¡Muerte al Covid!
Conciertos / Tomavistas Extra

¡Muerte al Covid!

7 / 10
JC Peña — 24-09-2020
Empresa — Tomavistas
Fecha — 23 septiembre, 2020
Sala — Ifema
Fotógrafo — Adrián YR

A cuatro meses de la cancelación de su edición convencional y semanas después de que se cayera también la edición Extra inicialmente prevista, Madrid se reencontró con el festival que se ha consolidado en estos últimos años como uno de los más agradables de la ciudad. Cierto que una de sus principales bazas, la localización familiar en el Parque Tierno Galván, se caía en favor del cemento de IFEMA, pero dadas las circunstancias no estamos para ponernos sibaritas. En un contexto tan confuso y trágico, la celebración de este Tomavistas Extra atípico puede interpretarse como una pequeña gran victoria para un sector que ha sido golpeado por el virus (y su calamitosa gestión) en la misma línea de flotación, y que necesita con urgencia buenas noticias para no caer en el desánimo.

Dejemos aquí constancia del descomunal trabajo de la organización para sobreponerse a los sucesivos golpes administrativos y garantizar la seguridad. Termómetro en la entrada, retretes desinfectados al momento, instrucciones detalladas para cada asistente… El formato de mesas (uno tiene la impresión de estar en una especie de examen de oposiciones…) funcionó razonablemente bien, con un público concienciado en cumplir las rígidas normas y un ejército de camareros esmerándose en servir. Dos bandas madrileñas y una barcelonesa trataron de sobreponerse a la inevitable frialdad del ambiente en un espacio que no se llenó. Por fortuna, los negros nubarrones que amenazaban en el horizonte reservaron su descarga: habría sido ya una broma insoportable.

Pero vayamos a la música. Disco a disco Nueva Vulcano se han consolidado como una especie de banda de culto popular. Su receta de contundencia melódica con letras de un costumbrismo amable es un referente que ha traspasado generaciones y, lo que es más importante, limitaciones genéricas. El trío llegaba con su quinto trabajo recién estrenado, foto de su humilde local de ensayo en el fondo y formato de cuarteto (apoyo de teclados, percusión y xilófono), aunque el sonido opaco apenas dejó apreciar los matices. Lo que sí llegó con generosidad fueron los estribillos de clásicos de la casa como “El mirlo” o “Te debo un baile”, tan celebrados por la concurrencia como podía ser. Hubo breve colaboración de Yawners (la primera de la noche) y nueva dedicatoria a los hitos madrileños de un grupo que sigue siendo muy querido por aquí.

Hinds volvieron a hacerse fuertes en sus melodías encantadoras y la química, aunque las sofisticaciones que encontramos en su reciente disco se trasladan sin problema al escenario. Mucho se escribió en su momento sobre la capacidad técnica de la banda, pero se trata de un debate falso: las de Madrid saben perfectamente lo que hacen y lo llevan al directo con una desenvoltura, frescura, cariño y compenetración que ya quisieran para sí innumerables grupos de presuntos virtuosos (por no hablar de su trabajo de voces). Carlotta y Ana llevaron también la voz cantante en los comentarios, poniendo en valor la celebración del concierto y agradeciendo el esfuerzo a Tomavistas Extra: “Está siendo muy difícil para todos, para la música también”, y nos regalaron el eslogan de la noche: “¡Muerte al Covid!” junto a la habitual versión de “Spanish Bombs” de The Clash dedicada a sus madres. Además, Ariadna de Punsetes se les sumó en una canción.

Los Punsetes dieron un concierto impecable (otro más en la lista), apoyados en la contrastada solidez instrumental de la banda y en la presencia hierática e imponente de Ariadna. Encadenando las canciones sin darse un respiro, al estilo Ramones y al ritmo de proyecciones imaginativas, fueron sucediéndose himnos de esta posmodernidad confusa y deprimente en que chapoteamos. Las muy meditadas letras del grupo, que llegaba también con su relativamente reciente “Aniquilación, oscilan de un sarcasmo casi siempre ingenioso a un lúgubre pero a menudo lúcido pesimismo que alcanza el magisterio en cortes tan certeros como “¡Viva!”, que podría rescatarse perfectamente como banda sonora del desastre vírico (“Sálvese quien pueda y a la mierda con esta mierda”…). Quizá sea esta la razón de que fuera uno de los escasos momentos en que parte del respetable se animara a levantar los brazos y desahogarse con ganas, como sucedáneo de lo que habrían hecho en circunstancias normales. Es lo que hay hasta que la situación sanitaria se despeje, y desde luego que, visto lo visto, mejor agarrarse a un clavo ardiendo.

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