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“There will be no futher explanation. There will just be reputation”. Clara y directa cierra Taylor Swift la carta de presentación en la que explica el sentido de esta nueva era musical. El salto al mundo del pop de Taylor Swift se completa de forma definitiva con Reputation. La estrella americana regresa con su álbum más agresivo, refrescando su sonido por completo y ampliando su rango creativo. Mantiene sus cuidadas melodías, pero decide restarle importancia a las mismas para centrarse en el ritmo construyendo temas cargados de sintetizadores, bases hiphoperas y un giro vocal dirigido al terreno del rnb. Con esta desafiante transformación ha conseguido vender 700.000 copias solo en US en su día de lanzamiento. Y, a este paso, se podría convertir en el disco más vendido del 2017 quitándole el trono a su gran amigo Ed Sheeran. Pero, ¿cuál es la fuente de tal revolución?

Sin perder su identidad, Taylor Swift se ha entregado a su público. Su imperio dentro de la industria actual es cada vez más inmenso y dicho status está ligado a nuevas exigencias. Comenzó realizando canciones de amor con solo 15 años y consiguió brillar a través del country como el estereotipo de adolescente americana perfecta. Nunca tuvo miedo a reflejar sus inseguridades en sus composiciones, lo que le hizo conectar con una gran masa de fans, y convertir todos estos conflictos internos en éxitos. Sin embargo, en la vida de Taylor en los últimos años no han destacado únicamente las historias de amor (que también, solo tenemos que pensar en su fugaz romance con Calvin Harris que plasma de forma sutil en Dancing With Our Hands Tied). Alrededor de la estrella no han parado de surgir acusaciones de odio, celos, venganza o manipulación. Temas que acabaron con la reputación bondadosa de Taylor de producto indefenso y le colocaron en el punto de mira de todo el mercado actual. Pero como dice la propia artista: “Nadie es bueno ni malo en este mundo. Somos una especie de mosaico mucho más complejo de definir”.

Todos esperaban una respuesta por parte de Swift a esa agresión recibida por el imperio West que construyó, junto a sus batallitas con Katy Perry y Nicki Minaj, su imagen de serpiente capaz de pisar a todo el que se ponga en su camino. Y curiosamente, Swift mantuvo el silencio social todo lo que pudo durante todas estas acusaciones para coger fuerzas y responder a todos sus “enemigos” de la forma que mejor sabe. Al igual que durante todos estos años previos consiguió dejar a sus exparejas en evidencia con sus composiciones. Reputation es una flecha fresca y ardiente que sabe darle donde más duele a todos los que intentaron derrumbar su castillo. (“If a man talks shit, then I owe him nothing” araña entre sintetizadores en I Did Something Bad para hablar de Kanye). La prioridad de Taylor con este disco es lograr posicionar en lo más alto de las listas de ventas un álbum cuyos principios se asemejen lo máximo a los de sus enemigos. Por esta razón, a través de la visión de Jack Antonoff (producción, piano, guitarra y sintes del álbum), Swift consigue acercarse al trap en So It Goes, define su nuevo sonido entre la electrónica y el rnb con Nice Things o apuesta por la pista de baile en Look What You Made Me Do. Ahora no podrán tachar a Swift de débil, pero lo que sí va a suceder de forma inminente son las acusaciones de apropiación cultural y racismo alrededor de la nueva imagen de la princesa americana como ya ocurrió anteriormente con otras estrellas comerciales.

“Han usado todos mis errores contra mí, mis rupturas se han convertido en puro entretenimiento”. Explica Swift en la presentación del álbum. A la hora de plasmar en papel todo ese veneno acumulado ha contado principalmente con dos figuras que se repiten a lo largo de todo el disco. Por un lado, el codiciado Max Martin y por el otro Shellback (con el que tonteó por primera vez inclinándose más hacia el terreno pop en temas como 22 o I Knew You Were Trouble). Si analizamos detenidamente Reputation no es un disco tan alejado de la Taylor Swift del pasado. Es cierto que su imaginario es mucho más duro y que su lengua está mucho más suelta que nunca. Pero, aún así, sigue siendo un proyecto autobiográfico y respeta los pilares que le llevaron hasta la cima. Sigue cuidando a sus fans, cada nuevo paso lo hace de forma completamente meditada y evitando perder a la Taylor más clásica (King Of My Heart, New Year’s Day). Por esta razón, Reputation no es un álbum arriesgado, no supone una gran experimentación en la carrera de Swift, pero sí cumple con todos los objetivos que se ha auto-impuesto la estrella. Una colección de himnos pop (Dress) para todos los públicos, que gusten o no vamos a ver en lo más alto de las listas durante un largo periodo de tiempo.

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