Cuarta edición, cuarta prueba de fuego y cuarto éxito de consolidación del que es, con toda rotundidad, el festival internacional con más calado en Mallorca desde el Isladencanta de los Oasis e Iggy Pop. El Mallorca Live Festival lo ha vuelto hacer: ha atendido a las demandas de sus asistentes y ha dignificado una zona tan, a priori, perdida como es Magaluf. Este año, la gran apuesta del certamen fue duplicar el recinto, ofrecer mejoras en los servicios y funcionamiento del festival y superarse, una vez más, como evento identitario del “chupinazo veraniego mallorquín”. Y acompañó estas premisas con el anuncio de una parrilla de artistas que rompían el castigo de la insularidad que sufren los locales en Mallorca atrayendo a este pequeño paraíso mediterráneo lo mejor de la música internacional. En todos sus géneros y para todos los gustos.

VIERNES 10
Eran las cinco de la tarde y el epicentro de la noche y los excesos del sudoeste de Mallorca empezaba a presenciar una puesta en escena insólita: centenares de coches se disponían a ocupar la vía colindante del conocido parque acuático de Magaluf para que, con sus ocupantes, la comunidad local se alzase por encima de la británica en una jornada llena de expectativas. Muchos de ellos sabían que a las seis de la tarde se abrían las puertas y no querían sentirse partícipes de una nueva ola de interminables colas. Pero no. Este año la organización permitió una entrada paulatina y sin pausas de los primeros de los más de 33.000 asistentes del Mallorca Live Festival 2019. En el Seet Stage, ubicado en la zona expandida del recinto, se preparaban los emergentes Bocabeats, mientras que, paralelamente, Live Jove y los manacorenses Jorra i Gomorra se armaban de valor para estrenar respectivamente el Estrella Damm Stage y el Innside by Melià, los dos escenarios de gran tamaño. La sincronía de sus melodías empezó a segregar a los asistentes por gustos, un factor muy cuidado en esta edición, y abrió las dotes de actuación sobre el escenario de la de San Cugat del Vallés, Pavvla, y uno de los momentos esperados de la edición: la actuación de Amaia. La exconcursante navarra de Operación Triunfo tenía por delante despejar algunas incógnitas. Por ejemplo, qué repertorio ofrecería, teniendo en cuenta que ha publicado únicamente dos adelantos de su debut, por lo que la familiarización de su fanbase con sus letras era una tarea compleja. Aun así, los asistentes en esta apertura protagonizada por la mediática y joven cantante, y sin llegar a cubrir apenas un cuarto del recinto, ofrecieron un buen feedback que no sorprende debido a la conocida devoción de su target. La actuación de la “triunfita” se engloba en la nueva apuesta festivalera en el panorama nacional, que funciona a la perfección atrayendo un público fiel.

Ya con el sol arrimándose al horizonte, las primeras sensaciones a nivel de organización y funcionamiento del festival son abrumadoramente positivas: una imagen cuidada, sin problemas en las entradas ni complicaciones en las barras y con una puntualidad de reloj. Ahora las agujas marcan las 20 horas y Guri Feat. Eide recoge el relevo de Bocabeats en el Seet Stage, el power trio madrileño The Mani-las -la aventura rock capitaneada por Maika Makovski– demuestra su poderío en femenino sobre el escenario y enfrente del escenario Innside by Melià se estrena, sin interferencias, el Fira B! Stage: el altavoz del talento local con una oferta ecléctica de lo que se cuece en la isla, que no es poco. Esta vez, era el turno de Haus Frauen, banda emergente y escrita en femenino que reinaban, junto con The Mani-las, en una franja horaria que apostó sin pudor por la música hecha exclusivamente por mujeres, acentuando uno de los objetivos del festival: la igualdad de sexos en los escenarios. Y la calidad. Desde la presentación del festival la cuestión de género fue un aspecto muy presente en todos los reclamos y durante la celebración de este se respiró en todo momento. Ya no hablamos de discriminación positiva: estábamos presenciando un festival del siglo XXI en el que el talento femenino no contaba con una franja horaria en las actuaciones por una cuestión de responsabilidad o mínimos, sino por su valía.

