Como una moto y sobre una moto. Bad Gyal arrasó anoche en Barcelona en la presentación de “Worldwide Angel” (Canada, 2018) y lo hizo bajo una premisa más simple que un ladrillo: las cosas directas, sin rodeos, mucho mejor. En el primer tema, “Tu moto”, no adivinan… Apareció sobre ruedas. Toma recurso.

Más. ¿Qué querían los asistentes, puros ‘lovers’, y que colgaron un señor ‘no hay entradas’? “Tra”. Pues nada, graves marcados, juego de luces bicolor y dos bailarinas dándole al ‘booty dance’ para reforzar el montonazo de coreografías del bolo. La experiencia en Jamaica es un grado, pero moverse sin perder el aliento conlleva sacrificios. Ale, adiós voz. El ‘vocoder’ arruinó incluso los pocos parlamentos de la catalana, diluidos en villa pitufo.

El micrófono de diadema a lo Chayanne, en constante bamboleo, dejó a Alba Farelo muda por fases. Pero allí donde no llegó el ‘playback’ lo hizo un público dispuesto a cantarlo todo. Y sino, fe en las bases: Fake Guido anduvo a los platos sin salirse del guión, muchos ‘hits’ –algunos producidos por él mismo– pero sin coser.

El valenciano se limitó a tirar los ‘bits’ y servirse de algún ‘reload’ para romper la monotonía. En ese sentido, peor operó Rude Teo, el ‘sparring’ que había elegido Bad Gyal y que hizo del teloneo un popurrí sin guión.

La posibilidad de empastar los temas tampoco estuvo sobre la mesa y el concierto se movió entre dos pantones bien diferenciados: el sonido exquisito del nuevo largo por un lado, y el resto de canciones de la discografía de la vilarasense –pegonas pero más parcas en producción– por otro. “Fiebre” (“Slow Wine Mixtape”, 2016) es infalible pero no brilla como “Blink” (“Worldwide Angel”).

La última ‘mixtape’ de la catalana, una puerta abierta a la internacionalización gracias a la mezcla sin rival de dancehall, dembow o EDM, combina sonidos de club con estructuras más inclusivas. De la fórmula, Bad Gyal se decantó en Barcelona por lo popular. Sin experimentos. Y la sala se convirtió en una jarana hedonista, un lugar donde nadie cuestionó a nadie durante hora y pico: el idioma de la cadera es universal (y no requiere de palabras).