Dar la cara. Una vida al descubierto
Libros / Paul Stanley

Dar la cara. Una vida al descubierto

7 / 10
Joan S. Luna — hace 2 semanas
Empresa — Es Pop
Fotógrafo — Javier Rodríguez

Cinco años han sido necesarios para que llegase a nuestro mercado “Dar la cara. Una vida al descubierto” de Paul Stanley, el primero de los libros firmados por alguno de los miembros de la banda de rock estadounidense Kiss que se publica en España. Ahora, coincidiendo casi con el supuestamente final definitivo del grupo (por lo menos, atendiendo a algunos comentarios de sus miembros, del grupo tal y como hasta ahora lo conocemos: es decir, con Paul Stanley y Gene Simmons al frente), Es Pop nos brinda la oportunidad de disfrutar de la historia de los responsables de discos clásicos como “Destroyer”, “Love Gun”, “Alive”, “Lick It Up”, “Psycho Circus” y un largo etcétera, desde la perspectiva de uno de sus motores principales, el guitarrista, cantante y compositor Stanley Bert Eisen, más conocido artísticamente como Paul Stanley. Es evidente que ese punto de vista es imprescindible para cualquier fan de la banda de Nueva York, de ahí el valor de poder leerlo en castellano desde hace un par de meses. A esos seguidores va realmente dirigido “Dar la cara. Una vida al descubierto”, una biografía amena, que se lee con bastante facilidad y que sobre todo desvela algunas de las claves de la supervivencia (más que del éxito) de Kiss a lo largo de varias décadas de existencia.

En cierta manera, Stanley ha escrito esta obra para intentar transmitirnos lo difícil que fueron para él unos inicios en los que se vio obligado a luchar contra sus defectos físicos y contra la tradición judía en la que se había criado. El guitarrista gira y gira sobre esa cuestión, dedicándole páginas y páginas, con la intención de que imaginemos la desventaja desde la que partió hacia el estrellato en el mundo del rock’n’roll. Stanley incide muchísimo en que le veamos como un chico sencillo de un barrio pobre de Nueva York que luchó por hacer su sueño realidad y que jamás ha encajado en los tópicos de las estrellas del rock. En cierta manera lo consigue, por lo menos hasta que nos narra algunos momentos de su vida en los que actúa de forma muy parecida a cómo lo harían esas otras estrellas con las que supuestamente tiene poco que ver. Se lo perdonamos, obviamente, pero las dudas quedan ahí sembradas para quien quiera asirse a ellas.

Como cualquier seguidor de Kiss imaginará, en esta narración cronológica de la trayectoria de Stanley, y por tanto de Kiss, no faltan los episodios en los que Stanley habla sobre su vida sexual, ni todos aquellos complicados momentos en los que Ace Frehley y Peter Criss se habían convertido en verdaderos lastres para una de las más populares y vendedoras bandas de la historia del rock estadounidense. También descubriremos infinidad de luces y algunas sombras alrededor de Bill Aucoin o Neil Bogart, ambos personajes imprescindibles para entender lo que fueron Kiss durante buena parte de su carrera. Los más inesperados quizás sean los pasajes en los que Stanley desacredita el papel de Gene Simmons durante un período bastante largo de su trabajo juntos o cuando nos descubre su relación con Eric Carr, a quien Stanley suele describir como un tipo inseguro e incapaz de entender su verdadero papel. Diría que nadie sale del todo bien parado en este “Dar la cara. Una vida al descubierto” más allá de Bruce Kulick, Eric Singer, Tommy Thayer y la actual familia del cantante. Stanley suelta collejas a diestro y siniestro (también se llevan las suyas músicos como Slash o Michael Bolton, por citar un par), reivindicándose como el verdadero eje fundamental de Kiss –algo con lo que podemos estar de acuerdo–, pero dejando demasiados cadáveres por el camino. Es cierto que también suele tener buenas palabras para casi todos los protagonistas de la historia, pero una vez puestas sus apariciones en una balanza casi todos salen malparados. Se entienda así o no, lo que es evidente es que resulta bastante entretenido descubrir los entresijos de una banda de las características de Kiss y los movimientos acertados o los patinazos que han ido dando a lo largo de todo este tiempo.

Lo dicho, ameno y muy fácil de leer si uno conecta con la banda. Porque en su contra debemos apuntar, eso sí, que “Dar la cara. Una vida al descubierto” no es uno de esos libros que pueden atraer a aficionados que no tengan un cierto vínculo emocional con la música de Kiss. Si están ustedes buscando un compendio de excesos, anécdotas salvajes y todo eso, sepan que no es lo que van a encontrar en “Dar la cara. Una vida al descubierto”. Si, en cambio, lo que buscan es entender un poco mejor los entresijos de una de las más grandes bandas del rock entendido como espectáculo y qué piensa un tipo de sesenta y tantos años de edad que se continúa maquillando noche tras noche antes de salir al escenario a interpretar sus himnos antes millares de personas, eso sí lo encontrarán en estas cuatrocientas cincuenta páginas.

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