Los siguientes en saltar al ruedo inmortalizaron uno de los primeros momentos en los que el recinto empezaba a presentar cierta homogeneidad al concentrarse un número significativo de asistentes. Era el turno de La M.O.D.A y su miscelánea folk, blues y rock and roll, enalteciendo a Johnny Cash a ritmo de acordeón. Una vez más convencieron, aunque jugaban frente a un público entregado que respondió con excitación a su enérgico concierto. David Ruiz y los suyos fueron los primeros protagonistas que realmente movilizaron a los asistentes. Justo al terminar los de las camisetas blancas, el rap de Ayax y Prok se apoderaba del escenario Estrella Damm. Los raperos andaluces atrajeron una vez más al público joven con una propuesta cuya personalidad, contundencia y espíritu reivindicativo se mueven en perfecto equilibrio. Su forma de moverse por el escenario, sus bases graves y la fluidez de su rap rasposo fueron celebrados por un público que no tenía demasiadas propuestas del género enmarcadas dentro del festival. Su actuación contrastaba con el indie-folk de los locales Ombra en el Fira B! Stage. En este preciso instante, se materializaba el inicio de la traca final de grupos antes de la oleada electrónica del fin de jornada.

Vetusta Morla saltaban al escenario a las 22:25 horas. Puntuales, como todos sus compañeros. Lo hacían con una propuesta muy cotizada en los festivales españoles que funcionó a la perfección con sus seguidores asiduos. La falta puntual de fuerza en el sonido de su actuación se vio compensada por un gran calor del público en temas como “Copenhage” o “Maldita dulzura”. Cuarenta minutos más tarde el confeti volaba por los aires con la rumba de La Pegatina, uno de los infalibles contra la pasividad en el público. Los pogos y los saltos se apoderaron del Estrella Damm en una actuación frenética de esas que no deja ni un segundo de descanso al público. Mientras, The Southnormales iban terminando su actuación en el Seet.

Pasadas las 00 horas de la madrugada, la oferta se dividía en tres: Los Estanques en el Fira B!, El Búho en el Estrella Damm y el que, posiblemente, fue el concierto más redondo de esta edición: los irlandeses del norte Two Doors Cinema Club. A poco tiempo de publicar su nuevo larga duración, la banda conseguía un nuevo llenazo en el Innside By Melià con un show estudiado al milímetro, sin el más mínimo fallo y al mismo tiempo ejecutado de tal manera que la espontaneidad no se echó de menos lo más mínimo. Ni una pega. Alex Trimble obsequió a Mallorca con aquello que todos queríamos y Calvià tembló por ellos. El clásico “What You Know” sonó con la energía y la frescura del primer día, y supimos apreciarlo. Pero no podemos olvidar que “Talk”, uno de los adelantos de su próximo disco, también funcionó masivamente y fue coreado por todo el público. Ninguno de sus compañeros de cartel, incluido Jamiroquai, supo sonar de manera tan redonda como lo hizo el trío irlandés.

Tras la euforia de una primera jornada de cuerdas, melodías vocales y bombos y cajas, llegaba el turno para el hombre dominando la máquina. El cuadrilátero electrónico se escribía con cuatro nombres: Maya Jane Coles, Dengue Dengue Dengue, Ley DJ y Laurent Garnier. Cuatro apodos que exploran el dubstep, el deep house, la música dance y el techno, con uno que brilla por sí solo. Laurent Garnier era el gran nombre de la electrónica de esta edición.Once años después, el referente del género ponía la guinda en el pastel de una primera mitad de Mallorca Live Festival, hasta el momento, impecable y memorable. Los devotos de Garnier echaron en falta la fuerza con la que el francés ha deleitado en citas como el Sónar, y destacaron que la expectativa con la que asistieron al encuentro se vio meramente rebajada por el espectáculo del DJ preparado para esta ocasión.

SÁBADO 11
Las resacas no son siempre síntomas del desenfreno tras una noche de alcohol. También existen las resacas musicales. La asimilación de un concierto que te marca, o los tutes maratonianos de escenario en escenario. Sea como fuere, el sábado 11 de mayo será recordado por aglomerar un alto número de resacosos, de cualquier índole, planeando cómo afrontar el segundo hemisferio del Mallorca Live Festival. La segunda tipología de afectados que se animaron a volver a ser uno de los primeros en entrar en el recinto se topó con una batida inicial de grupos locales. En el Estrella Damm alzó las manos Andrew “B Flat” Vega, el rapero y productor ganador del concurso Mallorca Live Talent, que cautivó con carisma a todos aquellos que dieron su apoyo por el durante el certamen y a todos aquellos que lo descubrían por primera vez. En Innside by Melià sonaban Isla Iglú, una propuesta local que lleva dos años luchando por hacerse con un hueco en la escena nacional con un pop comercial que dio la bienvenida a los asistentes que entraban de cara al recinto. En el Seet, mientras, amenizaba la fiesta Goodman, mientras que Andrew “B Flat Vega” terminaba su faena y pasaba el testigo a Dinamo, ska y ritmos latinos con una alineación multicultural muy querida en la isla. A las 19:30 horas se subía al Innside el catalán Ramón Mirabet con una propuesta que iba desde jazz hasta sonidos más pop y que nos resulta familiar por canciones como “Those Little Things”, banda sonora del anuncio de Estrella Damm de 2016. Un acierto con sonido a verano. En el transcurso de las 20 horas, las propuestas fueron las Sweet Poo Smell, también de unanimidad femenina, en el Fira B!, donde presentaron sus nuevos temas, y la potencia de los argentinos Babasonicos en el Estrella Damm, con una dosis de puro rock.

