The Boys Of Dungeon Lane
DiscosPaul Mccartney

The Boys Of Dungeon Lane

8 / 10
Raúl Julián — 01-06-2026
Empresa — Capitol Records
Género — Pop

La nostalgia tiende a tener, en general, mala fama. Un juicio cuestionable en base a esa consecuencia inmediata que propicia que ciertos recuerdos sean capaces de trasladar directamente a un espacio-tiempo concreto cargado de felicidad. Si, además, resulta que eres uno de los mejores compositores de música pop de la historia y llevas décadas utilizando la herramienta de la memoria para construir canciones convertidas (en muchos casos) en himnos, la denostada sensación pasa a convertirse, primero, en valiosísimo activo y, segundo, en un disco con tan buena apariencia como el presente lanzamiento de Paul McCartney.

A sus 83 años, el ex Beatle echa la vista atrás con la intención de amasar capítulos de su propio anecdotario para, tras darles forma de bonitas canciones dotadas con su impronta, ofertarlas en el regalo que a todas luces es “The Boys Of Dungeon Lane”. Catorce nuevos temas del británico, protagonizados por ese pop que se mueve en esa zona específica (y a la vez poco definida) que luce al mismo tiempo tan añeja y clásica como contemporánea y atemporal. Es el superpoder de un músico tan vigoroso en términos creativos que, en esta nueva obra, emerge con la seguridad de quien es un género en sí mismo. Un regreso, tras el más que notable “McCartney III” (EMI, 20), que vuelve a pivotar en torno a diferentes manifestaciones pop, apurando un corte tradicional con el que el compositor no teme experimentar (siempre con sentido) para exprimir opciones.

El trazado retrospectivo por los recuerdos del todavía romántico Paul McCartney cristaliza en un buen puñado de destacadas –“As You Lie There”, la acústica “Down South”, “Ripples In A Pond”, “We Two”, “Lost Horizon” o “Mountain Top”– y dignas compañeras de lote –“Never Know”, “Come Inside” o una “Home To Us” en la que comparte micro con el bueno de Ringo Starr–. La referencia también esconde algunas de esas gemas que no hacen sino engrosar la leyenda, concretadas en “First Star Of The Night”, el single “Days We Left Behind”, “Salesman Saint”, y esa maravilla al piano que es “Momma Gets By” y cierra de forma majestuosa el elepé. “The Boys Of Dungeon Lane” quizá no sea el mejor disco en solitario de Paul McCartney, pero desde luego es uno de los buenos, capaz de coger cuerpo y ganar realismo en base a la voz ahora algo rota de McCartney.

“The Boys Of Dungeon Lane” es, en cualquier caso, la vigésima muesca en forma de disco de estudio (según algunas cuentas) de un autor irrepetible; una ofrenda a atesorar por parte de un artista que parece eterno en base a su talento inagotable, en una insinuación de perpetuidad que, sin embargo, se sabe finita. Algún día, el ahora valoradísimo McCartney (ni rastro ya de aquellas sandeces que acusaban al de Liverpool de músico blandito y facilón) partirá sin billete de vuelta. Será entonces cuando álbumes como este vean multiplicada su tasación al instante, con el músico dejando tras de sí un mundo mejor, envuelto en preciosas melodías como las que también presiden esta, en definitiva, encantadora entrega.

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