Raised By Wolves
Cine - Series / Aaron Guzikowski. Ridley Scott Y Otros

Raised By Wolves

7 / 10
JC Peña — 24-11-2020
Empresa — HBO
Fotógrafo — Archivo

El veterano e influyente cineasta británico Ridley Scott no ha sido ajeno al florecimiento de series de televisión como vehículos pujantes de la ficción audiovisual contemporánea. Es natural que en su haber haya tantos aciertos y fiascos como en su irregular carrera cinematográfica: si la primera temporada de “The Terror” era una soberbia puesta al día de los eternos códigos del cine de aventuras y horror, y “Taboo” una mirada original sobre un periodo poco conocido de la historia europea, la segunda temporada de “The Terror” se quedaba en blandito melodrama con elementos sobrenaturales y el trasfondo victimista del confinamiento forzoso de los japoneses asentados en suelo nortamericano durante la II Guerra Mundial. No siempre se puede acertar y menos cuando uno es hiperactivo.

Del noble e inagotable género de la ciencia ficción, fundamental en la carrera del británico con un par de obras maestras que no hace falta mencionar, se nutre la ambiciosa “Raised By Wolves”, producción de HBO Max creada por el guionista Aaron Guzikowski (autor de los argumentos de “Prisioneros” y el remake de “Papillon”). No puede sorprender que con el compromiso del director de “Alien” y “Blade Runner” (que por cierto, también tendrá serie el año próximo), y su poderoso estilo visual, se alentaran unas expectativas seguramente desmedidas. Desde sus originales y evocadores títulos de crédito con la música de Ben Frost y Marc Streitenfeld, y un despliegue de medios imponente, “Raised By Wolves” apunta alto, pero, aunque visualmente se aleja todo lo que puede de las estandarizadas producciones al uso y de algunos lugares comunes infantiloides (no todos), lo cual es muy de agradecer, se queda algo lejos de la obra maestra oscura para público exigente que pretende ser.

Tanto el minimalista diseño de producción como un guion que se inspira en la ciencia ficción apocalíptica y alegórica con inquietudes intelectuales de los años setenta (no viene mal la triste muerte de Sean Connery para revisitar “Zardoz”), tienen como objetivo crear un producto adulto de referencia, que además tocaría algunos de los temas favoritos de Scott en su fallida serie “Prometheus”, con el misterio de la vida humana en el eje central. La peripecia de una pareja de androides cuyo cometido es criar a un grupo de bebés humanos en un misterioso planeta desolado (en el contexto de una guerra sin cuartel entre dos facciones humanas irreconciliables, Ateos y Mitraicos que rinden culto al dios Sol), se va desinflando, hasta que remonta al final. Los guiños al universo Scott (el fluido blanco de los androides, el misterio de un creador extraterrestre, el inesperado, impactante y tramposo desenlace) no son suficientes para mantener la tensión inicial de una trama que adolece del mismo problema que aqueja a tantas series en esta era de bulimia audiovisual: historias que podrían resolverse en dos horas de metraje, se alargan con demasiada paja argumental y diálogos mecánicos y aburridos. La cantidad de cosas que podían contar en noventa minutos los cineastas y guionistas del Hollywood clásico…

Scott dirige con su solvencia habitual los dos primeros capítulos, para cederle después el testigo a, entre otros, su hijo Luke. Todos se aplican en filmar una trama desdoblada en dos hilos argumentales que convergen al final (aunque el protagonista de una de las dos líneas, el Ateo infiltrado que empieza a oír voces, desaparece de forma para mí incomprensible). Más allá de un argumento que pierde vigor prácticamente desde el tercer capítulo, es el emocionante, intenso trabajo de la magnética, andrógina y hasta ahora desconocida para el público internacional actriz danesa Amanda Collin, la androide “Madre” protagonista, lo que da vuelo a una producción que casi siempre parece más de lo que es.

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