Llegados a las 21 horas, la segunda jornada del Mallorca Live Festival estaba más que en funcionamiento y sus platos fuertes no tardarían en llegar. En el Innside by Melià se oyeron gritos de “Viva Mallorca, viva Murcia y viva Suecia”, era el turno de una de las propuestas indie más demandadas en el circuito de festivales por su puesta en escena y capacidad de movilización. Viva Suecia iba acabando su turno y se compaginaba con sus vecinos murcianos Second, que, junto con los locales Lava Fizz, calentaron motores para el momento estelar de la noche.

A las 22:45 de la noche, y con la más absoluta puntualidad, se coronaba el rey de la velada. Los británicos Jamiroquai dieron una lección musical digna de su nombre. La máxima expectación por su única actuación en España congregó en el recinto al máximo número de asistentes de la edición y, por consecuencia, de la historia del festival. La complejidad de sus acordes, la magistral ejecución de sus canciones y la excentricidad de Jason “Jay” Kay (en la foto), vestido de chándal, como es usual, y con un sombrero robotizado que empezó a usar en “Automaton”, su último trabajo, arrancaron los bailes entre los asistentes. “Es un placer estar en la tierra del Sol”, exclamaba su líder, que a pesar de ya no ser el Jay Kay de 23 años que cautivaba con sus bailes al mundo entero en 1992, sorprendió a más de uno con algún pase sobre los escenarios. Jamiroquai ejecutaron los primeros segundos de “Shake It On” y la euforia pasó por “Little L”, “Space Cowboy”, “Cosmic Girl” y largos interludios que evidenciaban una técnica impecable. En el otro lado de la moneda, los asistentes que quisieron rebajar la complejidad del acid jazz pudieron disfrutar del concierto de Dellafuente en el Estrella Damm. Eso sí, con más autotune y menos elegancia.

Con la madrugada acechando y tras la gran movilización de Jamiroquai, los asistentes se separaron en dos grandes bloques: los del punk de los gallegos Novedades Carminha y los del indie londinense de The Vaccines. Dos grandes actuaciones que hacían gala de la riqueza musical que ha albergado esta edición y que, aun con géneros dispares, uno desearía dividirse en dos. En el Fira B! podíamos apreciar el incisivo repertorio de la banda afincada en Barcelona Side Chick.

Para la oferta electrónica del sábado, el Mallorca Live Festival te proponía una parrilla de conciertos para dar todas las fuerzas que pudieses haber reservado. A la 1:25 de la mañana Baiuca subía al Estrella Damm para hacer algo insólito, o al menos poco habitual en la isla: mezclar la música tradicional gallega con la electrónica, creando mantras introspectivos dignos de estudio. A las 2:25 horas se subía Dixon, el mago berlinés del techno y house, que conformaba uno de los reclamos de esta edición de electrónica, y que se vio solapado por una de los momentos más bestias del festival: la fuerza de “los caballos en la niebla” de Fuel Fandango y su interesantísima propuesta fusión que desató la euforia en el Innside. El chorro de voz de Cristina Manjón, aka Nita, revitalizó a los presentes y supo afrontar con éxito un horario tardío y, a priori, dominado por la electrónica. Sin duda, lo que parecía un desajuste horario se convirtió en una bendición llegada en el momento idóneo. La cúspide de las bandas acabó con ellos y fue seguida de los remixes de Dj Coco, que rememoró algunos temas que cayeron en el olvido de una manera enérgica. Mathew Jonson cerró una jornada que también contó con las actuaciones de Satore, Disco Canela, Rosana Nun y Los Dos, y la actuación final del Fira B! de la mano de The Market Noise.

La consolidación es uno de los retos más difíciles para un festival joven. De ello dependen tantos factores que es imposible establecer una lista con todos los checkpoints a tachar. Pero Mallorca Live Festival ha encontrado el antídoto de todas las complicaciones técnicas y humanas de sus anteriores ediciones para ofrecer un formato de mucha calidad y especialmente cuidado. Si lo que quería era afincarse como el evento que da por empezado de manera oficial el verano en Mallorca, no va por mal camino. Quedará por ver si es capaz de superarse a sí mismo en su quinta edición.