No son tan cochinos ni tan caústicos como G.G. Allin o The Dwarves, como podría dilucidarse por semejante onomástica. Tampoco son Turbonegro ni Hanoi Rocks, pese a que su estética glam pueda dar lugar a semejantes suposiciones. Pero sí dejan claras cuáles son sus intenciones en el corte con el que abren fuego: “Dame rock’n’roll”. De ahí que salga a relucir su admiración por los Stones vía Burning (“Rey de la farmacia”), o su inequívoca filiación con las plataformas y el transformismo de New York Dolls (“Born To Be A Star”). El deje chulesco de la voz del cantante y guitarrista Anal Groove se codea con líricas algo chuscas y títulos que invocan a la hilaridad (“Yo preñada (tú en Alcalá Meco)”, “Dancin’ (mira que soy zorra ‘79)”. Saltan del castellano al inglés con el festivo y algo funky “Hot Stuff”, y se despachan con bastante fidelidad el “Rock’n’Roll All Nite” de Kiss, con un guiño al “Land Of 1000 Dances”, y un órgano que constituye otra de sus señas de identidad. Las Cerdas son al rock lo que la Fundación Tony Manero es al funk. Despiporre y verbena total.
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