El vecino (T2)
Cine - Series / Nacho Vigalondo

El vecino (T2)

6 / 10
Luis M. Maïnez — 03-06-2021
Empresa — Netflix
Fotógrafo — Archivo

Vista la segunda temporada de “El vecino”, en Netflix, me pregunto si ha sido la serie o si he sido yo el que ha cambiado en el último año y medio. Cuando se estrenó la primera temporada me pareció una de las sorpresas más interesantes de la temporada y que, siendo española, debíamos cuidarla como oro en paño. Así, “El vecino”, parecía preparada para superar de una vez por todas el deplorable humor de las comedias mainstream de la TV nacional que en los últimos diez años no han sido capaces de generar ningún contenido que no resultara humillante para el espectador.

“El vecino” –serie creada por Miguel Esteban y Raúl Navarro para Netflix a partir de los cómics de Santiago García y Pepo Pérez– salió de la primera temporada con la capa perfectamente atada y exhibiéndose por la parrilla de Netflix como un buen acercamiento a una comedia española a la altura de los tiempos. Del mismo modo, la segunda temporada consigue mantener el buen pulso humorístico cuando juega al absurdo y al tocar referencias cotidianas del público como el mindfulness o la corrupción política. Mención de honor a la aparición de un Fran Perea metarrefrencial, uno de los mayores aciertos de la serie.

Sin embargo, la segunda temporada de “El vecino” quiere convertir una comedia basada en el absurdo en una comedia, como mínimo, políticamente correcta. Cuando no directamente política. Intentan meter con calzador tantas frases e ideas alineadas con lo que la mayoría pensamos haciéndolas pasar por revolucionarias que la serie pierde credibilidad también en lo cómico. El espectador rompe el pacto ficcional que hace con la serie (una, además, sobre superhéroes y poderes) ante tan poca sutileza. No es que las ideas no estén bien, es que la puesta en práctica no tiene sentido y no sirve, en ningún momento, para hacer avanzar la trama. En especial con la Policía del Karma. Ni el asalto a la tienda homófoba, ni el desmantelamiento de la plaza de toros, ni el romance de Julia influyen realmente en el resultado final. Esas ideas y la ficción se merecen, ambas, un intento mejor y más creíble de conjugación.

Aún con todo, es una verdadera lástima que “El vecino” termine con esta segunda temporada. Se merecía una tercera ronda sin lugar a dudas. La sorpresa final es un vuelco interesante para la serie. Para que le diera tiempo a construir ya sin el tira y afloja de Lola y Javi, que perdía fuerza al final de esta segunda temporada. La idea y el tono siguen siendo originales y encontramos buenas interpretaciones entre las que destaca a dupla Catalina Sopelana-Adrián Pino, a pesar de que, incomprensiblemente, sus personajes hayan perdido importancia narrativa desde la primera temporada. Para lo que vemos habitualmente en Netflix, “El vecino” se merecía más respaldo por parte de una plataforma que se equivocaría si dejara de apostar por el contenido menos convencional.

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