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Eduardo Ruiz Sosa Cuántos de los tuyos han muerto

No se puede soslayar el hecho de que este libro, “Cuántos de los tuyos han muerto”, ha sido escrito por un mexicano. Aquí se representa una cultura de la muerte como un hecho público, no necesariamente de un modo truculento, grosero o infame sino natural y cotidiano, sin más estridencias que las habituales de la cotidianeidad del existir. Así, este libro de relatos del mexicano Eduardo Ruiz Sosa, publicado recientemente por la editorial Candaya, va menos de lo corporal que de, como escribe el propio autor, de la “experiencia. Y la afectación de esa experiencia”. Por ello, aunque el contexto es el de los fines de las vidas, no así es este el tema principal de los relatos, mucho más preocupados por la falsedad de los recuerdos, la parentalidad de las memorias (des)conocidas o las imaginaciones del pasado.

Todo ello para decir que aquí se resuelven los textos en una suerte de bucle donde confluyen los tiempos y que sirven para evidenciar los vínculos con el pasado. Es cierto, sin embargo, que hay dolor, y que no es que éste se repita, sino que “transforma su cifra”. Así, son innegables las relaciones de la vida con el cuerpo a través de su precariedad (que tiene que ver, empero, más con la vejez o la enfermedad que con hechos luctuosos; aunque algunos también hay), pero, no obstante, es un libro más sobre los destinos, sobre el modo en el que éstos jamás prometen lo que cumplen. O dicho de otra manera, de la imposición de tomar la vida como un mero experimento. Y es un experimento que sí, se entiende desde el cuerpo y en relación con los otros cuerpos. Pero más como habitáculos que en tanto que ejes actantes de un relato.

Ruiz Sosa aquí esgrime una prosa atigrada, por momentos levítica y sustancialmente porosa, que le sirve para que la sintaxis vaya reptando –y, al tiempo, desmembrándose y (re)constituyéndose– en diferentes oleadas de sentido. Por decirlo en términos poéticos: es infinitamente menos importante la diégesis que la prosopopeya, de la cual surge, a modo de mantra, una verdad crucial. O como escribe Ruiz Sosa en “La mirada médica”, se trata de “conocer, de verdad, las palabras que nombran”. Este libro, pues, sería así un rastreo fogoso por los aledaños del vivir y, en última instancia, un tratado sobre el torvo aprendizaje de los afectos.

En cuanto a la técnica, hay algún narrador en tercera persona e incluso algún narrador autodiégetico que boquea entre la primera persona del singular y la del plural, pero en general, lo más destacado de los textos son los narradores intradiégeticos disfrazados de falsos testigos. Y luego el volumen trae una gema extraña: “No tiene nariz ni ojos pero sí una boca”, un relato que transita un espacio à-la-Djuna Barnes o incluso à-la-Jean Rhys. Es el más poético de todos, tremendamente evocador y que además da bastantes de las claves de la lectura del conjunto de los relatos (la dificultad de la autoafirmación como individuo, el fingimiento, los recuerdos disfrazados, la (im)perfección de la vida y del cuerpo, la imposibilidad de asegurar la veracidad de un relato y el mito de la muerte). Precisamente escribe en ese relato Ruiz Sosa algo clarividente. Dice: “La muerte nos convierte en palabra/la carne que se hace verbo/objeto de recordación en los otros”. O cómo decir que los seres humanos somos menos cuerpo que palabra. Más relato que acción.

Por último, querría mencionar cómo “Cuántos de los tuyos han muerto” es, en cierta medida, un libro disidente, pues ya desde su génesis (provocada por la muerte de la madre del autor) está pensado no como un entendimiento, justificación del duelo o acaso celebración de las ausencias, sino que son textos que conviven con ellas, que las aceptan de un modo habitual, fraternal y muy humano. De ahí, sí, la belleza conmovedora y extraña que señalan los editores en el texto de contracubierta. Una verdadera presencia incuestionable e ineludible (esta belleza sinestésica) y lo que convierte este libro de relatos en un poderoso artefacto literario que ningún buen lector debería dejar escapar.

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