“¿Tú crees que hará Hütz lo de surfear encima del público?”. Esta pregunta forma parte del fragmento de conversación que alcanzo a escuchar en el camino que va de la taquilla a la tercera fila. Tercera, porque pese a entrar tres cuartos de hora antes, la segunda y la primera están tomadas; y digo tomadas porque no hay quien los mueva. Ni por gipsys ni por punks, sino tomadas por gente normal, quizá sin afeitar y con algún tinte exótico en la melena, pero sin ninguna adscripción a subculturas. Gente corriente y moliente, pero de una fidelidad a los Bordello como ellos: inamovible…

Un poco antes habíamos podido ver sobre el escenario a a Iseo una de las sensaciones más interesantes de la presente temporada. Acompañada de su banda habitual, la navarra afincada en Madrid ofreció un recital de cálido R&B (e incluso reggae) que sirvió como prefacio ideal al follón que estaba por venir.

La pista no está tardando en llenarse, y la camiseta de la banda con el tirachinas dibujado parece que la regalan en la entrada. Uniformados o no, todos los pies están inquietos y se mueven al ritmo del pulso de un boxeador. Sin quererlo, no nos hemos dado cuenta y ha empezado a sonar el violín de Sergéi Riabtsev. No se rompe la camisa porque no la lleva, y abre el concierto con “Sally”, una canción con más de diez años pero que sigue igual de viva. La encadenan, sin pausa, con “I Would Never Wanna Be Young Again”, en la que entre piruetas aparecen en escena Vanesa y Pamela, haciendo más evidente su excelencia física, cuando una de ella tras una voltereta lateral, se sostiene haciendo el pino y abre las piernas para que Eugene la utilice de tirachinas y lance un ramo de flores al público. A partir de ahí: bocas abiertas, saltos, aullidos y sudor. Se tocan cinco temas casi sin respirar y de repente gritan: “¡Hace mucho tiempo que ya no te decía, basta de injusticia, muerte y policía!”

Están tocando “60 Revolutions”, no llevan ni la mitad del concierto, y dos de las preguntas que escuchaba al principio ya las han respondido: La banda actual está al completo y ¿follón? De acuerdo con que no es un pogo de boneheads enfermos y rabiosos, pero hay codos, rodillas –ya me he mordido el carrillo- y una marea de sudor y golpes sincopados para todos los gustos. Así, entre castañuelas, armónicas, frenéticas tablas de lavar la ropa, un cajón que vuela de una patada, y los anabolizantes paseos con el bombo entre las manos de Vanesa y Pamela, se suceden canciones como “Wonderlust King”, “Immigrandia” o “Start Wearing Purple”, haciendo del concierto un auténtico espectáculo frenético, una macarrada precisa hasta el detalle que haría bailar incluso el mármol del Taj Mahal.

“Ultimate” “Mi Compajnera” en las que Euggene bebe y lanza el Cune (sí Cune), da rienda suelta al desenfreno del publico central. Un mosh pit. Nos lo corta Eugenne al empezar a cantar “Alcohol”, pero impacientes nos pasamos la canción intentando mantener el círculo vacío al que saltamos repetidas veces con la llegada de “Baro Foro” donde los gorrazos y la sonrisa de lao’ abunda. De pronto, el concierto se termina, se han tocado diecinueve temas y se han marchado. El vacío se mastica, lo del surf sobre el público es algo inimaginable, y hay una aceleración generalizada por toda la sala. No nos van a dejar así, no, ¿no? Se oye “Happy Birthday To You”, es el cumple de Pedro, y pese a que esa no sea la canción más animada del mundo, nos volvemos a calentar, se vuelven a calentar y “Undestructable”, ahora sí, Euggene tumba el bombo en las primeras filas y responde a la primera pregunta.