Con una semana de retraso por culpa de una inoportuna gripe de Juán Aguirre, se presentaban Amaral en ese pequeño templo del indie catalán en el que se ha convertido el Bar Heliogábal de Barcelona. Y lo hacían ante unas escasas ochenta personas, felices y encantadas de antemano por el mero hecho de sentirse privilegiadas de presenciar, en pequeño formato acústico, a los dos máximos responsables de este exitoso proyecto en cuanto a popularidad se refiere, aunque ande algo falto de cierto prestigio. Y lo están sobre todo entre un sector de la crítica, pero también de un público digamos exigente, que pide algo más que unos estribillos fáciles de entonar. No sabemos si la jugada estriba precisamente en eso, y lo que buscan Juán y Eva es mostrarse terrenales, cercanos y dispuestos a dejar su huella en un formato desnudo, en el que es imposible la trampa y el cartón. Lo consiguen y nadie sale de la experiencia sin reconocer su valía como músicos, pero sobre todo como vocalista de Eva, en el que resulta ser todo un despliegue de registros que van del más grave al aullido agudo, sin perder la entonación y la fuerza de su voz. Perfecto, quizás incluso demasiado perfecto. A mi personalmente me falta ese hecho diferencial que tienen gargantas más desviadas de lo académico como las de Marianne Faithfull o PJ. Harvey. Y eso a pesar de que sea precisamente a esta última a la que se puede asemejar en algunos momentos, los mejores, en los que el blues se convierte en protagonista de la velada, o cuando se lanzan a reinventar una versión de “Universal” de Lagartija Nick en el que me resulta el momento de mayor intensidad y belleza de su set. Un listado de temas que pierde fuelle precisamente en los más conocidos, que tampoco fueron demasiados, pues hubo algo de rodaje de canciones nuevas como “Cuando suba la marea” que posiblemente pasarán a engrosar su próximo disco. El caso es que pese a salir reconociendo que quizás he sido demasiado duro con ellos en algunas de mis valoraciones pasadas, perdura la certeza de que en el fondo lo que da cierta rabia es lo desmesurado de su éxito, pues tampoco hay tanta diferencia entre lo que pueden aportar ellos en ese formato íntimo y lo que pueden dar de sí otros artistas como Azhara, Alondra Bentley o Anari. Es esta diferencia entre lo exitoso y lo underground lo que marca cierta diferencia y lo que en ocasiones provoca cierta dureza en las apreciaciones. Amaral son un buen grupo, tienen un buen puñado de canciones digno de elogio, pero también les pierde ese querer simplificar en busca del relamido estribillo resultón que les garantice seguir en la cresta de la popularidad, no ya de unas ventas, que como la propia Eva afirmó durante el bolo, “puede que hayan desaparecido cuando saquemos el disco”.