Un año más, Mondo Sonoro, en su edición Zarata para Euskal Herria y La Rioja presentaba su fiesta Demoscópica en la que grupos emergentes comparten escenarios con bandas de más largas trayectorias. Y como ya se había comentado, este año la Demoscópica a celebrarse en Bilbao proponía lo que sin duda iba a ser una sucesión de sopapos de auténtico rock’n’roll dados con las manos bien abiertas. Como así fue durante toda la noche, en que las guitarras tomaron el escenario del Antzokia a golpe de punk descarado, rock’n’roll de esencia cavernosa y diversión sónica. Una buena entrada demostraba que más allá de los agoreros, aún hay nervio y músculo en la escena más directa.

Y directos abrieron el trío Los Cosméticos (foto inferior), iniciando así una progresión que la noche llevaría a un cuarteto para finalizar en quinteto. Nacen de las entrañas de La Hora del Primate, combo bilbaíno de aguerrida distorsión y dislocación sónica, y aquí, Barrio y los dos Albertos ponen sus guitarras, bajos y baterías a disposición de un concepto igual de ruidoso pero con el regusto suave capaz de incitar al baile. O al salto y al bote. Desde la esencia del garage más sucio y nada ortodoxo y las melodías discordantes, suenan mucho más crudos en directo que en sus hasta ahora dos únicas canciones grabadas, “Love dealer” y “Mr. Beautiful”, yendo desde los espasmos que les empujan al muro de ruido con que cierran “You are the one”, sin abandonar un cierto latigazo funk, al punk rápido y directo de “The ilusion”, hasta las roturas de ritmo que jalonan “The hit” y les depositan en los brazos de su banda madre, con guiños a cierta épica, al grunge e incluso al after-punk hispano de los 80. Y a pesar de su aún corta carretera, no necesitan acudir a canciones primates, sino que defienden repertorio propio con la rotundidad del formato trío y el calor generado en el útero que les ha parido.

Los Cosméticos por Dena Flows

También los ya veteranos Paniks (foto inferior) mantienen conexiones con La Hora del Primate, con un JR Rioja explosionando guitarras y voz en ambos combos. Y disparando uno tras otro, casi sin el más mínimo descanso, pildorazos convertidos en tortazos de energía pura. Más de veinte perdigonazos en una hora es una progresión más que acelerada. Y claro, la aceleración, ya sea a caballo de ritmos soñados por Dr. Feelgood en “Shot gun blast”, guturales, como en la apertura con “Jony”, corales y directos, como en “La Plaga”, todo un himno, o cruzando incestuosamente punk con blues, les pone a la velocidad de la luz. Su formación puramente eléctrica queda puntualizada por la presencia del contrabajo, que alienta los aires a rockabilly crampiano de “I got a love” o el lento arrastre de “Fire of love”, y aprovechan el bolo para presentar su nuevo EP, que bajo el genérico “Los valientes andan solos” ofrece pegadas tan directas como las de “Pan” y “Camposanto”. Así que normal que se desaten todos los infiernos cuando en “Black Music Voodoo” o “Karramarro” introducen en la distorsión cuanto ruidismo y punk han sido a lo largo de la historia del no silencio. Algo, el no silencio, a lo que contribuyen Paniks de muy buena gana.

Paniks por Denna Flows

Así que si la noche iba de hostias bien dadas, qué mejor que terminarla con una de las formaciones más impactantes que haya existido nunca por estas tierras si del espíritu lúdico, gamberro y beodo del rock’n’roll es de lo que estamos hablando. Porque los donostiarras Nuevo Catecismo Católico (foto encabezado e inferior) siguen siendo capaces, allá que pasen los años, de sentirse como jovenzuelos destrozando tímpanos, y lo que es más importante y consecuencia de ello, hacer sentir al público igual de jovenzuelos, igual de adultamente irresponsables y gustosos de dejarse destrozar sus propios tímpanos. Cada vez que Gonzalo Ibáñez y sus chicos arremeten con mandobles de la tralla de “Prefiero estar en el suelo”, “Ya nada podrás hacer” o “Detrás de tu mirada” con los que abren el set, uno se autoconvence de que todo lo que pase fuera del Antzoki no es real, no interesa o simplemente no existe, y que la esencia de todo, de la manera en que nos la enseñaron Little Richard, MC5, los Ramones o Radio Birdman, está encima del escenario y en el cuello de una botella de cerveza. Por eso el botellín en la mano o sobre la cabeza remoja el hacha cortante que revienta “Sabes demasiado”, los coros beodos de “Tú y yo podemos comprenderlo” o la particular oración, su particular “Credo”, al grito de “Mezclando los problemas con alcohol”. Normal pues que en “Aquí llega Dios” definan el rock’n’roll, el punk, la histeria y la risa, y normal que, siendo unos auténticos adictos, tengan encima la capacidad subterránea de bucear en el subsuelo para encontrar joyas como ese “Rock a la radio” de los franceses Bijou que uno no llega a entender que no haya sido una melodía tan simple como para cambiar la historia del rock. Sí, esa es la capacidad sin fin de NCC.

Nuevo Catecismo Católico por Dena Flows