Libertad
Cine - Series / Enrique Urbizu

Libertad

8 / 10
Marcos Gendre — 09-04-2021
Empresa — Movistar +
Fotógrafo — Archivo

Tras haber españolizado los códigos mafiosos cinematográficos en la más que notable “Gigantes” (2018), Enrique Urbizu prorroga su alianza con Movistar + en “Libertad”, miniserie, también mutilada en formato film, donde dibuja un western crepuscular fordiano de idiosincrasia hispana, que desmitifica la épica de las historias de bandoleros como “Curro Jiménez”. Y lo hace por medio de una narración donde las historias de venganza nutren el corpus narrativo de un guión que también bebe directamente de la poderosa gótica aplicada por Fritz Lang en “Los Contrabandistas de Moonfleet” (1955), que tan atinadamente vislumbró Enric Albero en su concienzuda disección de la serie para ‘El Cultural’.

A partir de esta base, “Libertad” gira en torno a una serie de personajes que reclaman su propia libertad, desde la personal de La Llanera a la burguesa del Lagartijo, pasando por la que el Aceituno reclama en pos de vivir al día, sin futuro en el horizonte que dictamine sus actos. Pero también la del hijo de La Llanera, que, desde su nacimiento, se vio privado de toda libertad, hasta el día de su liberación, junto a su madre.

El destino de estos cuatro personajes define el desarrollo, giros y subtramas hiladas a lo largo de cinco episodios armados mediante una concepción técnica brillante, con un uso del plano horizontal, tremendamente, pictórico: ya sea en esos travellings siguiendo al grupo de bandoleros por extensas llanuras como en los cuadros goyescos compuestos al milímetro, sin perder detalle en su necesidad de retratar unos tiempos que, dentro de la cultura cinematográfica, española anda escasa de referentes, cuando, en realidad, estamos hablando de una época, puente entre el siglo XVIII y XIX, plena de condicionantes narrativos suficientes como para constituir un género en sí mismo, tal como lo es el western, con su relación directa con la construcción de una sociedad constituida entre el ocaso de una y el nacimiento de la siguiente. Tragedias griegas donde las relaciones entre familias, bandos y vecinos de diferentes razas constituyen el modus operandi ideal para reconocer todas las variables de la dramática shakespeariana, y que Urbizu traslada a una especia de versión contextualizada de la liturgia cervantina. Eso sí, relatada en modo Urbizu: con silencios bressonianos y una violencia seca que atenaza desde su misma exposición.

Con todos estos ingredientes, “Libertad” se hace grande por medio de unas interpretaciones que traspasan la mueca de la interpretación, y que Urbizu retrata hasta la última arruga y cicatriz marcada en los rostros de sus protagonistas: figuras de otra época, cinceladas con una cámara cincel que se hace tan física como lo fue con los personajes de “La caza” (1966), de Carlos Saura, o los de “Grupo Salvaje” (1969), de Sam Peckimpah.

Uno de esos rostros es el de La Llanera, fabulosamente, interpretada por una Bebe hiperreal, tan comunicativa en su mirada hastiada como en su lacónica forma de escupir sentencias.

El resto del reparto no se anda corto, con un buen número de presencia actoral del reparto de “Gigantes”, serie con la que comparte similitudes en la composición de los dos nudos argumentales principales de esta mini-serie: huidas y venganzas.

Sin embargo, “Libertad” es, incluso, más ambiciosa en intenciones que su predecesora, abriendo también la compuerta de la homosexualidad, en un retrato que escapa de estereotipos y clichés cinematográficos, para ser expuesta en toda su naturalidad, con personajes que nunca la esconden o disimulan: ya sea desde El Aceituno a su hermana, o la propia Llanera.

En su propia naturaleza por querer abarcar todos los ángulos posibles, Urbizu y su aliado al guión, Michel Gaztambide, han dibujado un mural de aquella España escarpada que también reproduce el eco de La Revolución Francesa, donde como bien surge en varios diálogos, “a los monarcas les cortaron la cabeza”. Tal deseo de emancipación nutre la fantasía de unos bandoleros para los que su sueño es retirarse a la vida plácida del campo, en libertad, sin más violencia que acarrear en sus espaldas.

En este sentido, los choques de clase y enfrentamientos entre las mismas definen una voluntad antimonárquica, perfectamente, descrita a través de la perspectiva externa aportada por el escritor de origen inglés que vino con la voluntad de escribir las vivencias de La Llanera, y que se convierte en el ojo de gran hermano que disecciona costumbres, tradiciones y contradicciones del bípedus hispanicus de aquella época.

Por todas estas razones, “Libertad” es una serie excepcional, a la que, únicamente, se le puede achacar cierto vacío argumental en algunas mini-elipsis algo forzadas, que lastran el ritmo del metraje. Por lo demás, estamos ante un nuevo hito de la ficción televisiva nacional.

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