Es difícil imaginar un escenario más apropiado que el de ‘Noches del Botánico’ para acoger la actuación de un grupo tan emocionante y estremecedoramente personal como es Big Thief. La banda llegaba con la intención teórica de defender en directo las canciones de “Double Infinity” (4AD, 25), el que es su último álbum hasta el momento, pero decidieron aprovechar la fecha para hacer un repaso por ese impagable catálogo que, amasado a lo largo de una década, ha cundido de forma extraordinaria. Ya en escena, el cuarteto optó por agruparse en el centro del escenario, con la cercanía física como filosofía imperante y en un movimiento que casi podía intuirse como la búsqueda de un amparo mutuo que derivase en complicidad y la materialización de esa magia marca de la casa.
Una confabulación que no tardó en dar sus frutos, con el cuarteto alejado de cualquier distracción, conservante artificial o adorno adicional. Big Thief no fueron sino una gran banda de formas sencillas, interpretando sus bellas composiciones para un público afortunado que no podía sino admirar la pericia instrumental del combo y la evocadora aspereza vocal de Adrianne Lenker. Una interpretación cargada de personalidad, la de la cantante, del todo extrapolable al concepto de Big Thief como grupo, con la ya probadísima capacidad del combo para manejarse entre sonidos alt-country, americana, chamber-pop o indie-folk. Un perfil clásico que los de Brooklyn han sabido actualizar con tanto respeto como vigencia, perfilando la fórmula a golpe de diferenciadoras peculiaridades y que, sobre las tablas, ven potenciandas exponencialmente sus emotivas e hipnóticas consecuencias.
Big Thief no dejaron de crecer durante los cien minutos que estuvieron sobre el escenario sito en la Universidad Complutense de Madrid, con una intensidad marcada por paradas en “Vampire Empire”, “Shoulders” “Not”, “Certainty”, “Space And Time”, “Simulation Swarm” o “Shark Smile”, además de un puñado de inspirados temas nuevos –incluyendo ese “Christmas Day” que cerraba el grueso del concierto– señalando el momento dulce de la formación. Un concierto para atesorar, en definitiva, reconfirmado en los bises en base a dos gemas del calibre de “Change” y “Masterpiece”. Por impecable, desde luego, pero sobre todo por su cercanía y realismo intrínseco, de los que desencajan con unas armas que brillan en su más pura sencillez.

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