Piano
Discos / Alexis Taylor

Piano

8 / 10
Guillermo Chaparro Terleira — 14-06-2016
Empresa — Moshi Moshi/Music As Usual
Género — Pop
Fotógrafo — Archivo

Alexis Taylor hace tiempo que no se conforma con ser únicamente uno de los líderes de Hot Chip. Sus inquietudes musicales le han empujado a formar una carrera paralela en solitario que hasta la fecha ha dado fruto a dos álbumes (“Rubbed Out” (Treader, 2008) y “Await Barbarians” (Domino Records, 2014) y un EP (“Nayim From The Halfway Line” (Domino Records, 2012). En ellos todavía se podía palpar huellas musicales que evocaban a Hot Chip. Ahora, dos años después, Taylor presenta su tercer álbum en solitario, “Piano” (Moshi, Moshi), un trabajo con el que si ha conseguido trazar una marcada frontera musical con respecto al grupo que encabeza junto a Joe Goddard.

Desde ese “I´m Ready” melancólico que se escucha al inicio del disco, somos conscientes que con “Piano”, Alex Taylor ha culminado lo que dejó a medias en “Await Barbarians”, y ha conseguido despegarse de cualquier resto de Hot Chip para adentrarse en un terreno más oscuro y personal. Bajo la inspiración que supone la muerte de amigo cercano, tal y como ha confesado el propio Taylor, su tercer trabajo en solitario es un disco que suena a desahogo, a necesidad por expresar todo aquella vulnerabilidad, dolor y dudas que en el electropop bailongo de Hot Chip no tiene hueco. Tal es así, que el músico británico se ha procurado de reducir a la mínima expresión cualquier atisbo de efecto o artificio que se interponga entre su voz y el piano, una apuesta un tanto arriesgada, pues, a medida que avanza el disco, esto puede generar una sensación de simplicidad que acabe siendo malinterpretada.

En “Piano”, Taylor acude a temas y angustias de carácter interno, como una herida que no se cierra (“I Never Lock That Door”), el angustioso paso del tiempo (“Don´t Worry”) o la sensación abstracta de amor (“In The Light Of The Room”); como en una sesión terapéutica, Taylor se desnuda emocionalmente, tan solo acompañado de su voz melancólica y el piano, capaz de proporcionar a cada frase, a cada palabra, un eco trágico que retumba en la boca del estómago. Pero este trabajo no solo cuenta con creaciones que evocadas por el propio Taylor; en este viaje introspectivo el músico ha querido rendir un homenaje a dos canciones que han sido importante a lo largo de su vida y que encajan perfectamente con la dinámica emocional del álbum. “Crying In The Chapel”, una canción de Artie Glenn popularizada por Elvis en 1965 que habla de aferrarse a la fe como única vía de salvación, y “Don´t It Make My Brown Eyes Blue”, escrita por Richard Leigh, son las dos canciones versionadas. Todo ello queda plasmado en una sensación de fragilidad inamovible que está presente a lo largo de las doce canciones que componen el LP sin apenas dejar respiro, otorgándole un carácter nocturno y autodestructivo que resulta ser placentero y hasta necesario en ciertos momentos.

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