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standstill

En un país como el nuestro, en el que la lista de despedidas definitivas (que luego no lo acaban siendo) va engordando con el tiempo (aquel “Último concierto” de 091 o aquellas “Obras Escocidas” de Los Enemigos, por poner solo un par de ejemplos), conviene encajar el carácter concluyente de la última gira de Standstill con reservas. En cualquier caso, más allá de que el proyecto pueda cobrar nueva vida en un tiempo, si hay una banda que se hacía acreedora a inmortalizar sus prestaciones escénicas con todas las de ley son precisamente ellos. Los mismos que, en paralelo a cada nuevo órdago discográfico con el que iban orlando el último tramo de su carrera, apabullaban al personal con espectáculos tan ambiciosos como “Cénit” o “Rooom”, en los que la exuberante expansividad de su música realzaba con vigor todos los relieves que se advertían en los surcos de sus discos.

Otra cosa distinta sería evaluar si, con ese tour de force en el que convirtieron una carrera que se desligó de sus inciales postulados post hardcore, ejercieron una influencia siempre beneficiosa sobre otras bandas, porque es evidente que el indie estatal de los últimos cinco años no se entendería sin su alargada sombra (y algunos de los monstruos engendrados por los propios sueños de su razón, recononozcámoslo). Pero eso ya no es, obviamente, responsabilidad de Standstill. Por cierto, ya que mentamos su etapa en BCore: ni “Always Late” ni “Two Minutes Songs” aparecen en el minutaje de este álbum, pese a que fueron abordadas en los conciertos que le dieron forma, el 1 y 3 de octubre de 2015 en la sala Apolo de Barcelona.

Era lógico que Enric Montefusco y su troupe, ahora escindida en proyectos de todo pelaje, se dieran a sí mismos un parón indefinido. Porque habían llevado su fórmula a cotas de una intensidad tan alambicada que era difícil que su desafío, cimentado en el crecimiento y la evolución continua, en el deseo de llevar su discurso siempre un paso más allá que su anterior entrega, no acabara por diluirse. De hecho, no faltaron voces que alertaban de que Dentro de la luz (2015) transmitía algunos signos de estancamiento. Así que la trilogía que formó junto a “Vivalaguerra (2006) y Adelante Bonaparte (2010), la que les aupó al status de una de las bandas más identificables -y con mejor directo- de nuestra escena, es la que sostiene esta grabación de despedida, acompañada de una edición alternativa con DVD, que plasma en imágenes el imponente vigor escénico de un repertorio que supo pulsar la tecla adecuada para conectar con la fibra sensible de una parroquia muy fiel, aunque notablemente inferior a la de algunos de sus sucedáneos.

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