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Así a lo tonto, hemos vivido un cuarto de siglo desde la edición original de “Fox Base Alpha”, el disco que puso en el mapa al trío formado por Sarah Cracknell, Bob Stanley y Pete Wiggs. Una de las bandas británicas que con más clase buscó la perfección pop desprejuiciada en aquellos noventa en que otros nos intentaron colar baratijas con similares ingredientes, prosigue en su noble vocación de encontrar la canción perfecta. Sus tres miembros originales parecen conservar el entusiasmo juvenil que les impulsó, lo cual es un valor en sí mismo.

Desprendidos ya de etiquetas (indie-dance, brit-pop, etc.), temáticamente siguen cultivando un costumbrismo amable muy de las Islas, que en el caso de su nuevo, ambicioso y doble disco asoma desde el título y esa portada colorista vintage amablemente irónica: tributo a esa Inglaterra de los suburbios tan conservadora y hasta entrañable en sus tercas particularidades, perfectamente capaz de liar un Brexit y quedarse tan ancha. Los alrededores del Este y Sudeste de Londres en los que crecieron Cracknell y compañía (y a donde Wiggs y Cracknell han vuelto), antes de zambullirse en el abigarrado y excitante cosmopolitismo de la capital.

Cinco años después de “Words And Music” -cartografía emocional de la juventud en la capital- el noveno disco del trío despliega una asombrosa variedad de registros. En los diecinueve cortes (incluyendo breves interludios y miniaturas instrumentales) nos volvemos a topar con joyas melódicas del calibre de “Something New”, la eufórica “Dive” y su bajo irresistible; o “Underneath The Apple Tree”, exquisitez puramente inglesa que habría colado en un “Parklife”. La exhuberancia de arreglos nunca se les indigesta: no se me ocurren muchas bandas que empiecen con un clavecín y deriven en un estribillo a lo The Human League con tanta elegancia (“Whyteleafe”). Hay algún paso en falso, como el tecno-pop demasiado obvio de “Out of My Mind” o el extraño arreglo de teclado de la, por otro lado, estupenda “After Hebden”, cuya estrofa podrían haber firmado The Smiths, pero el conjunto no se resiente. La enciclopédica cultura pop del trío, tamizada por esa fascinación hacia la canción y la estética de los 60, cohesiona un álbum que empieza con la luz de la adolescencia hambrienta de experiencias y desemboca en la suave melancolía de “Sweet Arcadia”. Siempre con cierta ligereza, sin estridencias. Es lo que tiene el pop.

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