Reacio a volver sobre sus pasos en menos tiempo del meramente necesario, Steve Wynn ha vuelto a ejecutar uno de esos escorzos a los que ya nos tiene acostumbrados. Tras el poso orquestal , sombrío y centroeuropeo que supuso aquel “Crossin Dragon Bridge” (08), grabado en Eslovenia junto a músicos del terruño, vuelve ahora a retomar la conexión eléctrica que tan buenos calambres ha proporcionado siempre junto a Linda Pitmon, Dave DeCastro y Jason Victor, para reencontrarse allí donde la dejaron, tras el fulgurante “…Tick…Tick…Tick” (06). Ya no se trata simplemente de aumentar considerablemente el voltaje de una formación que, por si alguien aún no se había enterado, traduce como pocas toda esa tensión al directo (y a su reciente gira hispana nos remitimos), sino también de mirar hace atrás sin ira para volver a hurgar en esos vapores psicodélicos que tanto remiten a la época de The Dream Syndicate, a su herencia de la escena Paisley Underground y a toda aquella serie de álbumes que seguramente le importen un carajo a las generaciones más jóvenes. En esa línea cabe inscribir la declaración de intenciones de “Resolution”, o la rotunda “Colored Lights”, amén de inflexiones pop marca de la casa (como “The Other Side”, la soberbia “Cloud Splitter” o la dulce “On The Mend”).
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