Modern Love
Cine - Series / John Carney

Modern Love

8 / 10
Luis M. Maínez — 28-08-2021
Empresa — Amazon Prime Video
Fotógrafo — Archivo

Si no estuviera enamorado removería cielo y tierra para estarlo después de ver esta segunda temporada de “Modern Love”. ¡Qué preciosidad! Los ocho capítulos de esta nueva entrega de la miniserie que convierte en episodios de media hora las columnas que los lectores del New York Times escriben contando sus experiencias amorosas son una verdadera oda al amor. Al amor de verdad. Al que sentimos cuando de verdad algo nos atraviesa y nos cambia la vida. “Modern Love”, con su brevedad y sus pocos rodeos, nos conecta con la mejor versión de nosotros mismos, con la mejor versión del ser humano. El optimismo que desprende, no del tipo irreflexivo-insoportable, sino del constante-inspirador, es una auténtica joya que parece sacada de un tiempo pasado y mejor, de cuando las personas luchaban, cada una a su manera, por alguien en quien creían como solo se puede creer en lo que es de verdad, en lugar de abandonarse y perderse en los pasillos del supermercado de las emociones, donde –sorpresa– la mayoría es precocinado.

En el mundo en el que Elon Musk intenta crear terminators, “Modern Love” tiene de moderno lo que los cuentos de Scott Fitzgerald en formato ebook. La modernidad que creía en cosas, la que nos trajo aquí, es de la que habla esta serie. Una modernidad ilustrada, digamos, no entrópica. Una que, además, no diferencia edades, clases, épocas, u orientaciones sexuales. El amor está por encima de todo. ¡Claro! “Modern Love” es consciente de ello y nos hace conscientes cuando la vemos. Por eso es tan sobresaliente.

“Modern Love” pertenece a la misma estirpe que lo mejor de Woody Allen o las comedias románticas inglesas de los noventa. El tipo de contenido que ves cuando sales de una ruptura y quieres volver a creer en el amor o al llegar a casa después de una primera cita. Haya salido como haya salido. La forma, además, se adecua al fondo: tanto la brevedad de los episodios que permite que sean intensos en el buen sentido, como la independencia entre sí de los mismos, que remite a la unicidad de cada relación y vivencia amorosa, son dos ejemplos de lo bien planteada que está la serie. Aún mejor en esta segunda entrega, más fresca todavía, que la primera.

A la manera de la saga italiana “Manual D’amore” pero menos irregular y con historias más redondas, “Modern Love” lo tiene todo para convertirse en un clásico de nuestro tiempo. Me gustaría recrearme en que la historia de Kit Harrington es lo mejor que se ha escrito sobre el último año y medio o que los episodios con adolescentes, especialmente el quinto, han conseguido recrear a la perfección lo que sentía yo en el colegio cuando descubría qué es realmente el amor. Sin embargo eso desmerecería al conjunto de una obra artística que ha conseguido ponerme a dar saltos en el sofá de nerviosismo y emoción en un tiempo en el que casi nada consigue sacudirnos. Como cuando conoces a alguien después de un tiempo sin sentir nada, “Modern Love” es esa sonrisa de repente en un bar que te devuelve la fe.

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