La segunda edición del Mundaka Festival comenzaba el pasado jueves con las expectativas altas tras los premios recibidos y con ganas, por parte de los organizadores, de consolidar un proyecto que, pese a las críticas recibidas desde algunos sectores, es interesante para el entorno en el que se desarrolla.

En comparación con el año pasado, observamos algunos cambios en cuanto a la estructuración del festival. Como el lugar donde actuaban los DJs, situados este año en el centro del jaleo y no apartados como el año pasado (un acierto sin duda), así como pequeñas variaciones en la disposición de los lugares de recreo (sin zona VIP, otro acierto).

Pero, en general, el mismo espíritu y ambiente que reinó en su primera edición. Con zonas de relax, unas vistas idílicas de Urdaibai como las que nos ofrece la península de Santa Catalina y un espacio pequeño pero muy acogedor. Acompañado, este año, por un cartel más homogéneo y unas propuestas variadas (actividades alternativas relacionadas con el entorno y la gastronomía) para disfrutar de la estancia.

Jueves 28 de Julio
La jornada comenzaba con un tiempo espléndido pero con poquito público. A las 19.30, con una puntualidad inglesa que reinará durante todo el festival, suben al escenario los Mocker’s. Este jovencísimo Power-Trio durangués, con su propuesta de blues-rock setentero y cañero, tuvieron el honor de abrir el festival y lo hicieron como ellos lo saben hacer: dejándose la piel sobre el escenario. A pesar del escaso público que lo presenciamos, su show fue muy intenso. Liderados por su carismático guitarrista Ritxi Blanco y sobre la base que conforman Jon García (voz y bajo) y Asier Elias (Bateria), ofrecieron un set donde mezclaron temas como “Lupus canis non familiaris” y “Full of fire” de su disco “Percute animals”, con temas nuevos que espero podamos disfrutar, más pronto que tarde, en su siguiente trabajo de estudio. Son una de las propuestas más interesantes y prometedoras que hay actualmente en la escena vizcaína.

Tras ellos llegó el turno de los catalanes Indigos. El quinteto liderado por Joss Santos cerraba la gira de su primer álbum “Shine on me” en este festival y ya preparan el que será su siguiente trabajo. Su sonido se nutre del folk americano, con algunas reminiscencias de blues y soul, envueltos en un sonido bastante acústico y limpio. Le faltó intensidad al concierto, se les notaba cansados. Así mismo, cabe destacar el papelón que tuvo que cumplir la guitarrista Mar Sánchez, quien sustituyó a su guitarrista habitual. Se notó que apenas tuvo tiempo para prepararse las canciones y tiró mucho de improvisación. Pero, conociendo las circunstancias, cumplió de sobra con su cometido. Caben destacar el tema que da nombre al disco, interpretado en solitario por su líder, u otros como “Gone”, “Believe” y “Fighter man”. Pudimos escuchar también algún tema nuevo como “Shame on you”, recordando a los refugiados sirios y el comportamiento de occidente con los mismos. En la línea reivindicativa que esbozan muchas de sus letras.

A las 22:15 salieron al escenario uno de los platos fuertes del día. Los anglo-australianos (aunque se formaron como banda en Hossegor) Sunset Sons venían a presentar el que, tras varios EPs editados, es su primer largo: “Very rarely say die”. Realmente, este festival no estaría bien representando sin una banda asociada al universo del surf. Aunque, su sonido actual difiere bastante del de sus inicios. En la voz de su cantante Rory Williams sonaron temas como: “On the road”, “Watch your back”, “Tick Tock”, o los singles “Remember” y “Medicine”. Para esa hora, el festival tenía la mayor afluencia de gente del día, y la banda hizo disfrutar a los allí presentes.

En este punto, saltamos atrás en el tiempo, pasando de un sonido actual al rock sureño setentero. The Sheepdogs saltan a escena enfundando sus Gibson y Steel guitars; vestidos, prácticamente, de cowboys, dejando claro por donde va la cosa (sobre todo para el público más joven que no los conocía). Ciertamente, eran el motivo por el que gran parte del público acudió a la cita del jueves y no defraudaron a quienes allí los esperaban. Sonaron muy bien, aunque excesivamente pulcros para lo que suele ser habitual en este tipo de bandas. El quinteto liderado por Ewan Currie ofreció un concierto sin concesiones para la galería. Una vez desenfundaron sus armas, los temas caían como moscas: desde “How late how long”, “Feeling good” o “The way it is” de trabajos anteriores, a su nuevo trabajo “Future Nostalgia”. De este cayeron canciones como “Downtown” o “Bad Liutenant”. Referencias continuas y directas a The Allman Brothers Band y The Kinks, para cerrar con su “Ewan’s Blues”, con Shaun Currie (hermano de Ewan) al trombón.

