El debut en largo de Marcus Doo & The Secret Family provoca una sensación agridulce. Su folk, más deudor de Damien Rice que de Bon Iver, funciona bien en “Ephemeral”, en “Remind Me” y especialmente en “1919”, en las que el juego de voces de Marcus y Rocío se apoya en una instrumentación sencilla y precisa. De igual modo, la explosión emocional (e instrumental) de “Secret Family” y “Solipism” fluye sin sorpresas pero con eficacia, lo mismo que “Made To Measure”, el tema más alegre del álbum, cuya ejecución musical podría haber firmado Hola A Todo El Mundo. En canciones como estas se ponen de manifiesto las virtudes de una banda que ha conseguido una creciente atención mediática (no en vano el pasado mes formaron parte de las Fiestas Demoscópicas de esta publicación). Sin embargo, el conjunto del disco presenta cierta tendencia a la reiteración (“Drove All Night”, “We Could Go Out”, “Fallen Angel”) y algunos desajustes (chirría especialmente el drone en “The Lion”, más una declaración de intenciones que un elemento integrado en la canción). En cualquier caso, que no entreguen un debut redondo no puede ser motivo de reproche: sin duda se trata de una banda en crecimiento.
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