El irresistible veneno del rock’n’roll
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El irresistible veneno del rock’n’roll

9 / 10
José Carlos Peña — 03-05-2017
Empresa — Son Estrella Galicia
Fecha — 30 abril, 2017
Sala — La Riviera, Madrid
Fotógrafo — Alfredo Arias

Los hermanos Reid se redimieron de su anterior y ya lejano paso por Madrid en una noche pletórica en la que combinaron magistralmente las tablas que da la experiencia con la visceralidad que precisa el rock. Cualidad esta última que, visto lo visto desde su reunión, parecía extraviada en favor de un academicismo mortal de necesidad para su música. Pero resulta que el nuevo disco y la consiguiente gira en la que están inmersos parecen haberles sentado de maravilla. ¿Cambio de banda, de hábitos, definitiva reconciliación fraternal? En Madrid dieron un concierto inolvidable, a la altura de su leyenda. Y eso que Jim ya no bebe y se lleva bien con William. Y drogas duras, ni olerlas. Seguro que todo ayuda.

Ni Chuck Berry, ni Lou Reed, ni Jim Morrison: para toda una generación criada entre los espasmos del post-punk, fueron los hermanos Reid quienes nos inocularon de por vida el glorioso veneno del rock’n’roll. Esa suerte que tuvimos, como dice Woody Allen refiriéndose a la música que escuchó de niño. El sold out de La Riviera era elocuente: No se han prodigado por Madrid. En mi caso, el recuerdo del tibio concierto del Summercase de hace ya casi una década pesaba lo suyo. Eso, y un nuevo disco aparentemente tan largo y disperso como su canto del cisne de los 90, “Munki”. Sin embargo, por lo visto en La Riviera, da la impresión de que “Damage and Joy” es bastante mejor de lo que parece. Los Reid no entregan cualquier cosa.

Cayeron, pues, unas cuantas canciones nuevas, que para eso han tardado diecinueve años en publicarlas, empezando por “Amputation” y más tarde “Mood Rider”. Mezclaron perfectamente con un repertorio imbatible de más de treinta años, con presencia equilibrada de sus tres álbumes de los 80 (aunque el inmenso “Automatic” se llevó la palma) y “Honey´s Dead”, su disco bailable influido por la movida de Madchester. Celebración, sí, pero sin tonterías nostálgicas. Un afable Jim, hecho un tirillas y con aspecto saludable, cantó mejor que nunca. Su hermano William, que ha hecho de la simplicidad, el buen gusto y un muro de sonido su marca personal, incendió la noche con su Gibson 335 y sus dos amplis al diez conjurando un torbellino de fuzz y ruido blanco que nos transportó a ese mítico Oz del rock en el que Bo Didley, la Velvet Underground, los Ramones y The Stooges están de parranda. Y la banda -hasta el batería parecía un clon de Bobby Gillespie, su primer batera allá por el 85- estuvo en todo momento donde tenía que estar, aportando precisión y fuego a partes iguales.

La corriente eléctrica generada por el quinteto fue por momentos de un voltaje demoledor, beneficiado por el excelente sonido que el técnico fue capaz de sacar a una sala que nunca pone las cosas sencillas. Monumentos al pop galáctico como “Head On” o “Far Gone and Out”; “Blues From A Gun” y su riff de la caverna; la excelente y recuperada en su nuevo disco “All Things Pass”; “Reverence” -“I wanna die just like JFK, I wanna die in a sunny day…”-, cuya turbia atmósfera de acoples malsanos fue llevada hasta el límite para regocijo del personal; casi para el final, “You Trip Me Up” y “Never Understand”, perlas ruidistas del mítico “Psychocandy”. Por supuesto, también hubo momentos para la otra cara de la moneda, con baladas perversamente exquisitas marca de la casa de la categoría de “April Skies”, “Some Candy Talking” o “Just Like Honey”. El colofón de los dos bises requeridos por el respetable fue, naturalmente, “I Hate Rock and Roll”, único tema recuperado de “Munki”, cuyos acoples de guitarra acabaron por destrozarnos literalmente los tímpanos (sarna con gusto no pica), haciéndonos partícipes de esa ceremonia de inmolación eléctrica que es el rock and roll. Que los hermanos Reid practican desde que salieron de su pequeño pueblo de Escocia, rumbo a la eternidad, a codearse con los ídolos de su eterna adolescencia.

Los navarros Monte del Oso abrieron con una buena descarga de power-pop energético y entregado.

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