Nik West

Nik West

La jornada inaugural finalizaba con la nueva sensación del funk-soul américano. Uno de los últimos descubrimientos del recientemente fallecido Prince. Nik West saltó al escenario con la extravagante vestimenta con la que acompaña su actual show: con crestas de distintos colores y trajes color oscuro-metálicos. El sexteto, con una imagen retro-futurista, ofreció un show bastante contenido (en muchos momentos Nik ni tocaba el bajo). Sonaron “Say Something”, “People pleaser”, “Forbidden fruit” hasta que llegó el momento culmen del show con su versión de “Proud mary” de Creedence Clearwater Revival. Para cerrar eligió el tema “We got the funk” de Parliament Funkadelic. Muchos esperábamos escuchar algo de Prince, pero nos quedamos con las ganas.

Para acabar la noche, pudimos disfrutar un rato más con el musicón que nos puso Zarata DJ (muy acertado durante toda la noche) y cerrar la persiana bastante temprano, para guardar fuerzas para otras dos jornadas que se presentaban interesantes.

Viernes 29 de Julio
La segunda etapa del festival comenzaba con un tiempo nublado que amenazó durante toda la jornada con aguar la fiesta. Y, a pesar de que hubo algún momento en el que llovió bastante, el continuo sirimiri no deslució la noche. Lo que si se notaba era la diferencia en cuanto al público allí presente. Una audiencia más juvenil que el día anterior, fruto de las bandas que actuaban el viernes.

La apertura corría a cargo de otra banda de Euskadi: Kometa. Con muy poco público presente, el cuarteto ofreció un concierto en el que repasaron casi por completo sus dos trabajos editados. Sonaron: “Grabitatea”, “Eskutik heldu”, “Lo que pudo ser”, “La lucha”, “Ihesi”… cerrando con “Momentuaren zai” y “Zure bidea”. A pesar de las ganas que ponían, el concierto resultó frío por momentos y, ciertamente, la ausencia de público tampoco ayudaba.

Tras ellos llegaban los referentes, y no pueden ser otros que: Berri Txarrak. El trío liderado por Gorka Urbizu (magnífica y contundentemente acompañado por David Gonzalez al bajo y Galder Izagirre a la batería) son la referencia de Euskadi. El espejo en el que, toda banda que canta en euskera se mira para preguntarse: ¿qué hace falta para ser reconocidos fuera de nuestras fronteras? La respuesta es bien sencilla: honestidad. Esa es la máxima de este proyecto. Una tremenda honestidad a la hora de crear, elaborar y difundir su trabajo. Incansables sobre el escenario y fuera del mismo. Auténticos artesanos de la música.

Lejos de ser una gran actuación, el show fue bastante standard para lo que es habitual en ellos, ajustado a las necesidades de un festival de este estilo. Repasando tanto clásicos, como tocando temas de su último triple trabajo: “Denbora da polígrafo bakarra”. Abrieron con “Ordaina” y sonaron “Izena, izana, ezina”, “Lemak, aingurak” “Oreka” (mezclado con “Kids” de MGMT), “Jainko ateoa”, “Ikasten”… Todo ello acompañado por su parafernalia teatral habitual en directo. Cerrando con un “Iraila” que no dejó a todo el mundo satisfecho. El concierto requería, quizás, un final algo más contundente.

A las 22:45 subieron al escenario el power-trio canadiense Danko Jones. Liderados por quien da nombre a la banda y acompañado por sus sospechosos habituales (John Calabrese “JC” al bajo y Dan Cornelius a la batería) ofrecieron un concierto potente y crudo como es habitual en ellos. Su carismático líder se pasó todo el show vacilando al personal con su elocuencia verbal y atizaron sin tregua a los presentes repasando buena parte de su repertorio. Abrieron con “The Rules”, seguido por “Play the blues” y “Sugar chocolate”. Gustaron temas como “First date” (coreado por el público) y “Do you wanna rock” (con ritmos de batería más bailongos empleando el cencerro) de su último trabajo “Fire Music”. Danko recuerda demasiado a James Hetfield de Metallica (sobre todo cuando versionaron “Die, die my darling” de los Misfits), le falta quizás algo de personalidad propia. A pesar de todo, el concierto gustó, y mucho, entre la gente allí congregada, especialmente a quienes ya disfrutaron con Berri Txarrak.

