En Canadá, hablar de Tom Wilson es hablar de uno de los más respetados cantautores del folk-rock. Tras más de treinta años de carrera, aún tiene energía y deseos de meterse en nuevos proyectos, como demuestra en esta reunión de músicos bajo el nombre de Lee Harvey Osmond. Hay más de una quincena de artistas, algunos miembros de Blackie And The Rodeo Kings, y de Junkhouse, a los que Wilson lideró tiempo atrás. También se reconoce la voz de Margo Timmins (Cowboy Junkies) en un par de temas –“I’m Going To Stay That Way” presume de vídeo musical de película-, los más coquetos de la decena que compone este álbum. Si bien la banda domina a la perfección los tempos y secretos del folk-blues americano, la presencia de tantos músicos rompe a veces la naturalidad de una música que ha de sentirse espontánea, pues demasiados retoques hacen tambalear su piedra angular, la sencillez. “A Quiet Evil” suena muy bien, y remite a otros discos hermanados, de JJ Cale, de Howe Gelb, de los artistas del sello Glitterhouse, dejando que las steel guitars y las harmónicas reverberadas se cuelen sobre los relajantes barridos de escobilla. Un homenaje a The Velvet Underground de Lou Reed cierra un disco de terciopelo.
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