimnasia y baile que solo puede indicar una cosa: lo hemos pasado en grande. Así que solo cabe esperar que en el futuro nos encontremos con Dorian en cualquier otra parte. Nosotros ahí estaremos.

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