Diez locos años en el valle
ConciertosMoradillos Festival

Diez locos años en el valle

8 / 10
Jokin Fernández — 09-07-2026
Fecha — 03 julio, 2026
Fotografía — Jokin Fernández

Diez años después de su primera edición, Moradillos Fest ha dejado de ser una promesa para convertirse en una de esas pequeñas grandes citas imprescindibles del verano riojano. Durante este tiempo, verano tras verano (y este año también en una pequeña edición primaveral), el festival ha demostrado que no hacen falta grandes escenarios ni carteles ilegibles llenos de nombres para construir una identidad propia.

Por Préjano han pasado artistas de la talla de Tulsa, Anni B Sweet, Sexy Zebras, Nat Simons, Los Bengala, Repion, Gilipojazz... entre muchos otros, configurando una programación que siempre ha sabido unir nombres consolidados con propuestas emergentes y artistas locales en una firme apuesta por la cercanía. Porque, si algo lo define, es precisamente esa manera de entender la cultura como un punto de encuentro entre música, patrimonio y territorio.

La celebración de este aniversario arrancó el viernes con la misma filosofía de los anteriores años. Antes de que los conciertos empezaran, el castillo de Préjano acogió un encuentro literario cercano con La Bien Querida, donde la artista conversó con el público presente sobre el proceso de escritura de sus canciones, sus referentes musicales, las influencias literarias que atraviesan su obra y el delicado equilibrio entre texto y melodía.

Previo al concierto de La Bien Querida, Poty Foronda y Siti Lee invitaron al público a rebobinar la memoria con “Rebobinando: fragmentos de una historia de Rock'n'Roll”, una lectura musicada entre anécdotas e historias contadas y cantadas que recorrió el Logroño de la Transición a través de discos, historias, canciones, bares y las guitarras eléctricas de la capital riojana.

Después llegó uno de los momentos más esperados del viernes con el concierto de La Bien Querida en formato dúo dentro del festival “Aqueteleo”, donde hizo un repaso a toda su carrera hasta sus historias más recientes, donde desde primera fila el público cantaba con emoción, algo que ni siquiera su perra Roma pudo aguantar, y acabó subiendo para acompañarla en el escenario, mientras que el cierre quedó, un año más, en manos de César Gallard. El DJ volvió a confirmar por qué su nombre ya forma parte de la historia del festival poniendo el broche a la primera jornada.

El sábado, el segundo día, arrancó con otro ritmo del que cerramos la noche. Desde primera hora, una de las pequeñas plazas del pueblo se convirtió en el primer encuentro de la mañana con la actividad al aire libre con un taller de movilidad de la mano de “Un riojano descalzo” junto con los más madrugadores para acompañar a la ya clásica visita guiada por el castillo con Marisa Bobadilla, vecina prejanera, que, cada año, orgullosa de su tierra, hace un recorrido por la historia del valle para los nuevos y repetidores del festival que visitan el pueblo.

Mientras tanto, por Préjano comenzaban a reunirse los primeros asistentes al concierto para compartir el tradicional almuerzo prejanero y coger fuerzas antes de que la música volviera a tomar el protagonismo.
El encargado de abrir los conciertos del sábado fue Pedro Pastor. El madrileño, asiduo a los festivales vecinos de La Rioja, y repitiendo en Préjano donde ya había estado anteriormente, esta vez le tocaba visitar Moradillos, donde transformó el escenario principal en un espacio de celebración colectiva con un repertorio que caminó entre la canción de autor, los ritmos latinoamericanos y el mestizaje que caracteriza su propuesta celebrando también sus “10 locos años descalzos” coincidiendo con este aniversario del festival y haciendo un repaso de todos sus clásicos.

Desde el primer momento, y con un sol de pleno acompañando sobre nuestras cabezas, el público entregado respondió convirtiendo cada estribillo en un coro y acabando en baile. Acompañado de su banda, convirtió el concierto en una celebración compartida, con ese mensaje de optimismo, conciencia y comunidad que atraviesa toda su trayectoria. Desde sus clásicas “Viva la libertad”, himnos como “Un lugar mejor”, “Verde selva”... Un directo cercano y lleno de energía que encajó perfectamente con el espíritu de Moradillos, música para escuchar, pero también para compartir y celebrar. Terminando todos reunidos en la plaza alrededor de ella cantando a capela una versión de su padre, Luis Pastor.

