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chastity belt

Con su homónimo cuarto disco, Chastity Belt se alejan definitivamente de la urgencia juvenil de poso punk y el sentido del humor gamberro de sus primeros trabajos (el primer disco llevó por titulo “No Regrets”, por ejemplo, y sus letras estaban plagadas de humor crítico e irónico, combativo casi) para situarse en un terreno mucho más comedido en lo musical e introspectivo en lo lírico. Un ejercicio de madurez, si lo quieren decir así. La energía que antaño emparentaba al cuarteto de Washington con la actitud y sonido de la generación riot grrrl y el rock alternativo yanki de la década de los noventa en su vertiente más melódica (más Sleater-Kinney que Bikini Kill, para que nos entendamos), se convierte en este cuarto trabajo en un ejercicio mucho más reposado y contemplativo, de indie rock básico de toda la vida, marcado por la languidez y anclado en los medios tiempos, y uno no puede evitar pensar que algo se ha perdido en ese camino.

Las atmósferas dream pop de “Rav-4”, “It Takes Time” o “Pissed Jeans” resultan empalagosas y monótonas, confundiendo simpleza y repetición con aburrimiento, y ese parece ser el fallo en el que Chastity Belt caen una y otra vez a lo largo del disco: la combinación constante de las voces de Julia Shapiro y Lydia Lund, por ejemplo, pasa rápidamente de lo evocador y melancólico a lo cansino a medida que el disco avanza y se repite una y otra vez el mismo tono, el mismo tipo de melodía y las mismas estructuras, sobre una base musical que también cae irremisiblemente en la repetición. A pesar de que todo funciona durante un rato, y de que hay momentos más que bien resueltos a lo largo del disco, sobretodo concentrados en su segunda mitad (la redondez pop de “Half-Hearted”, la candidez de “Drown” o los arreglos de cuerdas de la preciosa “Effort”), la escucha completa de las diez canciones que dan forma a este disco acaban convirtiendo a Chastity Belt en unos Seam sin calado emocional, unas Slant 6 sin frescura o unos Beach House sin gracia, directamente.

Las limitaciones musicales de la banda no son el problema aquí; una de las cosas interesantes de toda esa generación de bandas de los noventa de las que Chastity Belt se nutren es precisamente el haber sabido convertir sus carencias en virtudes, recogiendo el testigo del punk y la ética do it yourself y aplicándolo a esa suerte de pop guitarrero convertido en hegemónico en gran parte del universo independiente (“alternativo” se le vino a llamar) durante toda esa década. El problema que presenta este disco, en mi humilde opinión, es que da la impresión de ser un trabajo fallido, o como mínimo a medio terminar. La producción austera, de carácter lo-fi, sonido directo y arreglos muy puntuales, juega en este caso un poco a la contra de unas composiciones que, simplemente, no tienen demasiada gracia ni chispa. No es un disco horrible, ni mucho menos, pero está bastante lejos de resultar interesante.

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