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Jesse malin disco

Si uno acude a las anteriores reseñas de los discos de Jesse Malin, no tarda demasiado en darse cuenta que existe un denominador común. Todas ellas hablan de que, pese a contar con un sonido sólido, impecable y mucho oficio, el autor no acaba de consolidar su carrera del todo, obteniendo las mieles de ese éxito que se le resiste. Y al final todo queda conjurado para el siguiente disco. Y el siguiente  es este, claro.

Pues bien, pese a haber unido esfuerzos con una veterana como Lucinda Williams (produce y colabora), creo que las mieles del éxito, del gran éxito, van a tener que esperar de nuevo. Y es que , como suele ser habitual en él, todo suena demasiado correcto, siendo esa la raíz principal del problema: hay una linea muy fina que separa lo correcto de lo insustancial, y siempre me ha dado la impresión que, a la carrera de Jesse Malin, le falta ese rompe y rasga que otorga la personalidad innata de un artista. La que no se aprende con oficio, sino que la debes llevar dentro de ti desde la cuna. Por eso estamos de nuevo ante un disco que se deja querer, amable y suave como el culito de un bebé, al que le sobran minutos y alguna que otra balada para no resultar tan almibarado. Ya saben que el exceso de azúcar es malo y acaba con el ritmo que todo álbum debe tener.

Con todo, el nuevo disco de Jesse Malin es uno de sus mejores trabajos. Un disco todavía más próximo al sonido de The Jayhawks, Ryan Adams o la propia Lucinda Williams (obvio) que los anteriores y que, increíblemente, obtiene mejores resultados en su segunda mitad que en la primera. Sobre todo por temas como la estupenda “Gray Skies Look So Blue”, la elegancia sinuosa y provocadora de “Do You Really Wanna Know” y la mejor de las baladas del disco “Friends In Florida”. Así que es posible que, de haber invertido el orden de los temas del disco (eliminando la facilona balada final), estaría incluso entusiasmado con este disco. Pero no.  Jesse Malin no sabe salir, pese a las alianzas,  de esa carretera de rectas infinitas en la que todo le viene marcado. Así que, una vez más, habrá que espera al otro y al otro y al otro… ad infinitum.

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