Bright Green Field
Discos / Squid

Bright Green Field

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — 10-05-2021
Empresa — Warp
Género — Rock

Algo debe tener el agua del grifo del sur de Londres para haber generado este brote de estupendas bandas de post-punk airado, que están tomando por asalto los cielos de la música más vivaz, ardiente y definitoria del malestar generacional generado por la sangrante desigualdad social y la patraña del Brexit en las islas británicas. Eso y la condición de mago en la sombra de Dan Carey, el productor (también al servicio de Kae Tempest o Fontaines DC) que mejor está sabiendo canalizar la hirviente expresividad de un puñado de músicos sajados por la llaga de trabajos que son pura alienación turbocapitalista y el estancamiento de un ascensor social tan gripado que no tiene ni fecha para revisión en al menos un par de quintas.

Salieron Fat White Family, luego Shame. Salieron también Black Country, New Road, Black Midi o Goat Girl, entre otros. Y ahora lo hacen Squid. Son los más inquietantes del lote. Los más esquivos, los que detentan canciones más asimétricas, más conscientemente alejadas de cualquier patrón convencional. Sí, comparten los bajos musculosos, las guitarras afiladísimas, la dicción histriónica a lo Mark E. Smith. Pero sus cambios de ritmo, sus mudas de humor en cuestión de segundos, su esquizoide manera de modular canciones (por llamarlas de alguna forma) que se sabe cómo empiezan pero nunca cómo acaban, como las buenas noches de farra sin fin, les dan el punto diferencial.

Los tres EP’s previos ya daban buenas pistas, pero su debut largo está concebido como un álbum en toda regla, y no como uno de esos discos primerizos que se nutren de canciones previas, cada una de su padre y de su madre. Aquí hay un propósito. Una meta. Una finalidad, aunque el camino para llegar a la línea final casi nunca sea recto. Igual pueden empezar un corte (“Peel St.”) como si fueran Parquet Courts para luego sabotearse a sí mismos con un desvío del guion en clave de ambient deshuesado e insalubre –algo similar ocurre en “Boy Racers”– que bien puede ser el retrato de una sociedad irremediablemente enferma.

Otros momentos inciden en una dinámica algo más funk (es el caso de “Narrator”), en la que la voz de Martha Skye Murphy pone el contrapunto al protagonista, un tipo –la voz de Ollie Judge, claro– que acaba por no discernir entre realidad e imaginación, y quizá por eso lo que nació como un single se alarga hasta los más de ocho minutos. Sin remilgos. Prevalece la sensación, en la mayoría de cortes (“G.S.K.”, “Paddling” o “Documentary Filmmaker”), de que el quinteto británico domina el arte del caos controlado, la combinación del traqueteo cinético de Neu! con las erupciones coléricas de This Heat, haciendo valer el propio universo de referentes que ellos asumen. “Bright Green Field” es un disco de personalidad turgente, pero con tantos cabos sueltos y tantos enigmas que da la impresión de ser solo el –prometedor– primer capítulo de un trayecto que podría marcar una época. Atentos.

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