Fiesta en casa. No podía ser de otra forma. Después de un par de años en la carretera y tantos conciertos, esta vez iba muy en serio. Íbamos a presenciar el último directo del grupo más vital a nivel nacional en una larga temporada. Por eso la sala estaba hasta los topes y llena de viejos conocidos ansiosos por despedirse de sus amigos Ojos de Brujo, cantando y bailando, claro está. La energía de Muchachito Bombo Infierno ya calentaba la cosa, terminando con una versión punk del “Dos gardenias para ti” con la que lo pasamos en grande. ¿Qué podemos decir de Ojos de Brujo que no se haya dicho antes? En todo caso, que se les ve disfrutar de su merecido éxito tras tanto tiempo luchando por conseguirlo y por mantener intacta su filosofía. Por eso la comunión entre ellos y su audiencia es tan fuerte. Puede que también por ello ya no tengan que convencer a nadie de su actual poder y estado de forma, lo cual no supone para nada que se duerman en los laureles. Todo funcionó perfectamente de principio a fin, con Marina subrayando lo mejor del grupo en cada momento. Su feeling, su forma de expresarse, su tranquilidad, su entrega… pero por encima de todo su admirable carisma. Pocos pueden hacerle sombra en estos momentos y menos aún son los que saben conectar con el público con su destreza. Destacó también Panko, con sus evidentes ganas de pasarlo bien, de comunicarse con la gente y de ofrecer espectáculo. No hay duda, por tanto, de que Ojos de Brujo tienen lo que merecen. Si hasta han vendido veinte mil discos en Inglaterra. Ahora la pregunta es ¿hacía dónde irán en el futuro? El público lo tiene claro: quiere más y pide a gritos un nuevo disco. Adelante