Pasada la medianoche, aprovechamos para cenar algo mientras se prepara la dupla de franceses The Inspector Cluzo para montar un auténtico circo sobre el escenario. A pesar de ser solo dos personas, Laurent Lacrouts a la guitarra y Mathieu Jourdain a la batería, saben emplear todas las herramientas disponibles para crear un show estrafalario y rudo. Temas como “The Run” y “Put your hands up” hicieron moverse a la gente que ya conocía su repertorio y, su peculiar manera de interpretar la música, sorprendió a quienes los escuchaban por vez primera. Acabaron, como es habitual, desmontando la batería y tocando solo con el bombo. Gustaron y divirtieron. Resultó un buen contrapunto a la mala leche que repartió previamente Danko Jones.

Capsula

Capsula

Llegaba el turno de otro trío, aunque en formato de quinteto para la ocasión. Los argentinos (aunque afincados en Bilbao) Capsula nos ofrecieron su particular visión del “Ziggy Stardust” del recientemente fallecido David Bowie. Ciertamente, pusieron toda la carne en el asador, con su cantante Martin Guevara bajando constantemente al público y surfeando sobre los mismos. Pero, por desgracia, tuvieron posiblemente el peor sonido de todo el festival. El bajo retumbaba y tapaba al resto de los instrumentos. Con unos teclados inapreciables, una batería sin contundencia y unas guitarras sin presencia. El propio cantante se dio cuenta en una de sus bajadas y el guitarrista tuvo que subir el volumen desde su propio amplificador. Una pena, porque siempre es un placer escuchar un tributo íntegro de un álbum tan mítico como este. Cerraron con “I need somebody” de The Stooges. Por suerte, el público no dio demasiada importancia al sonido y, a pesar de todo, pudo disfrutar del show que montaron.

La jornada la cerraban, a altas horas de la madrugada, el combo madrileño Aurora & The Betrayers. Formado bajo el sello 7 pulgadas Records de Madrid, el noneto lo conforman músicos forjados en la escena funky-soul de la noche madrileña, aunque su sonido comienza a acariciar más el rock, con The Band como gran influencia. Destaca la presencia de David Schulthess en los teclados, quien realizó un gran trabajo durante todo el concierto. En su primera incursión en tierras vascas, el grupo se encontró con un público un poco cansado y bastante escaso para lo que había previamente. A pesar de todo, ofrecieron un buen espectáculo donde brilló la calidad musical instrumental. Presentaban su segundo trabajo “Vudú”, aunque escuchamos también temas de su primer álbum “Shadows go away”. Sonaron canciones como “Move on and on”, “Hey! Hey!”, “Walk to the stars” y “Who do you think you are” entre otras.

Fue un buen cierre para la segunda jornada. Cansados y satisfechos, abandonamos el recinto con ganas de disfrutar de una última jornada que se presentaba apasionante.

Sábado 30 de Julio
La jornada de clausura del festival amanecía bajo una amenaza de tormentas que, en esta ocasión, sí que hizo acto de presencia. Pero esto no desanimó a un público que prácticamente llenó el recinto. Una vez más, la presencia del tipo de bandas condicionó el estilo de público que asistió. Volviendo a un ambiente más parecido al del primer día, con gente de edad más madura.

Nuevamente, una propuesta de la tierra fue la encargada de inaugurar la tercera y última jornada del festival. El cuarteto vizacino Highlights es una de las bandas de hard rock más sólidas de la escena vasca, con unos directos impecables, llenos de fuerza y garantías. Pudimos disfrutar de los temas de su EP de debut como “F.A.S.O.S.”, “Last sunset” o la excelente “Silver queen”. Tampoco faltaron versiones de algunos de sus iconos como AC/DC o Thin Lizzy y su mítico “The boys are back in town”. Una actuación ideal para comenzar con fuerza desde el primer minuto el maratón musical.

A pesar del mal tiempo, las bandas acudían puntuales a su cita. A las nueve de la noche subieron al escenario Los Enemigos, una de las bandas imprescindibles de la escena rockera estatal. El cuarteto madrileño dejó un gran legado en los 90 con grandes temas, himnos y miles de fans de diversas generaciones. Por suerte, tras 15 años en el dique seco, volvieron hace unas pocas temporadas con las fuerzas renovadas y un nuevo trabajo. Los asistentes pudimos disfrutar de algunos de sus grandes temas como “Septiembre”, “Cuenta atrás”, “Desde el Jergón”, “John Wayne” o “Antonio”, además de algunas de sus últimas composiciones como “Cementerio de elefantes” o “Cuatro cuentos”, con la que cerraron su actuación. Rock & Roll marca de la casa.

