Adú
Cine - Series / Salvador Calvo

Adú

6 / 10
J. Picatoste Verdejo — hace 4 semanas
Fotógrafo — Manolo Pavón

Pese a que el título del segundo largometraje del madrileño Salvador Calvo, realizador de larga trayectoria en televisión con experiencia en series como “Policías”, “Las aventuras del capitán Alatriste” o “Sin tetas no hay paraíso”, apunta hacia un personaje como eje central de la narración, el niño africano Adú que huye de Camerún hacia Marruecos, la cinta se divide en realidad en tres historias paralelas con un mismo tema en común –las fronteras– que se desarrollan en localizaciones próximas. A la de Adú, hay que sumar la relación conflictiva entre un padre (Luis Tosar) y su hija (Anna Castillo) en Camerún y un trágico incidente en la frontera melillense con guardias civiles acusados de mala praxis. Los tres relatos se van intercalando y su construcción juega al misterio de si van a converger en algún momento y con qué incidencia lo harán en cada uno de ellos si eso sucede. Por otra parte, no explora hasta el fondo un elemento de unión que sirve también de contraste, el transporte de una bicicleta que parte del país africano hasta Melilla, objeto, por cierto, al que le es más fácil traspasar fronteras que a ciertos humanos.

La película, guionizada por Alejandro Hernández, firmante de propuestas más arriesgadas como “Caníbal” de Manuel Martín Cuenca o “Brava” de Roser Aguilar, no puede escapar de ciertos tics propios de una producción de gran alcance comercial: la utilización de la música para subrayar o inducir emociones, el inserto esporádico de bellas postales africanas, dosis de corrección política que limitan la credibilidad de algunos pasajes o la inclusión de escenas tan impactantes como forzadas. Por contra consigue sus mejores momentos en la relación entre parejas protagonistas de las dos secciones más importantes –la de la frontera melillense queda más desdibujada–: Adú conoce en su trayecto a otro adolescente que le servirá de hermano mayor, amigo y protector, y en la segunda historia queda patente el enfrentamiento entre un consistente Luis Tosar y una luminosa Anna Castillo. Ambas relaciones simbolizan la permanencia o el derrumbe de otro tipo de fronteras. Dos idiomas distintos no interfieren para que se cree un emotivo lazo de pertenencia entre dos chicos que viven una experiencia similar mientras que dos miembros de la misma familia (y que, por lo tanto hablan el mismo idioma) escenifican el desencuentro intergeneracional. Estos dos episodios mantienen un relativo interés en un filme que pese a su irregularidad avanza a buen ritmo.

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