Un sábado emergente en Tomavistas Extra
Conciertos / Tomavistas Extra

Un sábado emergente en Tomavistas Extra

8 / 10
Elena Monge — 29-06-2022
Empresa — Tomavistas
Fecha — 25 junio, 2022
Sala — Parque Enrique Tierno Galván, Madrid
Fotógrafo — Paula Onrrubia

El sábado 25 de junio, tercer día del Tomavistas Extra, fue todo un homenaje a nuestra escena más emergente. Un día en el que solo hubo bandas que, por su corto pasado, tienen un futuro que está brillando ya en el presente. Esta frescura se pudo percibir encima del escenario, aunque también se dejó notar en la media de edad de los asistentes. Entre el público, se palpaba la presencia de muchos novatos de festvales, al igual que un buen número de niños que apenas sabían andar, pero que ya se les notaba curtidos en el ambiente festvalero, ajustándose sus cascos de cancelación de ruido en todo momento y acompañados por una generación de padres que, como buenos melómanos, saben que la música juega un importante papel en su educación.

La apertura de puertas del sábado fue a mediodía, Morreo tuvo la labor de arrancar la jornada y Monteperdido se encargó de meter un poco más de ruido al pop. La primera actuación al aire libre de Dharmacide dio paso a las American Vibes, muy bien complementadas con el sombrero de René. Después, Pantocrator y Aiko el Grupo trajeron los guitarreos y los gritos que calentaron la tarde para dar paso a la caída del sol.

Empezó a notarse que la afuencia de público fue in crescendo con la llegada al escenario de Axolotes Mexicanos. La puesta en escena del grupo siempre logra encandilar a la audiencia, no porque esté especialmente cuidada, sino por la naturalidad con la que Olaya se dirige al público y a los miembros de su banda. Su carisma siempre nos hace sentir que estamos en un concierto entre amigos y eso genera un ambiente  en el que todos disfrutamos de la música y del humor que desprende. Abrieron el concierto con varias canciones de su último álbum, ":3", que vio la luz en 2021. Temas tan sonados como “Cara de idiota” o “No sé si llamarte” calentaron motores para saltar a sus álbumes anteriores. Combatíamos el calor con canciones como “Menos 100”, de su disco anterior de 2018, "Salu2", pero también con pistolas de agua que se sacaron de la manga. Con “Verano en espiral”, revivimos aquellos veranos no-veranos y empezaron los pogos, que no acabaron hasta que el grupo dejó las guitarras tras tocar “Astor” y “Te quiero (...)”, dos de sus temas más emblemátcos y con los que el público les devolvió el amor en forma de codazos y gritos.

Las locas historias de las canciones de Axolotes Mexicanos y su sonido que evoca la cultura japonesa sin hacerlo evidente, dio paso a los timbres más clásicos de las guitarras eléctricas de los Karavana.

Los primeros acordes fueron para “Ya no puedo más”, pero demostraron que sí, que solo era el principio y que podían mucho más. Dieron un repaso completo a su últmo álbum, "Muertos en la Disco", de 2021, aunque también tocaron otros temas como “No pegamos nada”, “Hoy” o “Qué bien los dos”, single que ha salido este mismo mes y que, aún así, el público cantó con las mismas ganas y emoción. Nos encanta salir por Madrid, y más si es un día como el sábado en el Tierno Galván, pero, como todos los asistentes, cantamos bien alto que no nos gusta cuando le llegó el turno a “Madrid”, uno de sus temas más clásicos que encabezaron la recta fnal de su puesta en escena. A pesar de todo el guitarreo que acompaña sus canciones, la actuaciónde Karavana fue la más estátca de la tarde, pero el público equilibró la falta de movimiento sobre el escenario bailando desde el primer hasta el último tema. Desupés de “Qué putada”, los Karavana recurrieron a su gran himno para acabar por todo lo alto con “Strokes”.

El sol y las temperaturas cayeron como sabiendo lo que tenían que hacer para dar la atmósfera adecuada al concierto de Depresión Sonora. Los focos rojos que iluminaron el escenario dejaban adivinar que iba a prenderse con “Gasolina y mechero”, la canción que arrancó lo que sin duda era la actuación más esperada del día. Ya los primeros punteos de guitarra desencadenaron una oleada de gritos de un público fiel que se dejó la garganta en este concierto.

El siguiente tema, “Generación perdida, diversión prohibida”, fue acogido con una energía especial. Si algo caracteriza a los seguidores de Depresión Sonora es el fanatismo con el que se dejan hechizar por cada tema que Marcos saca a la luz, pero esto solo es posible porque sus canciones tienen algo, ya sea el ambiente de declive que también acompaña a toda una generación a la que el mundo le ha cortado las alas o el poder de identificación instantánea que tienen sus letras. Esta apología a la decadencia tiene la doble cara de que Marcos es una víctima más, demostrando así que, aunque le pongan obstáculos, esta generación tiene mucho que hacer y que decir.

Tras una íntma ejecución de “Mira mis ojos” en la que se sentó al borde del escenario dejando que el público le arropase, tocó “Hay que abandonar este lugar”, que por sus palabras es la que más disfruta tocando, “Dime que me odias” y “La casa del árbol”. De esta últma apuntó que pasó un poco desapercibida y, como próximamente va a sacar un nuevo disco, esta sería la últma vez que la tocaría en Madrid en mucho tempo.

Llegó el turno para canciones que se han convertdo en mítcas en a penas dos años, como “Fuego cruzado”, el remix que hizo para Los bailes prohibidos, el álbum de remixes de "Escamas" de VVV [Trippin’you], y “Ya no hay verano”, la canción a la que todos nos aferramos el verano de 2020.

Antes de la recta fnal, Marcos presentó a la banda que le acompañaba: Gonzalo López a la guitarra y, al bajo, repite sobre el escenario René de Dharmacide (y su sombrero), unos compañeros de confianza que hace poco le acompañaron a cruzar el charco para su gira en México.

El siguiente tema fue “Tú no me tenes que salvar”. Diría que el público se volvió loco, pero habían perdido cualquier ancla a una realidad que no fuera la de Depresión Sonora desde que sonó el primer acorde del concierto.

El broche de la noche lo puso “Apocalipsis virtual” y “Hasta que llegue la muerte”, que nos dejó con las ganas de seguir bailando. En los últmos acordes, Marcos bajó del escenario para aplaudir al público que ha hecho que su corta carrera musical de dos años tenga la intensidad y el poder de magnetismo de la de un grupo sólido y experimentado en los escenarios.

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