La gran asociación noise de vínculo lo-fi que bajo el cobijo y carácter de la discográfica Woodsist (uff…) habían formado Wavves y Ganglians se rompe en la juerga coral del inicio de “Monster Head Room”, anunciando el cambio de aires de la banda de Sacramento. Se les ha calmado el pulso, o a lo mejor se han vuelto hippies, pero este disco no contiene prácticamente nada del carácter bruto y abrasador de “Ganglians” (2009). De allí sólo repiten “The Void” y “Candy Girl”, es decir, aquellas canciones que anticipaban lo que iba a ser su nueva identidad. Porque aquí se homenajea a The Beach Boys, que además de ser una moda constante, es casi una obligación y está muy bien. La mayor parte del disco se desarrolla así, tomando la inspiración del legado de Brian Wilson y, en la práctica, recordando de la nueva hornada a gente no del todo similar como Port O’Brien, Megafaun, Fleet Foxes o el Devendra de Megapuss. Pero cuando intentamos acercarnos al universo que generó The Incredible String Band en 1968, cuando tocamos el palo de la psicodelia, reservado a un club tan selecto… uno ya tiembla. De ahí es difícil salir bien parado. El límite entre genialidad y aburrimiento es fino y la sobreactuación es siempre una amenaza. En todo caso, ahí es dónde el disco puede flojear y empañar un disco que escucha agradecida. Vladimir
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