The Waterboys

The Waterboys

Tras la tormenta más fuerte que sacudió al festival, con rayos incluidos y un pequeño corte de luz, saltaron al escenario The Waterboys dispuestos a achicar todo el agua que parecía acumularse en los cielos de Mundaka. ¡Y vaya que sí lo lograron! Pues no cayó ni gota en las siguientes dos actuaciones.
Mike Scott y su bandaza ofrecieron un auténtico recital (eran una de las grandes propuestas de este año), que hizo disfrutar al numeroso público que asistió a esta última jornada. Tras una intro instrumental, su líder asoma en el escenario para abrir con “Destinies Entwined”. A este le siguen “Still a freak”, “A girl called Johnny”, “Rosalind”… No faltó ninguno de sus mayores éxitos. Incluso tuvieron tiempo de homenajear a Chuck Berry y su mítico “Roll over Beethoven”. Tras continuos dúos de guitarras y con el violinista Steve Wickham en estado de gracia llegó el momento álgido del concierto con “The whole of the moon” coreada por los allí presentes. Se marcharon del escenario, pero nadie se lo creyó. Si el bueno de Mike pretendía hacernos creer que se iban a marchar sin tocar “Fisherman’s Blues”… Así, volvieron al escenario para cerrar su concierto con su tema más reconocido que hizo las delicias de un público que, sin duda, disfrutó mucho durante toda la actuación.

El festival asomaba hacia su final y como postre teníamos a St. Paul & The Broken Bones (en la foto superior) de Alabama. El noneto liderado por su carismático cantante Paul Janeway ofreció un gran espectáculo. Tan solo tienen un par de EPS y un largo (“Half the city”) editados, pero su soul con toques funky y pinceladas de rock encandiló al numeroso público que permaneció en el recinto. Tras comenzar con una intro instrumental, disfrutamos de lo lindo con el show que se monta el cantante, quien acabó retozándose cual croqueta por el escenario. Sonaron sus temas más conocidos como “Call me”, “Like a mighty river”, “Everybody knows”, “Grass is greener”, “Broken bones & Pocket change”, su tributo a Otis Redding con “I’ve been loving you” y temas del que será su siguiente álbum de estudio, que verá la luz el próximo 9 de septiembre bajo el título: “Sea of noise”. Destacar la labor de la sección de metales, muy inspirados durante sus solos y una base rítmica con mucho groove. Una propuesta bailable y sexy. Muy recomendables para los amantes del soul.

El café del menú nos lo ofrecieron los bilbaínos Mamba Beat, que pusieron el broche final al festival a base de su pop-rock electrónico de influencias ochenteras. Su propuesta gana enteros en directo e hicieron bailar al respetable, principalmente con temas de su tercer álbum “Paint me in black”, que vio la luz hace pocos meses y alguna versión ideal para la ocasión como “Blue monday” de New Order. La lluvia deslució los últimos instantes del festival pero certificó que, ni siquiera su presencia elimina la magia que desprende el evento.

Así finalizaba la segunda edición de un Mundaka Festival que va ganando enteros y sigue subiendo su listón. Queda mucho por hacer y por mejorar cara a futuras ediciones, como: mejorar la iluminación (“el túnel de la muerte” de la entrada, las barras y zonas de compra de tickets – incluso los que trabajaban tenían problemas – y los baños de las chicas por ejemplo), permitir la entrada y salida a quienes portan la entrada de un día (para beneficiar al entorno, sobre todo, teniendo en cuenta el cartel que han tenido y que la mayoría de asistentes no portaba abono de tres días) y tratar de concretar un cartel algo más homogéneo si pretenden hacer un festival donde el mismo público acuda a las tres jornadas.

Pero, por lo general, el festival sigue creciendo y asentando su presencia en los festivales de verano que están tan en boga. Ahora, habrá que ver como evoluciona en futuras ediciones. Cuentan con un escenario idílico y el apoyo de las instituciones. Ahora, falta trabajar más las contrataciones, corregir detalles y ofrecer una experiencia que resulte atractiva para aquellos que vienen de fuera a disfrutar de los parajes y el entorno. La competencia es dura, pero Mundaka es un buen reclamo para disfrutar de las noches de verano