El concierto de Pedro Pastor trajo de la mano el mítico “rancho” de patatas a la riojana y buen vino propio de la zona en el frontón del pueblo. Donde todo el mundo hace una para reunirse alrededor de la mesa, niños y mayores, y compartir momentos entre vecinos y visitantes.

Tras la comida popular, vino la sesión de la Dj Monix en la Mielera, el bar del pueblo donde se juntan todos, para animar la sobremesa con la mejor selección musical y despertar de la siesta a todo el pueblo, y arrancar la tarde bien arriba. Con ello, los primeros en entrar en juego fueron Drugos, subiendo el volumen en el escenario grande desde primera hora de la tarde. Los asturianos desplegaron un directo sólido y contundente cimentado en guitarras y una puesta en escena enérgica y divertida que confirma el buen momento creativo por el que atraviesa la banda. Felices de haber vuelto por La Rioja, donde habían estado recientemente con una gran acogida y que poco a poco se van haciendo hueco entre el público riojano y muchos de los asistentes venidos desde otros lugares. Con canciones como “No queda tiempo” o “La máquina de bailar”, fueron construyendo un concierto que mezcló momentos más melódicos con otros de pura intensidad guitarrera, dejando claro que su propuesta bebe del mejor rock de siempre pero con una mirada propia.

Después llegó uno de los conciertos más eléctricos del festival. Llegó el turno de La Perra Blanco, que entró como una auténtica apisonadora convirtiendo Préjano en una fiesta de puro Rock and Roll a lo que el público no se pudo resistir. Su mezcla de rockabilly, rhythm & blues y actitud en el escenario, hizo imposible que nadie pudiera quedarse quieto. Pese a algún pequeño problema técnico que pudo solucionar rápido, Alba no dejó que el volumen bajara ni un segundo para el público cada vez más multitudinario, con mayor asistencia respecto a otros años, estando a la altura durante todo el show. Haciendo un viaje por canciones más recientes hasta las ya clásicas, para hablar del amor, el desamor, el diablo y otras historias de carretera.

Sobre el escenario volvió a demostrar por qué se ha convertido en una de las artistas más reconocidas y respetadas del panorama nacional, firmando uno de los directos más enérgicos y celebrados de esta décima edición. Un concierto que sin duda será recordado.

La guinda final la puso O'Funk'illo, que transformó el valle en una gran celebración colectiva para cerrar el último concierto de la noche. Los de Sevilla hicieron gala de ese inconfundible mejunje de funk, reggae y rock que les ha acompañado durante sus casi tres décadas, en un viaje de viejos himnos hasta sus más recientes canciones mientras un público completamente entregado respondía desde las primeras filas sacando los “cuennos” y dejándose la voz en grandes clásicos de la banda.

Temas como “Nos vamos pal keli” o “En el campito” fueron algunos de los momentos más celebrados de un concierto donde la banda volvió a demostrar que su mezcla de estilos sigue funcionando con la misma frescura que cuando empezaron. La complicidad entre los músicos y la conexión con el público fueron creciendo hasta convertir el final en una auténtica fiesta, con un Andreas completamente entregado en el escenario. Su actuación terminó de confirmar el acierto de un cartel pensado para recorrer diferentes estilos y públicos sin perder la identidad del festival como viene haciendo desde hace años.

Cuando parecía que todo terminaba, todavía quedaba un último baile. Como viene siendo habitual, From Disco to Cisco, el dúo también clásico del festival, se encargó de alargar la noche un poco más con una sesión de hits, a la que más tarde también se incorporó parte de O'Funk'illo en una jam session improvisada, y que mantuvo hasta el cierre definitivo de un aniversario que difícilmente podía haber tenido un mejor desenlace.
Después de 10 ediciones, Moradillos Fest sigue demostrando que el tamaño no determina la relevancia de un festival. La mezcla de música en directo, patrimonio, gastronomía y la implicación de todo un pueblo se ha convertido en un clásico en el calendario para mucha gente.

Un festival hecho desde lo cercano, desde el cariño y el amor, y desde la tierra. Entre amigos, familia, vecinos y toda la gente que se ha sumado desde la primera edición, implicándose año tras año y aportando su pequeño grano de arena. Un encuentro donde artistas, vecinos y público comparten el mismo espacio, reafirmando que, en un pequeño valle riojano, también se escriben algunas de las historias más bonitas del verano.

Lo siento, debes estar para publicar un comentario.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.