Rifkin’s Festival
Cine - Series / Woody Allen

Rifkin’s Festival

6 / 10
Luis M. Maínez — 09-10-2020
Empresa — The Mediapro Studios
Fotógrafo — Archivo

Decía Elena Anaya en Late Motiv, el programa de Andreu Buenafuente, que Woody Allen se había ensañado particularmente con ella durante el rodaje de esta “Rifkin’s Festival” por sus habilidades como actriz, llegando a decirle a la palentina que era “eres la peor actriz de la historia del cine”. Anaya añadió también que Allen siempre tenía razón. Sin embargo, tampoco Woody Allen ha dado lo mejor de sí mismo en esta vuelta a la gran pantalla después de su primer año en blanco desde hace cuatro décadas. “Rifkin’s Festival” es una película que hay que ver con cariño especial de fan para intuir sus bondades.

Del mismo modo que en el precioso prólogo tenístico de “Match Point” (esta sí, una obra maestra), la pelota podía tocar la red y caer de cualquiera de los dos lados de la pista, y así ganar o perder, el esperado filme sobre el Festival de Cine de San Sebastián toca la red y cae del lado de un Woody Allen que no parece haberla golpeado con demasiada fuerza. Mientras que algunas de sus últimas obras (“Cafe Society”, “A Rainy Day In New York”) aún estando lejos de ser sus mejores películas conseguían transmitir humor y ligereza y plasmar de manera satisfactoria el archiconocido universo del cuatro veces ganador del Óscar, en esta ocasión la magia no termina de aparecer. Por lo menos de forma evidente.

“Rifkin’s Festival” empieza a un buen nivel, con varias frases memorables marca de la casa, pero acaba perdiendo fuerza en la escritura y la dirección. Uno se distingue visitando el particular y bien conocido universo de Woody Allen, pero parece que ha pasado por allí en un mal día. El maravilloso festival de San Sebastián (incluso la ciudad) no luce tanto como debería, y acaba siendo un telón de fondo intercambiable por cualquier otro festival o ciudad. Es, de hecho, el universo de los festivales y la industria cinematográfica, donde uno puede imaginar que Woody Allen ha logrado reflejar con exactitud sentimental el tedio que le produce la colección de Jefes de Prensa, prometedores y pedantes directores comprometidos, acompañantes tediosos como es Mort Rifkin, el protagonista, y la fauna que habita en todos estos saraos. Algo que, unido a sus revisitaciones de ciertas películas memorables del cine clásico europeo (Fellini, Bergman, Buñuel,…) como escenas-interludio, sueños del protagonista, que a la postre quizá formen un retrato más exacto de lo que pasó durante la estancia en Donosti de Mort, conforma sus dos mayores aciertos. Falta, sin embargo, incisividad mientras sobra reflexión.

Además, las escenas con el marido artista de Jo Rojas pueden ser de las tres peores en la filmografía de Allen. Aun así, en fin, no seré yo quién deje de ir a ver su próxima película. Woody Allen es un amigo de muchos años que también merece nuestro tiempo en los días malos.

 

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