Sin concesiones
Conciertos / Van Morrison

Sin concesiones

8 / 10
Jon Romana — hace 4 años
Empresa — Last Tour
Fecha — 11 noviembre, 2015
Sala — Palacio Euskalduna
Fotógrafo — Unai Endemaño

90 minutos exactos. Ni uno más ni uno menos pasa Van Morrison sobre el escenario del Euskalduna. Sale al escenario soplando su saxofón y demostrando que a sus 71 años aún le queda mucho fuelle. Le acompañan cinco excelentes músicos (mención especial para el teclista y director musical Paul Moran) todos vestidos de riguroso negro y atentos a las instrucciones del de Belfast.

Tras el arranque en modo jazz instrumental, la aún potente voz de Morrison dará un repaso a su extenso catálogo sin excesivas concesiones populistas. Sonaron entre otras “Sometimes We Cry”, “Keep It Simple”, “Wonderful Remark”, “Days Like This”, “The Healing Has Begun”, “Close Enough For Jazz”, “Sometimes I Feel Like a Motherless Child”, “Moondance”, “Baby Please Don’t Go” y “Gloria”. Siendo estas tres últimas las únicas que sigue esa parte del público que no sabe lo que va a ver, se aburre, habla y no para de dar el coñazo con el móvil.

Con sombrero y gafas de sol, Morrison no se dirige en ningún momento al público, no deja que la banda espere a que terminen los aplausos, y apura hasta el último segundo para acercarse al micro y empezar a cantar. Pero parece disfrutar. Durante la mayor parte del concierto se apoya en el saxo, pero también toca la armónica, la pandereta y en el último tramo del concierto la guitarra. Su instrumento es el saxo, y cuando Paul Moran coge la trompeta para darle réplica se crece y juntos alcanzan algunos de los mejores momentos del concierto. En “Baby Please Don’t Go” aprovecha para demostrar su control sobre la armónica y convence. Con la guitarra no anda tan ducho y lo único que consigue es enmarañar el sonido de una banda que hasta ese momento había sonado muy bien, aunque sin volumen. Tras un “Gloria” despachado con cierta premura, Van Morrison se retira del escenario y deja que la banda se despida del público. Otro buen viaje por la música negra de la mano de un artista que no tiene que hacer concesiones de cara a la galería para convencer. Ni falta que hace.

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