El último disco de The Limiñanas, “Shadow People”, ha colocado al dúo francés en la cima del rock europeo. No solo eso: define como ningún otro trabajo anterior su estupendo ojo para tejer alianzas y colaboraciones de primer nivel. En Intxaurrondo no estaban Pascal Comelade, Peter Hook o Anton Newcombe, pero, a cambio, la pareja sentimental y profesional formada por Lionel y Marie Limiñana pasó a convertirse en una familia numerosa (y bien avenida) de siete miembros.

Resulta muy curioso cómo el dúo que lo hace casi todo en el estudio queda relegado a un plano mucho más discreto en sus conciertos. La puesta en escena del grupo es espectacular. Forman dos líneas de combate: en la primera, al borde del escenario, se coloca la austera batería de Marie, a su lado Lionel con su guitarra, y en los extremos los cantantes; en la segunda, mezclan sus posiciones un bajista, una segunda guitarra eléctrica y un chico para todo, el actor y músico español Iván Telefunken, que brilló con luz propia con todo tipo de instrumentos y cacharritos.

Beben de la fuente que todos conocemos (Brian Jonestown Massacre, The Jesus and Mary Chain, Can, The Velvet Underground), pero su muro de sonido nunca llega a abrumar. Música robusta y accesible, que aprieta pero no ahoga. Incorporan toneladas de buen gusto, la sabia combinación de voces chico-chica y un idioma, el francés, que les aporta dulzura y una personalidad muy especial.

El único momento en el que bajaron de revoluciones (y de cantidad de miembros en el escenario, solo quedaron tres) fue con la delicada y ensoñadora “Pink Flamingos”. La despedida fue muy significativa: un tema tan archiconocido como “Gloria” se convierte, pasado por el tamiz Limiñana, en una pieza vigorosa y rejuvenecida.

Antes, llegó el turno del trío de Iparralde The Lookers. A punto de estrenar su nuevo LP, cada vez suenan más frescos, libres y desprejuiciados. Si al principio sus referentes eran el punk y el garaje ahora parecen haber virado a un terreno más pop y pausado. Lo cierto es que cada vez suenan más auténticos y reconocibles. En un concierto de The Lookers caben ya varios mundos al mismo tiempo. Para muestra, su nuevo single: “Everybody Likes What Everybody Likes” arranca con cierto aire Kinks y termina recordando a Pavement. A los donostiarras Glory Howl, los primeros en abrir la noche, no pude llegar a tiempo. Queda pendiente.