The Union
DiscosElton John / Leon Russell

The Union

8 / 10
Don Disturbios — 04-02-2011
Empresa — Mercury
Género — Blues

Las grandes estrellas de aquellos buenos viejos tiempos en que todo era mucho más auténtico y puro, le deben un monumento al señor Rick Rubin. Fue el productor de largas barbas y melenas quién marcó el camino de como había que recuperar el pulso. Ese tono perdido en la comercialidad de una década, la de los ochenta, cuya modernidad pilló con el culo al aire a los que venían de los sesenta y más atrás. La mayoría se quisieron adaptar a las producciones influidas por la música disco y el r’n’b más hortera, y se les vieron todas las costuras. Ejemplos los hay a patadas, pero uno de los más emblemáticos es sin duda el de Elton John. Tras una década prodigiosa como la de los setenta, tiro todo su prestigio por la borda en la década que vino después, donde son más conocidas sus fiestas salvajes, en las que el champán francés y la cocaína corrían a placer, que sus endebles composiciones. Pero no solo Rick Rubin ha sido el único en saber atemperar la obrar de esas viejas glorias como Johnny Cash o Neil Diamond, aunque su figura sea la más reconocida. Otros como Daniel Lamois lograron poner a nada menos que Bob Dylan en vereda o recuperar las cotas de popularidad de Emmylou Harris. Y también el que nos ocupa en esta ocasión, el Sr. T-Bone Burnett, responsable de que Robert Plant relanzara su prestigio gracias al excelente dueto que se marcó con Alison Krauss en un álbum indispensable como “Raising Sand” o que los discos de John Mellencamp vuelvan a tener cierta consideración entre el aficionado. Aunque T-Bone Burnett no trabaja solo, suele acompañarse de artesanos tan eficientes como el guitarrista Marc Ribot (búscalo en los créditos de discos básicos de Tom Waits como “Rain Dog’s”, “Mule Variations” o “Real Gone” y entenderás quién ayudo al de Pomona a reinventarse) o el percusionista Jay Bellerose. Musicazos con los que es capaz de tejer unas capas de elegancia sonora que redimensionan cualquier composición que se precie. Y este disco de Elton John con Leon Russell no iba a ser una excepción. Si hay algo que destaca incluso por encima de las composiciones es la calidad de la grabación, la perfecta sincronía de los instrumentistas y la elegancia de las notas, en especial la de pianos y teclados de los tres protagonistas.

Es este por tanto un disco de esos que se hacen por y con placer y que debe deleitarse de igual manera. La historia es conocida y no deja de ser una forma de homenaje de Elton John a uno de sus héroes, el tambíén pianista y compositor Leon Russell, que formó parte de aquel mítico grupo de músicos de sesión, conocidos como The Wrecking Crew, y que bajo la batuta de Phil Spector y Jack Nitzsche se encargaron de un buen número de sesiones de grabación de discos míticos en la soleada California de la primera mitad de los sesenta. Discos de los Beach Boys, Carpenters, Nancy Sinatra o The Monkees, se vieron beneficiados de su pericia instrumental. La misma que demuestran poseer casi intacta a pesar del inevitable paso del tiempo.

Y así, con sonoridades clásicas que van de rhythm and blues al gospel pasando por el soul, este par de veteranos se dejan llevar por su pasión por el jazz de Nueva Orleans, el country o el ragtime y nos regalan una serie de composiciones elegantes que aseguran el disfrute del oyente más veterano. Melodías que alcanzan cotas de máxima intensidad en baladas como la preciosa “Gone To Shilom”, en la que otro veterano curtido en mil batallas como Neil Young deja su impronta con ese falsete imposible de imitar. Ya solo por este tema vale la pena acercarse hasta "The Union". Por este y por espirituales como “There’s No Tomorrow”, que bien podría imaginar uno en manos de unos Bad Seeds. También hay temas más ligeros, al más fiel puro estilo Elton John como “Monkey Suit”, aunque mención a parte merece la incursión de Leon Russell en la composición con una balada de canción ligera, triste y emotiva como “I Should Have Sent Roses” que podría encajar de lleno en el repertorio de Carole King sin desentonar en absoluto.
Un disco espléndido de esos que se saborean con calma y cuyo tono crepuscular, algo tristón, pero pleno de savoir-faire te dejan una marca ineludible. La marca del que ya está más cerca de su fin que de su principio, eso sí, sin perder ese halo de esperanza que nos hace saborear hasta el último de nuestros días

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