Desaparecidos del cartel los británicos Stereophonics, los gallegos Kabuto Jr. oficiaron de teloneros, protagonizando un show algo deslucido. Aunque, como de costumbre, no achacaremos todo al pobre sonido, sino también a la interpretación algo pasiva de unos buenos temas (la mayoría de los de «Distressor» lo son), que reclaman a gritos mayor entusiasmo en la puesta en escena. Quizás el recinto les quedaba grande o quizás su actual formación (con una ex-Pussycats a la guitarra rítmica) necesita aún de algo más de rodaje. En cuanto a Red Hot Chili Peppers, no podríamos precisamente dudar que su formación no ande bien conjuntada. De hecho, esos momentos de improvisación algo torpe más bien demostraron lo contrario. Descartado ese problema, si el directo de los californianos no despegó totalmente fue por su propio lastre. Ni Frusciante justificó –aquella noche- toda la repercusión que su retorno ha tenido, ni Kiedis fue capaz de mostrar un mínimo de soltura en sus funciones, así que todo el peso del cuarteto repercutió en la, por otro lado habitual, hiperactividad de un Flea merecedor de todos nuestros halagos. De hecho, fue él quien arrastró a unos Red Hot Chili Peppers que patinaron –no por su pericia o su espectáculo visual- a causa de un repertorio sonrojante. ¿Cómo puede obviarse un descomunal disco como «Mother’s Milk»? ¿Pueden sus excelentes primeros años de carrera resumirse en «Me And My Friends»? ¿A quién demonios se le ocurriría cerrar con «The Power Of Equality»? ¿Cómo puede acudirse a «Soul To Squeeze»tras haber repasado todos los medios tiempos habidos y por haber en su discografía, e ignorar un pedazo de hit como “Higher Ground”? Y sorprende porque precisamente a eso fueron Red Hot Chili Peppers, a redondear un repertorio sobrado en hits, solo que destinado a colmar las expectativas de sus nuevos fans. Y todo eso sin hablar de la duración. Será que esa es otra historia.