Estupenda iniciativa de Auditorio de Barañain y Producciones Nebulosas la de organizar un evento con alto índice de riesgo; tanto por el desmesurado tamaño del recinto, como por su ubicación y el peculiar formato más digno de una zarzuela que de un concierto de Rock and Roll. Tarde fría y gris en Barañain. Se cumplen las expectativas más optimistas en cuanto a afluencia de Público, con un auditorio prácticamente lleno.

Comenzó Jon Ulecia y Cantina Bizarro, sin duda una de las mejores bandas que ha dado Iruñea. Los Ulecia no defraudaron y dieron una lección de clase, elegancia y buen gusto como viene siendo habitual en sus escasas apariciones por los escenarios de la capital navarra. En esta ocasión acompañados de Germán San Martín al teclado, aportando un chispazo de frescura que parecía cerrar la cuadratura del círculo. Aprovechando la ocasión, presentaron temas nuevos más tranquilos quizá y con una tendencia más country y americana, eso sí; con la la autenticidad, el desgarro y el culto al detalle al que ya nos tienen acostumbrados. Todo parece apuntar a que habrá nuevo disco y más actuaciones; sin duda una gran noticia para la escena del Rock’n’Roll de Euskadi.

The Pretty Things fueron precedidos por unos incipientes Rolling Stones; los Blue Boys, que por aquel entonces formaban los compañeros del instituto Mick Jagger, Keith Richards y nuestro protagonista indiscutible de la noche Dick Taylor. Los Blue Boys compartían pasión por el Rhytm and Blues y los sonidos afroamericanos de la época, al tiempo Taylor abandonaría la banda para formar junto a Phil May los salvajes The Pretty Things. Según el propio Taylor comentó en una ocasión en el Bar Oreja de la calle Jarauta antes de su última actuación en Pamplona (¡y van tres!), dejó a Sus Satánicas Majestades porque le hacían tocar el bajo y él quería tocar la guitarra.

Idolatrados por los Rolling, David Bowie, Van Morrison o Mike Stax de la revista ‘’Ugly Things’’ y la banda ’’The Loons’’, The Pretty Things son -según Rudy Protudi- el grupo más influyente para los Fuzztones y otras muchas bandas de garage americano desde los 60 hasta la actualidad. Aún así, fueron menospreciados por los medios y ultrajados por sus discográficas. Éstas volcaban sus esfuerzos en los mejor parecidos The Beatles y The Rolling Stones, con melenas más brillantes y barbas recortadas dejando a nuestros amigos al margen del mainstream de aquellos tiempos.

Pues bien… Dick Taylor a sus 75 años ofreció una lección magistral de guitarra fuera del alcance de cualquier mortal y Phil May administró un fantástico espectáculo donde, a pesar de su mala salud de hierro, fue capaz de mantener el nivel y la presencia en el escenario durante casi dos horas; con un breve descanso de cinco segundos para administrase una discreta dosis de ventolín.

Uno de los momentos culminantes fue al romperse un parche de batería. En ese instante nuestros dos protagonistas intercambiaron una mirada, Taylor cambió a la acústica y de propina nos regalaron un blues mano a mano donde a más de unos nos pareció ver a Bo Diddley merodeando por el escenario. Entre ovaciones y aplausos de un público cada vez más entregado, empezó a sonar un tenue bombo, platos, timbal y caja, entonces entró Frank Holland con la armónica y, finalmente, -otro grande de la noche- el jovencísimo bajista y solista George Woosey para interpretar [si no recuerdo mal] ‘’Rosalyn’’ y continuar con el resto de su estupendo repertorio del que podría destacar -por destacar algo- su opera prima ‘’S.F.Sorrow’’ y la obra maestra de la psicodelia ’’LSD’’ en diez minutos de gran intensidad lisérgica y sónica.

Tras un breve descanso hubo bises, alboroto y el público se vino arriba. Lograron lo que parecía imposible: buena parte del auditorio abandonó su butaca y se puso a bailar. Sin duda una noche para el recuerdo y la última oportunidad de ver a estos elegantes señores que inesperadamente se despiden de los escenarios en un gran momento de su carrera.